Elsa Cross: poeta del aire, la tierra, el agua

Literatura

Con autorización de las autoras, publicamos el prólogo a la antología ‘Jaguar y otros textos’ de la ganadora del Premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco 2026, otorgado por la UADY, FILEY y UC-Mexicanistas.

La poeta, ensayista y traductora Elsa Cross. (Foto: Javier Ríos)
Sara Poot Herrera y María Teresa Mézquita Méndez
Ciudad de México /

El venado blanco desaparece en el bosque azul

El pez de oro brilla en el estanque solar

Y todo se concilia

bajo esos signos–

Nepantla (2019)

Coincidencias

El Premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco (2026), decidido unánimemente por el jurado para Elsa Crosspoeta, ensayista, catedrática, traductora—, se anunció el domingo 7 de diciembre de 2025, fecha muy cercana a la publicación de Tu otro nombre, su libro más reciente, presentado días antes en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Fue esta, entre otras, una feliz coincidencia de fechas. El premio, auspiciado por la Universidad Autónoma de Yucatán a través de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán y de la asociación internacional UC-Mexicanistas, y anunciado al final del congreso anual de esta asociación (en los últimos años realizado en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara), se entrega cada año en Mérida: corazón del (para nosotros) “cercano sureste mexicano”.

Esta alusión geográfica viene a la mente (mencionado ya el corazón) por el título de la compilación El Lejano Oriente en la poesía mexicana (2022), dentro de tantos y tantos títulos de la autoría de Elsa Cross, quien ahora nos regala —y en exclusiva— esta antología personal, que ella titula Jaguar y otros textos. Si en su poesía la higuera de la India —el baniano— ocupa un lugar especial (así titula su autora a su libro de 1986, Baniano), nos gustaría invitar a los lectores de esta antología a hacer un alto en el camino —‘bej’, en lengua maya— y descubrir aquella ceiba que nos espera desde siempre, lugar idóneo de lectura de Jaguar y otros textos.

Hecho el alto, ir leyendo sin prisas, tal como escribe Elsa Cross —poeta mayor en lengua española (y quien como traductora trae a nuestra lengua otras literaturas)—, con el silencio que se desliza en sus poemas y otros textos, a partir de búsquedas que en su camino son inagotables. Ese silencio viene acompañado de versos que recogen el aire de los caminos, la brisa del monte, el caer del agua, y Elsa Cross convierte esa geografía real en espejos impresos de su obra.

En uno de sus poemas leemos:

Despeinan
             al joven eucalipto [1]
hacen caer sus resinas
                              sobre los barandales

Nosotros podríamos tratar de imitar este acto poético en un acto digamos “ecoico”: despeinar a la ceiba y dejar que sus colores caigan sobre nuestras albarradas. Y leer allí esta antología de poesía, ensayo, prosa y traducciones. En el cruce de algún “sacbé”, camino blanco de las peregrinaciones mayas, cerca y lejos de donde el balam resguarda los montes.

La casualidad geográfica —“lejano oriente”, “cercano sureste mexicano”— se ha deslizado por su cuenta, y nos hace pensar en una obra que nos lleva con sutileza a las antigüedades clásicas y sus mitologías (que Elsita descubrió en su niñez), a la filosofía oriental (descubierta en la juventud de Elsa), al mundo prehispánico y ancestral mexicano (de toda la vida de Elsa Cross). De la mitología griega a la Visión de Anáhuac —a Nepantla— pasando por la sabiduría de la India, culturas abrazadas unas a las otras en la creación filosófica literaria, de la también traductora de varias lenguas y de varios siglos.

Imaginada la obra completa (seguida de otras más) en un cordel —“cordeles de sedas”— de textos, en un extremo veríamos un primer libro de poemas, La dama de la torre de 1972 —“Busquemos la gruta, / los paisajes subterráneos, / la salida a la pradera clara y despejada”; del otro, precisamente el libro más reciente de Elsa Cross, Tu otro nombre de 2025 —“Y dentro del corazón / una gruta de cristal / una cascada de luz / un cielo abierto”.

Entre uno y otro título hay innumerables libros y de varios géneros, todos ellos a partir de Naxos[2], que inicia la tan extensa como intensa publicación de nuestra escritora. Ahora nos aproximamos a “esta isla impresa” de 1966 —Naxos— y lo hacemos en plena celebración de la FILEY de 2026, cuya temática es “Penínsulas lectoras”. El título apunta a las dos penínsulas mexicanas: la de Baja California y la de Yucatán. Un eco de la temática de la FILEY es el título del congreso de UC-Mexicanistas: Escribir el aire, la tierra y el agua de dos penínsulas: Baja California y Yucatán. Elsa Cross escribe esos aires, esas tierras, esas aguas, de su Naxos de hace sesenta años a su Premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco 2026, a la luz y la sombra de su eterno Baniano de hace cuarenta años, y las de nuestros flamboyanes (llegados de una isla a esta península) y de nuestras ceibas legendarias, árboles de la vida y misteriosos a la vez. ¡Qué linda manera de celebrar esos “seises” de una escritora nacida un día 6 y que lleva también el 6 en el año de su nacimiento! Una coincidencia más fue cuando en 2016 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura. A diez años de este premio —2026— y en marzo —mes de su nacimiento— recibe el Premio Excelencia en las Artes José Emilio Pacheco. Ese número 6 es un lindo y festivo aniversario de sesenta años de escritura. Lindas coincidencias, como la es también cuando Elsa Cross acompaña a Saint-John Perse, a quien traduce y prologa, con Canto por un equinoccio (2006). Y ella tiene también su equinoccio. En el suyo de Tenayuca leemos:

Así trajo el equinoccio
distinta fortuna a cada cual,
y fue para nosotros
la serpiente enroscada que se yergue
sin extender sombra alguna.
Equinoccio de otoño.
Su silencio como una hendidura hacia otra vida.

Nuestros dos equinoccios —el de marzo del cumpleaños de la autora del volumen que recoge su Poesía completa (1964-2012) en el año de 2012 (después de esta publicación, entre otros libros está Insomnio) y el de septiembre (nuestro septiembre cultural de cada año)— detienen sus horas del día y de la noche, y en punto saludan las coincidencias, las de la vida y la poesía. ¡Cuánto libro de creación y de investigación de la autora que diseña “un templo en el oído”, con sus Ensayos sobre el mito y lo sagrado de 2022! Imagen visual y auditiva la de ese templo, que de nuevo nos hace pensar en los templos mayas, por ejemplo, el del Adivino, donde “un ala de mariposa se llevan las hormigas”, como vemos en el poema “Uxmal” de Elsa Cross, versos testimonio de amistad —sus dedicatorias—, entre las cualidades y agradecimientos que desde siempre la han acompañado.

Los comienzos

A lo largo de su carrera, Elsa Cross siempre ha reconocido su aprendizaje de escritora bajo la dirección inicial del maestro y escritor Juan José Arreola. Junto con otros jóvenes, ya escritores o futuros escritores, en 1963 vemos llegar a la muy joven Elsa —tenía 17 años— al Taller Literario de Juan José Arreola, donde se publica la revista Mester. Nos dice: “Asistir al taller fue definitivo”. En ese Mester de Clerecía, bautizado por un crítico como Mester de “Arreolería”, Elsa escucha, apunta, aprende, traza una línea en la que ha de apretar la expresión para que ésta aparezca mínima, precisa. El rigor de su escritura es a la vez sutileza, suavidad, sensibilidad; su voz, breve, intensa, discreta y firme. El taller fue el lugar del refinamiento de esta escritura cuya autora tímidamente ya se había aventurado antes al publicar el relato “La niña del paseo”, con el mismo grupo de jóvenes que, antes de citarse en la casa de Juan José Arreola, tenían como lugar de reunión el Café San José. Es (la mitad de los años sesenta del siglo XX) la incipiente generación de los años cuarenta. De aquel café se fueron a la casa de Juan José Arreola, convertida en el Taller de Clerecía.

Como el maestro, la discípula pasa de artesana (tallando en principio posibles piezas narrativas y teatrales), a artista del lenguaje perfilado sobre todo en el hilo de la poesía. Muchos años después, Elsa Cross sigue recordando y agradeciendo al artífice de Mester, a Juan José Arreola. Recuerda:

¿Cuál fue el valor de ese taller? Yo creo que puede haber sido muy distinto para cada quien. En mi caso, fue decisivo, pues me hizo definir mi vocación como escritora, y percibir de un modo muy directo qué era lo que tenía que buscar y en dónde. Y aunque me ayudó a encontrar mi camino literario, aún me resulta difícil hallar palabras con las cuales agradecerlo.[3]

Lealmente agradecida, allí la vocación se convirtió en devoción por el lenguaje, “metáfora extendida” a lo largo de los años y los libros.

Anteriormente, la joven había estado en una escuela de monjas, donde estudió “la prepa”. Adolescente tal vez introvertida, lectora de Nietzsche, ¿melancólica?, ¿existencialista?, ¿taciturna?, ¿con la muerte rondándole el pensamiento? Tal vez. Eso sí, futura poeta, inminentemente. Antes, de niña leía en el costado de una nave del padre piloto, ¡qué emoción!, que su madre al peinarla le decía que hasta su cabello era rebelde, ¿lo sería?, y cuando se trataba de pedir, pedía libros como regalos: mitología, cultura popular, clásicos, románticos, libros con los que viajaba en su imaginación y con los que marcaba el itinerario de sus futuros viajes de verdad y sus viajes poéticos; entre los últimos tiempos, por ejemplo, Nepantla de 2019, una mirada a “los orígenes ‘entre ríos’”, e Isla negra de 2023, una revisita nerudiana, y volvemos a los ríos, las islas, a nuestras penínsulas de lecturas, en el contexto del premio de 2026 otorgado a Elsa Cross. Es como ver todo unificado, como lo es —a su manera— el conjunto de títulos de la obra.

A sus lecturas a lo largo de la vida se fueron añadiendo viajes, sin descuidar los estudios: licenciatura, maestría, doctorado; viviendo su vida personal: dos maridos (sucesivos, Elsa sonríe; muy joven, su primer matrimonio), dos hijos: Cecilia María y Juan Elías, escritores y traductores. “Poemas para Ceci” es testimonio valiente de una ausencia: “No es tristeza ni angustia lo que dejas, / sino esa luz abierta, esos hilos invisibles que nos unen… aunque el deseo por tu presencia real / lacere el corazón”. Publicados, nos atrevemos a citar unas líneas, con nuestra admiración por una madre poeta, que ha encontrado el sosiego en la profundidad de su ser.

Jaguar y otros textos

A Elsa Cross la acompaña la poesía, el lenguaje que la busca siempre, en su piel, en su voz, en su mirada. A la Obra completa de su exuberante producción (2012) se han ido reuniendo más libros. De esa obra ha formado la antología Jaguar y otros textos. Con eso muestra su cariño por el premio, su sensibilidad en regalarnos en sus primeras líneas paisajes de nuestra geografía. Leer este “jaguar” es iniciar una ceremonia secreta y comunitaria a su vez.

En esa antología encontramos ocho textos del libro Jaguar (1991); siete de Bomarzo (2009), más dos ensayos, una prosa y tres traducciones. Para seleccionar y organizar esta antología personal que se regala a la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY), su autora se detiene, piensa, elige, y su selección es digamos exclusiva, atinadamente sensible y especial. Comienza con un libro de 1991: Jaguar y de él elige, el poema “Jaguar”, seguido de “Estela maya”, “Uxmal”, “Palenque, “Bacalar”, “El laberinto de Ox’kin toc”, “El cenote de Zac-quí” y “Chenkán”. De allí nos vamos a Bomarzo de 2009, del que nos ofrece los poemas: “No fuimos a Bomarzo”, “En Bomarzo terminaban nuestros sueños”, “Pensamientos que son solo neblina”, “Tantas preguntas rodaron en declive”, “Era apenas nuestra especie un parpadeo”, “Una convalecencia”, “Quería tener una herida que no cerrara”. Con Elsa Cross, sí fuimos a Bomarzo y lo hicimos con su extenso libro y lo hacemos con esta antología. A los quince poemas de Jaguar y siete de Bomarzo, siguen dos ensayos, una prosa y tres traducciones.

‘Jaguar y otros textos’, antología de Elsa Cross. (FILEY, UC-Mexicanistas)

Es tiempo ya de acercarnos a Jaguar y otros textos de Elsa Cross. Acompañemos en sus primeros textos a ese jaguar y a ese tigre con nuestro balam peninsular yucateco, acompañado del tejón, puntual en sus paseos nocturnos. Alrededor, el pájaro toh, el mono que saluda y luego tímidamente se cubre la cara, el venado de ojos nocturnos, linterna que nos alumbra para seguir leyendo esta arca terrestre, esta naturaleza de cascabel y de abejas de miel de la península. Leamos lo que la poeta ve en los párpados infantiles: “Niño jaguar, / en tus ojos se entrecierra la noche”.

En la misma selección de Jaguar, con la fauna minúscula entramos después en la antigüedad y sus resquicios, en las huellas de polvo y de arena, en la piedra del templo del adivino, pervivencia de la piedra casi hecha polvo, hecha arena, en los hilos de lluvia y de alas que van de una ciudad maya a la otra, y desde sus estelas mirar el azul “bacalar” para luego tomar con la mano un poquito de agua del caribe, meternos a los laberintos de la selva baja, adivinar el fondo sin fondo de los cenotes y volver al mar que echa sal a los cocos de las orillas de las playas, adivinando naufragios en la historia lejana y no lejana. Es una llamada para leer, entre otras imágenes, estos tres versos, entre miles literalmente, de la poesía de Elsa Cross:

El viento sopla en cada dirección,
como una ocarina,
como un mirlo triste.

En su extenso libro Bomarzo, de 2009, poema mayor de la literatura escrita en nuestro idioma, en unas de sus líneas aparece el cenote transparente, que la poeta bautiza como “Ix-kekem”:

Nadaba en esa sombra exquisita
entre pequeños peces ciegos,
viendo el agua azul turquesa
y el sol que entraba cenital
hacer y deshacer sobre mi cuerpo
serpientes de oro y lapislázuli.

El cenote del oriente yucateco Xkekem se ha hecho verso en el ya clásico Bomarzo, cuya voz poética repite siete veces la palabra ‘Bomarzo’. Un lugar al que la poeta no había ido cuando escribió estos versos y que, al mismo tiempo, sostiene el poema en las reminiscencias traídas por las palabras, las conversaciones, hecho vivo en los jardines de la memoria. Bomarzo es un poema de todos los tiempos, de voces en plural; son los hilos a partir de siete menciones del lugar —¡Bomarzo!—, ese “parque de los monstruos” italianos que recorremos (sin conocerlo) en el magno poema de interrogantes. “¿Y acababa en lo real? ¿La verdad era lo real?” En su “rodar de preguntas” habría algunas respuestas, las estrofas del poema.

De las selecciones de dos libros de poemas pasamos a dos ensayos. Uno de ellos se dedica a un poeta insular, el caribeño Derek Walcott. Elsa Cross habla de la libertad del escritor, comparando la emoción de su lectura con la que le produjo Cien años de soledad y el deleite del Quijote. Sin ser hiperbólica en sus comparaciones, le atribuye a Walcott el nivel de la perfección. Y nosotros, lectores de Elsa, así concebimos su lectura y escritura de poeta, lo mismo que de crítica profesional para acercarnos a ese “archipiélago de poetas” (Cross, citando a David Huerta) y leerlos en su conjunto, sobre todo esa “luz más allá de la metáfora”, como nuestra poeta adjetiva la poesía en lengua inglesa de Derek Walcott. El ensayo acerca del escritor isleño, nobel de literatura (1992), lo ha escogido Elsa Cross de su libro Acuario (2016) y es una “luz de libertad”, la misma que se tiene cuando la cultura y la capacidad de discernimiento dan sustentos para esta libertad, la de la poeta, crítica, lectora, estudiosa.

De igual interés (o mayor aún, en cuanto a digamos cierto cuestionamiento) es la lectura de Shakespeare y de Sor Juana Inés de la Cruz, referida a lo que sendos poetas escribieron acerca de Lucrecia y Tarquino “el Soberbio”. Giraría en lo sorpresivo que resulta (aún en estos tiempos) que nuestra poeta monja haya incursionado en el tema de la violación y el suicidio de Lucrecia. No tenemos documentación de que Sor Juana haya sido castigada por el Santo Oficio, pero es sorprendente, sí, el tema que la monja toca con sus sonetos profanos dedicados a Lucrecia. Lectora de Ovidio, lo mismo que Shakespeare, Sor Juana llama la atención de Elsa Cross quien contrasta la visión de los escritores —¿masculino?, ¿femenino?—, considerando acaso (es una pregunta) las lecturas de género de nuestra época.

Los dos ensayos seleccionados de Acuario son muestra de la capacidad ensayística y de reflexión de la escritora, quien en esta antología suma su prosa titulada “Zonas oscuras” y tres de sus traducciones. Hasta aquí un ejemplo idóneo de la escritora que ha obtenido el Premio José Emilio Pacheco, caracterizado por el cruce, al menos, de cuatro géneros literarios. No cabe duda: los ensayos de Elsa Cross funcionan también como sugerencias de una maestra de clases que invita a pensar, cuestionar, discernir, y lo hace también con el título noble de poeta.

La prosa que Elsa Cross ha escogido para esta antología “Zonas oscuras”, ¿dónde encontrarla? Por qué la pregunta si aquí la tenemos completita. Son experiencias personales con la oscuridad, a partir del trenecito de su infancia, como el nuestro del Parque del Centenario. A lo largo de la prosa vamos recorriendo los caminos oscuros por los que, al parecer, ha circulado la escritora. Es este escrito una invitación —pudorosa siempre— a escenas reales en la vida de Elsa Cross. Interesante su lectura para saber algo de ella y sus “zonas oscuras”, como titula a esta prosa de sus memorias. Con gusto esperamos Strómata, libro aún inédito donde, nos informa su autora en la bibliografía de esta selección, aparecerá este texto. Su aparición en esta antología personal es una delicada fineza.

Antes de la bibliografía que ofrece la propia escritora, titulada “Nota editorial”, tenemos tres regalos más en la sección de “Traducción”, que cierra esta antología. Como poeta traductora, en el año 2011 aparece con “Balada XI”, del poeta italiano del siglo XIII, Guido Cavalcati. Un regalo más —dentro del gran regalo de la antología— es la traducción del francés de “Habla Narciso” de Paul Valéry y de “Fuga de muerte” de Paul Celan. Para traducir “Fuga de muerte”, Elsa Cross coteja varias traducciones en distintos idiomas y rescata en español el ritmo del poema alemán titulado “Todesfuge”. Las tres traducciones aquí mencionadas son piezas de una obra esculpida sobre sí misma y con lecturas y apropiaciones poéticas de escritores de otros tiempos y lugares, son elecciones temáticas y formales de una autora de estatura mayor, siempre suave y firme siempre.

Comentarios finales

Leer a Elsa Cross es una aventura feliz de regocijo y asombro, seguros de estar caminando en la tierra firme del lenguaje y sus alcances creados con el lenguaje. Reconocida como poeta, celebrada y leída por poetas mayores como ella misma, los otros géneros que domina son precisamente a partir de este género. Su libro Baniano de 1986 —¡esos “seises”!— nos lleva a la naturaleza de su creación que, como este árbol, crece para volver a echar raíces y seguir creciendo, extendiendo sus hojas reales, literarias y metafóricas en “el aire, la tierra, el agua”, en las cruces del lenguaje del nombre y apellido de Elsa Cross.

Al final de Jaguar y otros textos aparece una semblanza de la mano de la autora. Leemos lo que escribe como una descripción, sin adjetivos. Esta semblanza —y que nos disculpe— no es reflejo de su trayectoria de escritora. Lo que sí sería un espejo (ella no lo dice, pero nosotros sí) es decir que la suya es una de las mejores creaciones literarias en lengua española. El Premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco 2026 agradece el prestigio, uno más, que le da Elsa Cross. Noble e indudablemente.

[1] Poema 7 de “Las hijas del viento”, ‘El vino de las cosas’, 2004.

[2] Elsa Cross, ‘Naxos’. México: Ollín, 1966. Algunos ejercicios de escritura de Elsa Cross anteceden a ‘Naxos’; entre ellos, varios poemas.

[3] Elsa Cross, “Mester de Arreolería. Un testimonio del Taller Literario de Juan José Arreola”. ‘Luvina. Revista Literaria de la Universidad de Guadalajara’ 92 (2018), p. 52 [el artículo, en pp. 46-52].

  • Sara Poot Herrera, directora de UC-Mexicanistas

  • María Teresa Mézquita Méndez, directora de la Feria Internacional del Libro de Yucatán (FILEY)

AQ / MCB

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