Parece que la rebatinga del día
no fue suficiente.
(¡Ay Dios, de mí, de la epidermis
de esta ciudad tan grande!)
A penas y conozco
estos vocablos:
larga, extensa, inolvidable,
cátedra de mi vida, pensamiento, formación,
recuerdo, nada
y muchas cosas:
Distrito Federal.
Madre amaneces, padre.
Sola ciudad de fantasma despierto.
Matriz de vientre oscuro, alcoholizado,
drogado en las esquinas,
prostituido bajo el candil que ilumina
a tus niños.
¿Qué seré, entonces, en tus manos,
a estas horas de la madrugada?
Tú lo sabes:
el aire es otra cosa que un minuto,
yermo, cadavérico quizás,
intransigentemente tuyo,
sin orillas:
sólo tú y tus ladrones.
¡Ah!, y los centavos tirados por las avenidas;
es decir: tus poetas, esos tus hijos
eternamente jóvenes,
que van de puerta en puerta,
de aldabón a aldabón,
llamando,
para buscar quién les abra la mañana.
AQ / MCB