García Lorca en Rusia: La lentitud con la que cae la nieve

Ensayo

Con motivo de los 90 años del fusilamiento del poeta granadino, el siguiente ensayo recuerda que fue traducido por Tsvietáieva y el joven Joseph Brodski le dedicó un poema, lo que contribuyó a su gran difusión entre los lectores rusos.

Federico García Lorca fue fusilado el 18 de agosto de 1936. (EFE)
Jorge Bustamante García
Ciudad de México /
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En la década de los setenta del siglo pasado la figura y la obra de Federico García Lorca ya eran bien conocidas en lengua rusa. Se representaban sus piezas de teatro, se editaban sus libros, se traducía su poesía. Pero lo que más pesaba era su figura de poeta asesinado por la falange al inicio de la guerra civil, en circunstancias que aún no han sido aclaradas del todo. Aunque nunca militó en organización política alguna, los sectores más rancios del conservadurismo y la falange lo consideraban como un comunista que firmaba manifiestos antifascistas, arremetían contra su condición homosexual, y no faltó quien lo señalara como “espía ruso”.

Su obra se fue dando a conocer al lector en ruso, poco a poco, sin apresuramientos, casi con la lentitud con la que cae la nieve, cuando nos convocan al amor (Brodski dixit). Pero ya para esa década de los setenta la figura del poeta granadino había crecido tanto, a tal punto, que empezaba a convertirse, quizás, en el autor en lengua castellana más conocido en Rusia después de Cervantes. Solo dos autores latinoamericanos comenzaron a disputarle su preferencia entre los lectores rusos en esa década prodigiosa: Pablo Neruda y Gabriel García Márquez.

Varias décadas antes, a inicios de los años treinta, su amigo, el poeta Rafael Alberti había establecido una estrecha relación con artistas y escritores rusos, por razones ya no puramente literarias y artísticas, sino también políticas. En sus viajes a Rusia Alberti se relacionó con Pasternak, con Lilia y Osip Brik (los amigos íntimos de Maiakovski), con el director teatral, actor y teórico Vsevolod Meyerhold, conoció a Bábel y Shólojov y tuvo cercana amistad con Eisenstein y el compositor Prokófiev. Alberti fue traducido al ruso, mantuvo permanente comunicación con sus traductores y con algunos construyó una verdadera amistad. Es curioso pensar que uno de sus primeros traductores fue nadie menos que Borís Pasternak, quien vertió al ruso cinco poemas de Alberti y los publicó en dos revistas literarias en 1938, una de ellas la emblemática Novii Mir, según cuenta la estudiosa Ella Braguinskaya en su ensayo “Rafael Alberti en Rusia y Rusia en Rafael Alberti”. Como era de esperarse las traducciones de Pasternak, sus invenciones de Alberti en ruso, resultaron tan brillantes e independientes que parecían originales del propio Pasternak, lo que por supuesto en ningún momento molestó al andaluz.

Cuenta la Braguinskaya en el mencionado ensayo, que hay un hecho extraordinario, poco conocido, del que Alberti fue decidido impulsor: introdujo a Federico García Lorca a la lengua rusa. Hacia 1935 había convencido al hispanista y traductor Fedor Kelin, y a su colega Vigodski, de la importancia de traducir al poeta granadino. Las primeras traducciones aparecieron justo después de la muerte del poeta, la maquinaria de su traducción creció junto con su leyenda y se puede decir que hasta el mismo fin de la época soviética García Lorca fue el poeta más admirado, conocido y traducido en Rusia de todos los poetas de España y América Latina. Y Alberti puso en ello la chispa inicial, su granito de arena.

Fedor Kelin (filólogo, hispanista, poeta y traductor) tomó muy en serio la sugerencia de Alberti, conformó un equipo de colegas traductores y se puso manos a la obra. Ya hacia 1934 había iniciado, junto con su colega A. L. Kagarlitski, la traducción de Yerma, la segunda pieza teatral de una trilogía que inicia con Bodas de sangre. En los diez años siguientes el grupo de traductores, hispanistas y colaboradores de Kelin tradujo textos poéticos lorquianos extraídos de sus publicaciones Libro de poemas (1921), Canciones (1927), Poema del cante jondo (1931), Romancero gitano (1928), Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935) y las piezas teatrales Mariana Pineda (1927), La zapatera prodigiosa (1930), Bodas de sangre (1933) y la ya mencionada Yerma. Todo este intenso trabajo de traducción se publicó en el volumen Obras Escogidas de Federico García Lorca, con prólogo esclarecedor del propio Kelin, en la editorial Judozhestviennaia Literatura de Moscú, veinte mil ejemplares, en 1944, en plena Gran Guerra Patria, como se llama en Rusia a la Segunda Guerra Mundial. Fue el primer libro con obra de Lorca que apareció en Rusia y que fue solo el inicio de numerosas versiones de toda la obra del poeta granadino que se fueron publicando con los años, debido al trabajo entusiasta y meticuloso de traductore(a)s, hispanistas y poetas como Valentín Parnaj, Marina Tsvietáieva, Inna Tyniánova, Muza Pávlova, Mijaíl Kudímov y Pável Grushkó, entre otros.

Mención especial merece la inmensa poeta Marina Tsvietáieva. En el mes de agosto coincide tristemente, con una diferencia de cinco años, la muerte trágica de estos dos poetas: García Lorca es fusilado el 19 de agosto de 1936 y Marina Tsvietáieva se suicida el 31 de agosto de 1941. En los dos últimos meses de su vida, Marina alcanza a traducir cinco poemas lorquianos a petición de Fiodor Kelin. Quizás estas traducciones se encuentren entre las últimas líneas poéticas escritas por Tsvietáieva. Como bien lo sugiere la filóloga hispanista Yulia Obolenskaia en su ensayo de 2015 Lorca en las traducciones de Marina Tsvetáieva: “Las brillantes versiones de estos cinco poemas breves lorquianos reflejan no solo el dolor y la angustia que experimentaba la propia poeta en aquellos terribles meses de su vida, sino también la asombrosa interpenetración de los mundos artísticos de dos genios”.

Durante la traducción de los cinco poemas breves “La guitarra”, “Pueblo”, “Paisaje”, “Cueva” “Y después”, todos pertenecientes al Poema del cante jondo, Tsvetáieva mantuvo contacto con Fiodor Kelin para resolver inquietudes técnicas de entonación, cadencia, medida y ritmo de los versos lorquianos. Las versiones de Tsvetáieva contribuyeron en gran medida a la formación del García Lorca “ruso”, a la forma singular como los lectores rusos perciben el espíritu poético del autor granadino.

En 1959, un joven de apenas 19 años, escribió un poema titulado “Definición de la poesía” dedicado a la memoria de Federico García Lorca. Es un poema que logra captar lo que quizás vio, recordó o imaginó el poeta instantes antes de su ejecución. Ese joven sería Nobel de Literatura en 1987: se llamaba Joseph Brodski. Termino esta celebración sobre el Lorca ruso con mi traducción del ruso de este magnífico poema de ese joven ruso nacido en Leningrado, actual San Petersburgo.

Definición de poesía

En memoria de Federico García Lorca

Existe una especie de leyenda,

que antes de su ejecución él vio

salir el sol sobre las cabezas

de los soldados. Y entonces balbució:

“Y después de todo, sale el sol…”

Quizás este fuera el comienzo de un poema.


Recuerda los paisajes

tras las ventanas de los cuartos de las mujeres,

tras las ventanas de los apartamentos

de los familiares,

tras las ventanas de los despachos

de los colegas.

Recuerda los paisajes

tras las tumbas de los amigos afines.


Recuerda

la lentitud con la que cae la nieve,

cuando nos convocan al amor.


Recuerda el cielo,

tendido sobre el asfalto húmedo,

cuando nos rememoran el amor al prójimo.

Recuerda,

cómo los flujos turbios de la lluvia al deslizarse por el cristal,

distorsionan las proporciones de los edificios,

cuando nos explican qué es lo que debemos

hacer.

Recuerda,

cómo sobre la tierra desolada

extiende sus últimos brazos rectos

la cruz.


En una noche de luna

recuerda la larga sombra

proyectada por un árbol o una persona.

En una noche de luna

recuerda las pesadas olas del río,

brillantes, como los pliegues de unos pantalones

desgastados.

Y al amanecer

recuerda el camino blanco

del que viran los centinelas,

recuerda

cómo sale el sol

por encima de sus nucas.

1959

AQ / MCB

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