Autora de diversos libros como Caducidad (2014) y Fuego en la pupila: un acercamiento a El libro de las semejanzas de Edmond Jabès (2023), la última entrega de Dánivir Kent, poeta y ensayista mexicana nacida en Guadalajara en 1987, bajo el signo del Conejo de Fuego en el horóscopo chino, se titula Donde no hubo sutura (2024).
La escritura que desarrolla aquí busca descifrar la sombra de la experiencia y encarnarla en cicatrices sibilantes e inauditas. Su sentido de la construcción poética y su geometría asociativa sugieren que su inteligencia se encuentra en una altura donde anida el aliento más sutil de la inspiración poética. Sabe interrogar con sensitiva delicadeza el dolor y la sombra, dialogar con el lado oscuro de la luna “al fuego de la noche”. Una musicalidad singular se desprende de sus trazos sin que se pierda en su “aleteo la palabra animal de garganta nocturno gutural porque palabra alude a pez y brota flamingo de la fuente en borboteos de sombra”. La plasticidad de su escritura pulsa con delicadeza la lira sin temer a la inmersión en la tierra el tacto y el polvo. Deja en el lector una sensación de armonía la lectura de estas letras dictadas por una musicalidad secreta que no desdeña lo elemental.
Algunas cosas llaman la atención en este andamiaje hecho de siete cuerpos: la fidelidad disidente a autores no literarios como el cineasta francés Chris Marker, autor de Sans solei (Sin sol), a quien no conocía, o al vietnamita norteamericano Ocean Young. Hay muchos ecos soterrados de un poema a otro. Puede decirse que no es un libro casual sino un hecho verbal íntegro cuya tensión se pone a prueba a sí misma en un ejercicio de acercamientos y distanciamientos que tienen no poco que ver con el cine, la música y las artes plásticas. Es una “presencia real”.
Donde no hubo sutura se divide en: “Materia viva: flor que arde sin cauterizar”, “A ras de la memoria”, “Desde ninguna hoguera”, “Con el espejo de tu sed”, “Un relato se prolonga”, “Esporas de aliento”, “Otra isla”. El título proviene del último poema “Una instantánea”, que trae un epígrafe del fotógrafo brasileño portugués Sebastiáo Salgado:
Dejar allí, donde no hubo sutura
una impronta de luz:
El motivo de la herida abierta y la cicatriz recorre las páginas del libro desde el título del primer capítulo: “Materia viva: flor que arde sin cauterizar”:
Un más allá de lo que cicatriza
comienza silbante de río
para salir del crujir estático
al sonido lateral
de lo inaudito (p. 13)
O en el poema “Balance y cadencia que la luz percude”:
Lo que la cruz sostiene es una herida
rasgadura de sol de invierno
rasgadura de mundo
[…]
Un silencio es una víscera rasgada
grito que no alcanza
techo que detenga. (p. 16)
[…]
“La copa del cielo
como pez ahogando
sangra (p. 17)
O en “Desde ninguna hoguera”:
Bulle desde ninguna hoguera, sangra, desde
ninguna herida. (p. 33)
El tema de la herida es un momento en el ciclo del duelo y de la muerte, motivos que organizan este quinteto poético que es a la par una suerte de diario poético y una cartografía sentimental en la cual las presencias de Cavafis, El Greco, Olvido García Valdés, Luis E. Valadez, Chris Marker, Ocean Young, Zao Wou-Ki, Bob Dylan, José Larralde, Helene Cixous… Pero la herida es además un motivo cuyo origen se puede remontar al místico persa del siglo XII Rumi, quien en su taberna expresa que la herida es el lugar donde la luz entra. Además de la presencia de la abuela de la autora está la de los dioses y entidades prehispánicas como Tezcatlipoca y el volcán Iztaccíhuatl. Entre líneas se adivina un diálogo tácito con el filósofo y poeta egipcio-francés Edmond Jabès y El libro de las semejanzas, a quien la autora ha dedicado el libro Fuego en la pupila. Un acercamiento a El libro de las semejanzas de Edmond Jabès (2023). Podría decirse que Donde no hubo sutura es, para hacer eco a este autor, una morada de signos, un hábitat poético, a la par cartografía sentimental, autorretrato, poética y cofre de preguntas, interrogaciones y perplejidades.
No solo es un arca de espejos, sino una galería de instrumentos de observación y, en ese sentido, se trata de un libro práctico en el sentido en que lo es la Guía de perplejos de Maimónides o una Guía espiritual como lo era la del místico español Miguel de Molinos.
Aparte de las partituras poético-filosofícas, aparece un haz de escenas urbanas que le permiten a esta heredera de Hipatia o de la monja Hrosvitha, describir el mundo a veces triste de las ciudades con su población de pordioseros y menesterosos.
La formación clásica y humanística de la autora es insoslayable: “Hay buitres / que entierran sus huevos / en la ceniza de un volcán extinto / para que el vientre /de la tierra incube / los frutos emplumados / de la muerte” (p. 23). Se da ahí una alusión al mito del ave Fénix. Otras presencias que recorren el libro son las de William Blake, Tchaikovski, Carmina Burana, la Biblia y la fauna inmemorial como la del cocodrilo o el simio.
Como en una composición musical, cada una de las siete partes que componen la obra cita un verso o línea de uno de los poemas de la sección; así, a ras de la memoria transcribe el monólogo imaginario de un trozo de musgo prehistórico:
VENGO DEL MUSGO PERDIDO:
antiguo recubrimiento de las piedras.
Lo común: no una mancha tupida
lo poco o mucho que se llevan las hormigas.
—De la savia secreta del follaje
nada queda —escuché—
el polvo disperso del Sáhara fertiliza aún
la selva del Amazonas. Sentí
en el vientre caliente de un perro
los últimos golpes de un corazón extinto.
Entre un árbol y otro árbol
no hay más que distancia.
Pero las conversaciones más discretas ocurren
a ras de la memoria.
Interesa resaltar que la referencia que hace la autora al desierto del Sahara no es gratuita. En la entrevista que aparece en YouTube y que concedió el 15 de agosto de 2025 al equipo de Studio Humanitatis y a Radiomorir.com, ella comenta que tuvo la oportunidad de viajar efectivamente al Sahara.
Lo mismo sucede con el tramo titulado “Desde ninguna hoguera” donde cita una de las primeras líneas del poema que inicia con “Una vaga sensación de retraso” y que busca transmitir la experiencia de la ciudad como pulso, impulso, expulsión, intemperie y destierro.
“Con el espejo de tu sed” transcribe la segunda línea del segundo poema de esa sección. Aquí aparece uno de los poemas más notables del volumen, el dedicado a “Las piernas del ‘San Sebastián’ de El Greco”. La pieza supone el conocimiento de que dichas extremidades aparecieron muchos años después de que la pintura se hiciera célebre. Esta construcción no hubiese sido posible sin el fino conocimiento que la poeta tiene de los hallazgos recientes de la historia del arte.
En la sección “Un relato se prolonga” se transcribe la primera línea del poema de esta sección, el dedicado “A las manos infinitamente pacientes de mi abuela Virginia”, cuyos versos evocan en la primera línea del poema que abre la sección anterior: “Los ojos de mi abuela son dos luciérnagas vivas que no terminan de extinguirse” (es insoslayable la afinidad que existe con el título del libro Fuego en la pupila). “Otra isla” hace eco a la penúltima línea del poema que inicia con “Seguimos aquí: migramos”: “y encontramos otra tierra y otra isla / rodeada de tinieblas” (p. 110).
Estas calas bastan para ver hasta qué punto se da la raigambre afectiva que sostiene al poemario. “Esporas de aliento” transcribe la última línea del poema que inicia con la palabra “Tiempo”:
TIEMPO
de un revoltijo de aves
aparéandose entre el follaje
de nubes desgajadas por los dedos filosos del viento
desplazando la masa abierta de su pecho Tiempo
de juntar en racimos el cuerpo para luego
soltar
desnudando cicatrices de frío
esporas de aliento.
A su vez, esa sección esta recorrida por el deseo y el eros y aparece un poema dedicado al Agave, donde se da una meditación sobre el proceso de inhumación y entierro y que de hecho es polo del Péndulo que va de la sutura y la herida al duelo, la muerte y la extinción que recorre como una espiral el arpa del libro.
Hay algunos otros versos que sugieren ciertos parentescos con la poesía mexicana:
UN COCODRILO ES UN TERMÓMETRO GEOLÓGICO
hidrómetro que mide sus flujos
al tiempo de sus lentas inmesiones cotidianas.
En él, las llagas abiertas de los incendios brotan
por las crecidas densidades de su sangre-mercurio.
Un cocodrilo es un termo-regulador de mundos
complejo sistema de válvulas
de glándulas
que secretan repentinas emulsiones anímicas:
miedo, enfado, excitación, despiertan
su doble filo dorsal aguaterrestre
con la fuerza motora de un coletazo.
Piedra viva, piedra de sol
hasta craquelar su árida corteza de carne. Razón por la cual
algunas veces duerme con la boca completamente abierta.
Puede ser
que alguno que otro universo encuentre
por sus fauces
la salida. (p. 98)
La herida de que habla la sutura está abierta, como una ventana por donde entra la luz interior tanto como la del mundo. Esas son algunas de las lecciones de este poemario.
*Proyecto efectuado con apoyo de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Jalisco, cuidado de la edición de Luis Armenta Malpica, Guadalajara, México, Mantis Editores, 2024, 112 pp.