Jerry Lee Lewis fue un hombre con vocación de abismo, fue una de las primeras estrellas del rock and roll y se erigió como leyenda en alto contraste, bendecida y maldecida por igual.
Fuego eterno. La historia de Jerry Lee Lewis (Contra Ediciones), de Nick Tosches, es una biografía escrita en tono de novela, con un protagonista temeroso de Dios y sin embargo dispuesto a venderle el alma al diablo para no abjurar de la música, que lo encandiló desde niño y lo condujo lo mismo a los templos que a los más obscenos tugurios y de ahí a los legendarios estudios de Sun Records, en Memphis, donde en 1956 —hace setenta años— grabó el disco con su primer éxito: “Crazy Arms”, de Roy Price, para catapultarse hasta lo más alto de la música popular.
Ese mismo año, el 4 de diciembre, fue uno de los protagonistas de un suceso histórico (del que existen grabaciones disponibles en YouTube), cuando en una sesión improvisada en los estudios de Sun Records alternó con Carl Perkins, Johny Cash y El Rey Elvis Presley: “El cuarteto del millón de dólares”, los bautizó la prensa.
Jerry Lee nació, en un hogar pobre, el 29 de septiembre de 1935 en Ferryday, Luisiana. Desde niño llamó la atención por su carácter rebelde, sus rizos rubios, sus ojos castaños y su incomparable amor por la música, que lo llevó a aprender a tocar el piano de manera autodidacta y a componer su primera canción a los ocho años, una versión del villancico “Noche de Paz” a ritmo del endemoniado boogie-woogie, que llevaría tatuado en el alma.
En la escuela le pusieron el apodo que lo ha acompañado más allá de la muerte: The Killer, seguramente porque Jerry Lee nunca fue ejemplo de buena conducta. Siendo menor de edad, comenzó a tocar en clubes de mala muerte y a meterse en problemas por su afición a las mujeres y al alcohol, pero también a destacar por su talento, por su forma de tundir el piano, de manera impúdica, como lo hace en “Whole Lotta Shakin' Goin' On”, la canción que lo convertiría en leyenda.
Se casó a los 16 años. Sin divorciarse, lo volvió a hacer al año siguiente. Elvis estaba cumpliendo su servicio militar y Jerry Lee se perfilaba como su sucesor. Filmó la película High School Confidential y sus canciones ocupaban los primeros lugares en las listas de Billboard. Entonces volvió a casarse, esta vez con una prima de 13 años, lo que al darse a conocer durante una gira por Inglaterra, provocó un escándalo que arruinó su carrera.
La caída fue terrible. Antes de viajar a Europa, su tema “Great Balls of Fire” alcanzaba un éxito sin precedentes y su fama y riqueza aumentaban cada día. “Lo tenía todo —escribe Nick Tosches—. Pero aun así la tranquilidad de espíritu le eludía”. Esa época de locura y descenso al infierno de Jerry Lee es retomada en la película biográfica que en 1989 dirigió Jim Mc Bride con Dennis Quaid como protagonista.
Durante casi una década Jerry Lee estuvo condenado al ostracismo. Volvió en 1967 con el country “Another Place. Another Time”. Volvió a los excesos y desplantes de hombre rudo. Volvió a la vida de lujos y derroche. Y volvió a caer. La Agencia Tributaria le cobró viejas deudas y lo despojó de todo. Perdió bienes, hijos, mujeres, amigos, contratos. Y se convirtió en una de las leyendas más salvajes del rock and roll.
Fuego eterno. La historia de Jerry Lee Lewis es la vida de un pecador, de un blasfemo que condujo a sus fanáticos al frenesí del rock and roll. Esto es, al cielo prometido.
AQ / MCB