I
El agente secreto, dirigida por Kleber Mendonça Filho, es una desenfadada obra de arte que muestra la ambivalente atmósfera social de Brasil durante los años 70 del siglo pasado, cuando ese país era gobernado por una dictadura militar. Tiene cuatro nominaciones a los premios Óscar: Mejor película, Mejor actor (Wagner Moura), Mejor casting y Mejor película extranjera.
El año pasado, Aún estoy aquí, de Walter Salles, ganó el Óscar a Mejor película extranjera. Además, estuvo nominada en los rubros de Mejor película y Mejor actriz (Fernanda Torres). También se desarrolla en los años 70 de Brasil y recrea con mucha seriedad un caso real de desaparición forzada.
De El agente secreto se ha dicho que es una combinación de thriller político y cine negro, pero su director la ha definido con una sabia e ingeniosa frase: “Es cine brasileño”. Y como medio mundo sabe: el arte, mientras más local, más universal.
Resulta difícil no pensar en México cuando el personaje principal de El agente secreto se topa con un cadáver afuera de una rústica gasolinera, al mismo tiempo que una caravana de autos se dirige ruidosa y festivamente al Carnaval de Recife. Muchos espectadores de nuestro país, queriendo o no, seguramente trasladan la acción a Culiacán y Mazatlán, en Sinaloa.
Si en México hemos tenido al célebre Chupacabras (y hasta a La Paca), en la ciudad brasileña de Recife surgió La pierna peluda (Perna cabeluda), que atacaba por las noches a borrachos, indigentes, homosexuales… y casualmente a enemigos del régimen militar.
Tanto en la formalidad de Aún estoy aquí como en el batido de géneros de El agente secreto hay gran libertad creativa y muy buena factura, lo que puede servir de faro para las cinematografías de otros países en desarrollo.
También se ha dicho que los brasileños tienen gran influencia en la Academia de Hollywood y que son muy buenos para usar sus palancas.
Oliver Laxe, el director gallego que realizó la excelente película Sirat, nominada a los premios Óscar como Mejor película internacional y Mejor sonido, recientemente dijo medio en broma, medio en serio, que si Brasil nomina un zapato, gana, aunque de inmediato aclaró que El agente secreto le parece muy buena.
Para nadie es un secreto que en la guerra, en el amor y en cualquier competición (casi) todo se vale.
II
Recientemente, Salma Hayek agradeció en Palacio Nacional que las gobernadoras de Veracruz y Quintana Roo le hayan dado facilidades para filmar una película que ella misma dirige, a partir de un guion suyo. “Es una carta de amor a México”, dijo el mismo día que se presentaron nuevos incentivos para la industria cinematográfica y audiovisual.
Salma Hayek es una artista muy experimentada, capaz de materializar grandes proyectos, como fue el caso de la película Frida, que ella coprodujo y por la cual fue nominada al Óscar como Mejor actriz en 2002.
Dirigida por Julie Taymor, Frida fue una gran producción de Miramax, la empresa de Harvey Weinstein, quien se encuentra en prisión sentenciado por abusos sexuales.
En diciembre de 2017, Salma Hayek escribió un artículo en The New York Times en el que acusó públicamente a Weinstein de acoso sexual durante el rodaje de Frida, incluso de una amenaza de muerte.
En ese escrito, Hayek afirma que guardó silencio durante muchos años, pero cambió de opinión al ver la valentía de las mujeres que denunciaron a Weinstein: “Tuve que enfrentarme a mi cobardía y aceptar humildemente que mi historia, aunque importante para mí, es sólo una gota en un océano de confusión y dolor”.
III
Sean bienvenidos los nuevos y variados apoyos al cine que se anunciaron en Palacio Nacional. Son justos y necesarios para detonar fuentes de trabajo en el sector, ya sea en producciones extranjeras realizadas en México o en la filmación de películas mexicanas.
Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas, ya que este empujón a la industria cinematográfica deja de lado mejoras laborales para mucha gente que trabaja, por ejemplo, en el Centro de Capacitación Cinematográfica y en la Cineteca Nacional: la semilla de nuestro cine y el templo oficial de la exhibición, respectivamente.
Tanto en el CCC como en la Cineteca hay muchas contrataciones temporales precarias que dejan en el limbo a los trabajadores. Muchos de ellos aman su trabajo, pero algunos desertan cuando las exigencias aumentan y los bajos sueldos se atrasan.
Con la apertura de nuevas sedes de la Cineteca Nacional, algunos empleados se han enfrentado a trayectos más largos para llegar a sus lugares de trabajo, con todo lo que eso implica.
También hay quejas por falta de insumos para la conservación de materiales y la protección física de quienes laboran en esa área.
IV
Alguien que conozco desde hace varios años, que trabaja en la Cineteca Nacional y prefirió el anonimato, me dijo esto:
“A mí me contrataron dentro del rubro de servicios profesionales y mi régimen laboral es por honorarios, sin ninguna prestación, con un solo día de descanso. Se trabajan más de ocho horas diarias y cuando hay juntas o cursos puedes estar ahí más de doce horas”.
“Sólo tengo tres días de descanso extra en el año: 24, 25 y 31 de diciembre. Te contratan por servicios profesionales pero en realidad sí tienes un jefe, una actividad específica y horarios establecidos, sin derecho a Seguro Social”.
“En caso de enfermedad, la doctora de Cineteca es quien te autoriza si puedes faltar a trabajar o no. Incluso si te estás muriendo en tu casa tienes que ir con ella para que te revise, y nunca da incapacidad, aunque tengas algún accidente en el trabajo”.
“Antes de que se abriera la sede de Chapultepec, teníamos que cubrir turnos de ahí porque aún no había personal y nos rolaban en Xoco y Chapultepec”.
“Los retrasos de pago se dan a principios de año, siempre salen mal las cuentas y arrancas sin contrato, con temor a que te despidan. Te recontratan cada tres meses y es común que te amenacen con bajarte de puesto, con doblar jornadas o con pagar algún faltante en taquillas y dulcerías”.
“Subir de puesto es una ilusión. Los puestos altos ya están dados para los familiares, amigos o parejas de quienes tienen el poder: director de acervos, subdirector de salas, jefes de área, supervisores y personal de extensión académica. Si logras subir por méritos propios, te amenazan a cada rato con volverte a bajar de nivel”.
“En Cineteca hay gente con mucha preparación que no pasa del módulo de estacionamiento o de las taquillas y dulcerías, mientras que gente poco capaz, pero recomendada, a las dos semanas o al mes de haber entrado los suben de nivel o los convierten en ayudantes de jefes. A ellos sí les llegan a dar dos días de descanso semanal y hasta vacaciones. Así se convierten en jefes sin serlo, pero también hacen labor de ‘orejas’. No es justo”.
AQ / MCB