Reivindicación libanesa: inmigración y memoria de Nueva York a la Ciudad de México

Ensayo

Los arreglos urbanos son posibles sin tergiversar la historia, afirma el autor de este texto en el que aborda la presencia de los inmigrantes libaneses en Nueva York y la Ciudad de México.

Reloj Otomano en las calles de Venustiano Carranza y Bolívar, Ciudad de México. (Wikimedia Commons)
Carlos Martínez Assad
Ciudad de México /
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Para demostrar que los arreglos urbanos son posibles sin tergiversar la historia, Al Qalam, según su monumento dedicado a la Liga de la Pluma, en el antiguo barrio de la Pequeña Siria, en Nueva York, ha cambiado el 30 de abril de 1926. La instalación de un amarillo encendido ostenta mosaicos con los nueve nombres de las grandes figuras de la literatura árabe-americana: Gibran Kahlil Gibran, Ameen Rihani, Mikaïl Naïmeh, Elia Abou Madi, Afifa Karam, Nadra Haddad, Nassib Arida, Rachid Ayoub y Agabia Malouf. Juntos dieron forma al movimiento de Al-Majhiar, la literatura árabe levantina en América, es decir, de la escritura de los inmigrantes.

La instalación es obra de la artista franco-marroquina Sara Ouhaddou y ha sido lugar de una polémica identitaria debido a que en las placas los más grandes escritores del exilio libanés de principios del siglo XX fueron designados como escritores sirios. La designación era imposible entonces porque Siria no existía como Estado Nación y todos los escritores mencionados procedían de Monte Líbano, administrativamente un mutasarrifato del Imperio Otomano. Cuando este se derrumbó al finalizar la Primera Guerra Mundial, los territorios de lo que ahora son Siria y Líbano se convirtieron en un Protectorado de Francia que se mantuvo hasta 1943.

La Liga de la Pluma tuvo réplicas en otros países y la de México fue una de las más reconocidas por los escritores que se vincularon con los movimientos culturales del país. Los escritos de Gibran fueron ampliamente difundidos y traducidos al español, dados a conocer por las revistas Al- Jawater y Al-Gurbal, en esta a lo largo de su historia plasmaron sus ideas sobre Gibran los escritores Alí Chumacero y José Vasconcelos, entre otros.

La diáspora de los provenientes del Machrek (el lugar por donde sale el sol) fueron designados de diferentes formas, el de sirios fue frecuente por ser del territorio de la Gran Siria, también conocidos como otomanos, turcos a medida que cambiaba el mapa del Medio Oriente, hasta árabes, cuando después de ciertos titubeos y algún rechazo, Líbano se sumó a la Liga de Países Árabes en 1945. Lo importante es que ahora en 2026 una designación que duraba cien años cambió cuando la diáspora libanesa organizada en Estados Unidos y supongo, que en Nueva York, se lo propuso.

Esto es importante porque en México, un asunto resulta semejante. El Reloj Otomano, situado en la Plaza del Colegio de niñas, promovido también por los nativos de Monte Líbano, según la lista conocida de la comisión presidida por Antonio Letaif con los donantes: Said Adib, José Helú, Rezcala Hermuda, Alejandro Karam, Amaida Abdalah. Se iniciaron sus trabajos en julio de 1910 con un basamento de piedra gris de Puebla y las cuatro carátulas del reloj enmarcadas por cantera rosa. Los detalles del tablero principal o sea el frente, tendría esbeltas columnas y mosaicos de azulejos. En tres placas se distribuyó la inscripción: “La Colonia Otomana, México, septiembre de 1910”. En el remate sobre el reloj se colocó una cúpula morisca y de ella se desprenden tres campanas y en la cúspide la media luna y la estrella del escudo de Turquía, aunque no fue nación sino hasta 1923.

El donativo de ese reloj estuvo enmarcado en las fiestas del Centenario porfirista cuando diferentes colonias de extranjeros donaron monumentos que existen hasta nuestros días, pero ninguno tenía problemas de identidad como el Reloj Otomano. Vendrían otras muestras de las simpatías de los inmigrantes a México, cuando ya se beneficiaban de su incipiente desarrollo.

En septiembre de 1921 en el marco de los festejos del Centenario, entonces de la consumación de la Indepedencia organizados por el presidente Álvaro Obregón, por la noche los libaneses entregaron a la Ciudad de México el alumbrado público de la calle de Capuchinas que adoptaba el nombre de Venustiano Carranza, asesinado apenas el 21 de mayo de 1920.

Un nutrido contingente se reunió en la casa comercial de A. Gabriel y compañía. En la esquina de Capuchinas y Jesús María, allí se colocó una placa de bronce labrado de aproximadamente un metro por 60 centímetros, coronada por un cedro de Líbano, con la leyenda:

La colonia libanesa en el
Centenario de la consumación
de la Independencia mexicana
obsequia a la ciudad de México
los candelabros que iluminan
estas ocho calles de Capuchinas.
27 de septiembre de MCMXXI

La identidad se aclaraba cuando desaparecido el Imperio Otomano, ya emergía la libanisidad, aun cuando Líbano de convertiría en Estado hasta 1943.

En 2010 cuando el gobierno mexicano preparaba los festejos con motivo del Bicentenario de la Independencia de España y del Centenario de la Revolución mexicana, fue sustraída esa placa de la ahora calle de Carranza y aunque se dio a conocer el hecho a las autoridades, no se hizo nada para restituir algo con un alto valor simbólico de la presencia de los inmigrantes libaneses en la Ciudad de México.

Se concedió más importancia a revisar la identidad del Reloj Otomano y se concluyó que debía reconocerse tanto al Imperio como a Líbano en su proceso de construcción en México, para ello se sustituyó su anterior simbología y en su remate fue colocada una veleta con los dos escudos nacionales de Turquía y Líbano y en medio, más alto, el del águila devorando una serpiente. Se reescribía así la historia oficial o quizás se pensó que así se representaba la simbiosis cultural en México.

AQ / MCB

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