La vida sin Paul: sobre ‘Historias de fantasmas’, de Siri Hustvedt

Reseña

‘Historias de fantasmas’, de Siri Hustvedt, no solo contempla la elaboración de la pérdida que implica sortear los abismos del duelo sino que propone una travesía sobre los fundamentos del amor.

Portada de ‘Historias de fantasmas’, de Siri Hustvedt. (Seix Barral)
Diego José
Ciudad de México /
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En el poema Carta de creencia, escribe Octavio Paz: “El arte de amar / ¿es arte de morir?”. La interrogante abre una disquisición filosófica sobre el amor, en el sentido en que la vitalidad del existir es también un aprendizaje para la muerte. Arriesgando una postura: ¿Qué queda después de la muerte sino aquello que amamos? ¿El amor es la conjunción entre sujetos que a su vez son objeto del vínculo que la conjunción enlaza? ¿En qué se transforma el amor y el objeto del amor cuando una parte de la conjunción muere? De nuevo Paz: “Amar / es morir y revivir y remorir: / es la vivacidad. / Te quiero / porque yo soy mortal / y tú lo eres”. Si la muerte clausura la historia de amor, la memoria recupera la vivacidad sobre la que esta se creó, transformando la ausencia del amado perdido en presencia fantasmal. ¿El relato del duelo puede convertirse en un “arte de amar”?

Historias de fantasmas (Seix Barral, 2026), de Siri Hustvedt, no solo contempla la elaboración de la pérdida que implica sortear los abismos del duelo sino que propone una travesía sobre los fundamentos del amor. El libro puede leerse desde el vínculo que muchas lectoras y lectores tenemos con la obra y la figura, tanto de Paul Auster que murió el 30 de abril de 2024 como con Siri Hustvedt y de ambos como pareja icónica dentro del universo literario; pero también, puede abordarse sin tales antecedentes ni afinidades porque más allá de los renombres, el libro traza una narrativa sobre el duelo que la convierten en una obra imprescindible sobre la vivencia de la muerte y los argumentos del amor.

La elaboración narrativa que emplea Hustvedt —muy acorde a su estilo como novelista y ensayista— posibilitan al testimonio para trascender la sola relatoría y crear una trama en la que leemos el retrato de su relación, las complicidades de un matrimonio, un acucioso ensayo sobre el duelo que cuestiona muchos de sus preceptos trillados, la crónica de una familia, el pulso de una época con sus acontecimientos definitivos, las tentativas intelectuales y creativas de dos artistas, las obsesiones y los placeres compartidos, una reflexión contemporánea sobre el amor con enfoque de género, los secretos y los silencios de una casa, las cicatrices mutuas.

Si bien, la presencia de Paul Auster es constante y contundente; la voz de Siri emerge desde la más deshabitada hondura como protagonista del duelo. A través de cartas, emails, faxes, recuerdos narrados, noticias, pensamientos fragmentarios y lúcidos argumentos teóricos acompañamos a Siri en la deconstrucción de esa entidad compuesta que ella denomina como un nosotros: “Vivo en una casa encantada, habitada por un fantasma que Paul y yo creamos juntos, un ‘nosotros’ que ya no existe, al menos no en el presente, pero que ha penetrado en todas las habitaciones”. Idea que en la experiencia del duelo se fractura porque donde hubo un nosotros aparece la falta del otro que se abre con su muerte. Historias de fantasmas es la radiografía de ese nosotros como fundamento del amor y sobre la transformación de ese fundamento en la memoria y en la mutilación del plural que implica el reordenamiento total del yo tras la pérdida del otro, así como también del retorno de ese yo fuera del nosotros. Siri explica la superposición del yo con el en la identidad del nosotros y de la desgarradura que conlleva la muerte: “Él vive en mis percepciones, mis gestos, mi forma de andar y mis bromas. Lo extraño es que él se llevó a la tumba mis palabras, mi tacto, mis ideas, mis libros y mi sentido del humor”. Pero ese yo que es Siri se reafirma en un tiempo sin Paul que es ya parte de su presente, en el cual ese nosotros adquiere un sentido y un posicionamiento distinto, el que forma parte de la herida de la memoria y de estas Historias de fantasmas. Siri nos recuerda el peso de la ausencia y las duras tareas en la recomposición del yo: “Sé que los libros de Paul ‘siguen vivos’ y me alegro. Pero el hombre que echo de menos era el cuerpo para mi cuerpo, un cuerpo que hablaba, pensaba y gesticulaba, y era hermoso”.

A los sesenta y cuatro años, Paul Auster escribió en Diario de invierno, el anticipado deseo de una vida que toma conciencia de su finitud: “Probablemente no exista mayor logro humano que merecer amor al final. Si puedes”. Siri confirma y nos comparte al entrañable Paul de su cotidianidad, sin elogios desmedidos ni idealizaciones vanas, un Paul real que confirma y confronta al Auster famoso. Vemos al Paul que ella trata de ver y nos encontramos, por momentos, acompañando a ese nosotros por las calles y los parques de Brooklyn del que Siri nos hace partícipes y del que nos vamos enamorando durante la lectura; para después observarla a ella sola, a Siri: la escritora, la intelectual, la apasionada lectora, la madre de Sophie, la abuela de Miles, la viuda de Paul…

AQ / MCB

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