Mucho se ha hablado del “Baile de los 41”, aquel escándalo en las altas esferas de la sociedad porfiriana. Los vecinos de la colonia Tabacalera se quejaron por el escándalo que había en una casa. Al llegar la policía, descubrió una fiesta de puros hombres de la élite, muchos de ellos vestidos de mujer. De esto resultó que detuvieran a cuarenta y un hombres, ya que el número 42 resultó ser yerno de Porfirio Díaz y gracias a su influencia fue borrado de la lista. En su momento fue un escándalo. Se ha contado mucho de esto, pero se sabe muy poco de cuál fue el destino de los otros cuarenta y uno.
En Los mil ojos de la selva (Nitro/Press, 2025), Omar Delgado retoma esta anécdota y cuenta el cómo este grupo de hombres, conocidos como los Ninfos, fueron condenados a servir como cocineros y cargadores del ejército en la península de Yucatán, que en ese momento se disponía a “apaciguar” el conflicto de la Guerra de Castas.
Omar Delgado realiza el trabajo de imaginar a este grupo, darles nombre y contar sus mundos interiores. Por un lado, sigue a Jesusa y sus compañeros, que viven entre la humillación, el abuso y la violencia cotidiana de la tropa. Aun así, encuentran breves momentos de camaradería y esperanza frente a la belleza del mar. La situación se agrava cuando Paquita, el más joven del grupo, sufre una grave quemadura provocada por un soldado; la herida se infecta durante la marcha por la selva, mientras el ejército avanza sin detenerse.
En paralelo, la historia presenta al teniente Horacio Rendón y al general Ignacio Bravo, encargados de la expedición militar. Rendón observa con desprecio a la tropa reclutada por leva y escribe cartas a su prometida, mientras se delinean los objetivos brutales de la campaña: tomar Chan Santa Cruz y exterminar la resistencia maya. Aparece también el presbítero Hilario Alegría, quien advierte —sin ser tomado en serio— que la selva y la guerra están atravesadas por fuerzas ominosas.
Omar Delgado ya ha mostrado su pericia en la narración de hechos históricos reinterpretados desde una mirada de lo fantástico, como en el caso de la novela Habsburgo. En esta ocasión recrea la campaña militar del gobierno porfirista, pero asimismo da vida a un ente representado por fuerzas antiguas y monstruosas de la mitología maya, encarnadas en la figura del Kakasbal.
A medida que el batallón avanza hacia el interior de la península, la selva se vuelve opresiva, casi viva. La herida de Paquita empeora, el hedor de la putrefacción acompaña al grupo y la crueldad del ejército se intensifica, anticipando una tragedia inevitable. La promesa de escape y redención que Jesusa sostiene para los suyos comienza a desmoronarse frente a la violencia humana y a un territorio que parece tratarlos deliberadamente con hostilidad. En paralelo a las situaciones insólitas que viven los personajes, la historia nos muestra el maltrato hacia los Ninfos, el abuso hacia los pueblos mayas y el empecinamiento de un gobierno que se obstina en someter a una población para doblegarla y hacerla obedecer el mandato impuesto en su propio territorio.
Con un lenguaje que recrea la época, y una forma epistolar que lo refuerza, la historia se va contando a través de atmósferas en un mundo ficcional donde el poder político de la época intenta dominar cualquier resquicio o rincón del país. Y donde pareciera que las fuerzas de la naturaleza son las primeras en rebelarse contra tal designio.
AQ / MCB