A un año de la muerte de Humberto Spíndola (Huichapan, Hidalgo, 1950-2025), en una mesa conmemorativa el Museo de Arte Moderno anunció una exposición retrospectiva en torno suyo para fechas aún indeterminadas. Este dandi se adelantó a varias estrategias del arte contemporáneo, al aplicar técnicas indígenas, europeas y orientales propias de la cultura mestiza del periodo colonial a premisas de nuestro tiempo. Lo llamaron “alucinado del papel”.
Spíndola ⎯he aquí su singularidad⎯ no empleó el papel como simple soporte, sino que se apropió sus usos y mecanismos añejos en la artesanía de alta creatividad. Innovó al escoger una herramienta efímera: el papel de china es frágil y tiene vida corta ⎯“se deshace al primer chubasco”, decía Jorge Alberto Manrique. Hizo instalaciones, ambientaciones y performances antes de que esas prácticas inundaran las artes visuales. Desde su primera exposición (GAM, 1983) manifestó interés por el site specific, lo modular, la intervención del espacio arquitectónico, en enormes construcciones plegables que imitan fachadas barrocas mexicanas, arcos de triunfo y túmulos funerarios prehispánicos. Toda una ingeniería del papel: colgaba del techo esas estructuras, las desflecaba, las dejaba mecerse para capturar el movimiento del aire, las colocaba a contraluz para realzar la transparencia y el ínfimo volumen del material.
Se volvió un erudito del papel, estudió la vida religiosa y cotidiana en el México antiguo y virreinal, y, becado de Conacyt, la evolución del trabajo manual y el diseño en sociedades industriales del norte de Europa, en Irlanda, Dinamarca, Suecia y Finlandia; lo coleccionó viajando a Turquía, Cataluña y el País Vasco. Cual científico, investigó sus pulpas, le añadió químicos de PH controlado para estabilizarlo y frenar su degradación.
A media carrera, y en un registro menos espectacular, realizó pequeñas esculturas portátiles, libros-objeto y composiciones abstractas (con incisiones de bisturí y pespuntes de cáñamo) que recuerdan la gráfica de Lucio Fontana y Gerzso. Les incorporó tejido de petate, cenefas geométricas, tinte de púrpura, pan de oro u hoja de plata, injertos de plumas, escamas y bambú.
Durante toda su carrera transitó de lo barroco a lo minimal y viceversa, pero siempre atento a enaltecer el preciosismo del papel tratado como encaje, orfebrería o filigrana. En el diseño de interiores, forró ventanas con persianas en papel japonés que refractan la luz con juegos cinéticos ⎯un elogio a la penumbra contra la excesiva iluminación artificial en el hábitat de hoy. Con soltura y elegancia, colaboró con diseñadores de moda (Armando Mafud), el teatro y el cabaret (Gurrola, Ibáñez, Jesusa Rodríguez), y museos del mundo entero (British Museum y Victoria & Albert de Londres, Petit Palais de París, y Kyoto, Helsinki, Roma).
Otra virtud que posee la obra de Spíndola es el sentido de la fiesta, que lo sitúa en la genealogía directa de Chucho Reyes. Desplazada de la iglesia, la función decorativa del papel picado y la cartonería (judas, máscaras, piñatas) nos evoca la kermesse, las pulquerías y los mercados. “¡Qué mejor performance que una fiesta!”, decía este sibarita. Pasada la ola neomexicanista a la cual se le homologó en los ochenta, veo pocos artistas actuales que cultiven la ornamentación y los colores payos con tal suntuosidad. Quizás Betsabeé Romero, la única seguidora… La obra de ambos se ha exportado muy bien, satisface las expectativas del público internacional en cuestión de valores artesanales, carnavalización y folklore, independientemente de su armazón discursivo.
“Descubrí una tradición y la convertí en arte (…) siempre y cuando cumpliera con reglas de calidad de ejecución y nobleza de materiales”, señalaba Spíndola. Su repertorio iconográfico sí era vernáculo, en la medida en que abrevó en la fábula, la mitología y la alegoría: arcángeles, vírgenes, sirenas, insectos, peces, frutas exóticas, calaveras, la Catrina... Pero actualizó el oficio, porque desencapsuló al papel del marco, la marialuisa y el vidrio; lo resucitó y lo redimensionó en formato monumental y en sintonía con el entorno arquitectónico. Fue un outsider del arte, un teórico experimental y un empedernido hombre de mundo.
AQ / MCB