Leonardo Favio en su propia voz: cine, política y compromiso con el pueblo argentino

Cine

Leonardo Favio entendió el cine como un acto de amor y compromiso. Un nuevo libro recupera sus palabras y reconstruye la trayectoria de un cineasta inseparable de la política, el peronismo y sus raíces populares.

Leonardo Favio durante la filmación de ‘Gatica, el mono’. Imagen del libro ‘Leonardo Favio: nadie puede olvidarlo’. (Editorial Octubre)
Ana Quintanilla
Ciudad de México /
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“El cine, como todas las actividades que yo pude haber desarrollado en mi vida, es un acto de amor”, dijo Leonardo Favio (1938-2012) en una de sus estancias en México, país que fue su refugio, junto con Colombia, durante los años de la dictadura militar argentina. Conversaba con un joven Nelson Carro, crítico de cine de origen uruguayo radicado en México, —quien ha sido, desde 2007, director de programación de la Cineteca Nacional—. Aquella entrevista, que permaneció inédita durante décadas, es rescatada junto con muchos otros testimonios en el libro Leonardo Favio: nadie puede olvidarlo, coordinado por Norberto Galasso y Silvina Pachelo. Publicado bajo el sello Editorial Octubre, acompaña el ciclo de cine de Leonardo Favio que este 2026 ha viajado por Colombia, por México y Argentina.

“Hace muchos años venía trabajando la obra de Raúl Perrone, un cineasta independiente argentino muy de culto”, explica la editora Silvina Pachelo. “Hice mi primer libro sobre él con mi editorial y eso me llevó a decir, ¿esto cómo sigue? Y siguió Favio: tienen ciertas líneas que los van uniendo, sus personajes, todos estos chicos proletarios. Cuando yo ya no podía sostener la editorial, le propongo este proyecto a Grupo Octubre y me dicen que sí”.

“De ahí me pongo a trabajar y en la investigación descubro que no hay muchos libros sobre Favio, pero encuentro el libro que escribió sobre él Norberto Galasso, el gran historiador del peronismo”. Pachelo propuso a Galasso adaptar el libro y sumarle algunos textos de críticos, cineastas y otros escritores, así como una selección de imágenes. “La cosa es que ese libro, la adaptación, ha desaparecido”.

Cuando Mauricio Macri asumió la presidencia de Argentina en 2015, denuncia Pachelo, el libro desapareció. “O lo hicieron desaparecer. Se editó y se presentó, pero no se sabe a dónde fue a parar, en qué bodega acabó, y no sucedió porque sí, sino porque es Favio. Sigue ese odio. No creo que lo hubieran desaparecido si fuera un libro cualquiera”.

“A Leonardo Favio se lo conoce más como músico que como cineasta porque él vivió la dictadura en el exilio. Él siempre estuvo comprometido con el peronismo, siempre hizo cine haciendo referencia a ese movimiento político. Ya era un director reconocido cuando Perón lo llama: le encarga el acto de Ezeiza, un acto muy importante porque fue la vuelta de Perón. Cuando viene el golpe de estado del 76, a él lo empiezan a perseguir, obviamente, por su alineamiento con el peronismo, así que decide irse. ¿Pero luego qué pasa? Que él no filmaba fuera de Argentina”, explica Pachelo.

Favio se consideraba a sí mismo como “un artista popular”, para quien era importante contar historias que dieran testimonio de un pueblo argentino que había luchado por su propia liberación. “Es imposible desvincular la creación artística y la política”, afirmó en aquella entrevista con Carro, “si entendemos la política como yo la entiendo, como el arte de conducir a los pueblos hacia un mejor destino, obviamente que están relacionadas”.

“Varios gobiernos lo quisieron encajar siempre en esa idea del artista peronista, y eso puede jugar muy a favor o muy en contra”, señala Pachelo. “Pero no hay ningún crítico, ningún cineasta, nadie que sea antiperonista que diga algo en su contra como cineasta. Favio es de los grandes cineastas argentinos del siglo XX. Es un poco como Borges a la inversa: Borges siempre fue más de las oligarquías, pero es Borges”.

Leonardo Favio: nadie puede olvidarlo está estructurado como una especie de biografía de Favio, con la voz del propio artista al centro. “Favio no escribía”, aclara Pachelo, “pero sí dejó varias entrevistas que se fueron compilando”.

“Favio empieza su trayectoria en el cine como actor y como ayudante”, relata. “Tenía muchas habilidades, podía hacer de todo. Era una época en Argentina en la que los directores comenzaban a mostrar la realidad de la pobreza. Para mí es muy interesante lo que dice Favio en comparación con Los 400 golpes (1959) de Truffaut, dice que cuando él filmó Crónica de un niño solo (1965) enfocó la problemática del niño sobre el ámbito del Estado, de lo social. Le da una dimensión política a su cine”.

“Al artista le puede jugar en contra la fama y ciertas presiones, pero Favio siempre estuvo por encima de eso. Su última película, Gatica, el mono (1993), está relacionada con la caída y la vuelta de Perón, sin embargo Gatica muere trágicamente, y no era ni siquiera un boxeador de primera línea. Para Soñar, soñar (1976) elige como protagonista a otro boxeador, Carlos Monzón, que en ese momento era el boxeador más importante del mundo, lo pone a interpretar a un actor casi homosexual y la gente lo rechazó, lo tomaron como de mal gusto”, explica. “No era fácil, pero esa es la mirada del director. Para él esa era su mejor película, porque tenía a Monzón y a otros actores realidad no eran actores, y porque ahí también estaba retratada la infancia en Argentina, el circo, la playa, el ganarse la vida. En Nazareno Cruz y el lobo (1975) hay personajes políticos, el bien y el mal, pero en vez de elegir una tragedia griega como hacía Pasolini, él elige una fábula. Y al igual que Pasolini, no se quedaba en aquello en lo que le había ido bien. A Pasolini le fue bien con Accattone, fue un boom como le pasó a Favio con Crónica de un niño solo, pero ambos pasaron a otra cosa. Yo creo que el artista de verdad necesita ese cambio para saberse artista”.

“El cine que yo realicé era un cine de características testimoniales”, aclaraba Favio en su conversación con Carro. “Era un cine testimonial al que generalmente tenía acceso el cineclubista. Lo que precisamente nunca se dio cuenta el cineclubista, con todo el cariño que yo le tengo, por mi formación también cineclubística, es que el que había hecho ese cine no era una persona que daba testimonio de cómo vivían los pobres, o cómo se vivía una situación en mi país, sino que era un emergente de esa misma situación, que narraba experiencias de tipo personal y que como tal, no era un intelectual. Y que si había agarrado una cámara para contar esas experiencias, era porque a través de esa cámara no se notaban los errores de ortografía, que yo los tengo hasta cuando hablo. Yo, de intelectual, tengo tanto como de noruego. Con esto quiero decir que yo nunca traicioné mis orígenes y que yo soy un hombre simple en el más amplio sentido de la palabra”.

“La mirada del artista es inevitable”, reflexiona Pachelo. “Hay que atravesarla para poder entender el cine. Cuando vemos una película, estamos viendo la mirada de un director, no hay otra cosa. Por más que digamos ‘bueno, es subjetivo’, sí, es subjetivo, pero estás viendo una película que hizo un director. La magia del cine también es esa, descubrir al director, descubrir qué pasa ahí es descubrir la película”.

Leonardo Favio: nadie puede olvidarlo

Norberto Galasso, Silvina Pachelo | Editorial Octubre | Argentina, 2025


Grupo Octubre es un grupo multimedios argentino impulsado por la Fundación Octubre Trabajadores de Edificios, vinculada al Sindicato Único de Trabajadores de Edificios de Renta y Horizontal (SUTERH). Su proyecto reúne iniciativas culturales, educativas y comunicacionales, entre ellas la Editorial Octubre, nacida como una apuesta cultural del sindicato y dedicada a recuperar ideas y publicar autores de distintas generaciones.

AQ / MCB

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