Obispo rojo, documental del cineasta morelense Francesco Taboada Tabone, recupera la historia de Sergio Méndez Arceo, obispo de Cuernavaca de 1952 a 1982, que defendía el potencial de la Iglesia católica como un instrumento para el cambio y la justicia social. Doctor en Historia y afín a la teología de la liberación, veía al cristianismo no como una religión, sino como “una forma de vida”. Esta perspectiva lo llevó a enfrentarse a opositores dentro de la misma Iglesia y a establecer lazos con las izquierdas, los obreros y los movimientos revolucionarios de América Latina.
Mediático y controversial, tuvo una presencia en el México de su tiempo, pero su figura poco a poco “se fue esfumando”, explica Taboada Tabone, en esta entrevista sobre Méndez Arceo, sobre el trabajo colectivo gracias al cual fue posible realizar el documental y sobre la manera en la que Obispo rojo no se limita a hablar del pasado, sino que está en diálogo con la actualidad.
¿Por qué decidiste hacer Obispo rojo? Si bien desde niño, en Morelos, sabías de la existencia de Méndez Arceo, ¿cómo fue tu reencuentro con esta figura?
En el 2007, haciendo el documental 13 Pueblos en defensa del agua, el aire y la tierra, vi marchando a algunos curas, párrocos, junto con indígenas nahuahablantes, exigiendo el alto a la urbanización descontrolada y luchando por el agua. Me llamó mucho la atención porque la diócesis de Cuernavaca —desde que se fue don Sergio— se ha caracterizado por ser de derecha, francamente de derecha. Cuando me acerqué con ellos, me explicaron: nosotros fuimos formados por don Sergio Méndez Arceo y estamos caminando al lado del pueblo, tenemos la [doctrina de] opción por los pobres.
Poco a poco fui buscando información y me entrevisté con gente hasta que por medio del concurso de Focine del Imcine tuve la oportunidad de empezar a filmar el proyecto.
¿Qué tan reconocido es Sergio Méndez Arceo? ¿A qué se puede deber el lugar que tiene en la sociedad mexicana? O que no tiene…
Méndez Arceo fue muy famoso en su época, de 1952 a 1982. En los 70 era una figura imprescindible en los medios de comunicación.
Hay que tomar en cuenta que el episcopado mexicano no tenía relación con la realidad social del país. El único que la tenía era don Sergio Méndez Arceo, era la única persona a la que se podía acudir para tocar temas relacionados no solamente con la religión o con la política, sino con el cambio de estructuras. Y no sólo los medios tradicionales —los periódicos, las revistas—, también los grupos sociales difundían sus ideas, su forma de entender el mundo. Entonces, don Sergio estaba en muchos lugares.
¿Pero qué sucedió cuando don Sergio fue cesado por el Papa Juan Pablo II? Coincide con el desmantelamiento de la teología de izquierda, de la teología de la liberación en América Latina y con el avasallamiento del neoliberalismo. Juan Pablo II estuvo aliado con Reagan y con Margaret Thatcher. En el caso de México, el nuncio apostólico era amigo de Salinas de Gortari.
Hablar de don Sergio, hablar del cambio social en la época del neoliberalismo donde Salinas de Gortari prometía que México entraría al primer mundo, pues no era bien recibido por la mayoría de la gente, por la sociedad en general. Eso hizo que la figura de don Sergio, que estaba por todos lados y que era tan grande, se fuera esfumando. Entonces se ocultó, se empezó no solamente a desmantelar, sino a ocultar y a prohibir: inclusive en el seminario de aquí, que él fundó, no se hablaba de don Sergio. La jerarquía eclesiástica ocultó todo lo que tenía que ver con don Sergio y con la teología de la liberación en general. Los curas que estuvieron formados por él inmediatamente fueron reducidos y enviados a distintas parroquias. Algunas muy alejadas, y otras donde la feligresía era de derecha. Por eso las siguientes generaciones no lo conocemos tan bien. Yo mismo, que lo conocí de niño simplemente por ir a su misa los domingos, no sabía cuál era su importancia histórica.
Poco a poco he hecho varias películas que tienen que ver con la idea de que el pensamiento de izquierda, los derechos humanos pueden tener cabida gracias al cine, un cine que retrata esas necesidades. Y pues vi a don Sergio como un revolucionario, no como un cura.
Has mencionado que Obispo rojo “se hizo en comunidad”. ¿Cómo se recuperó de manera colectiva la historia de Méndez Arceo?
Precisamente porque no había suficiente información; no hay bibliografía, hay pocas investigaciones. Ahora, con la película, esto está explotando, pero no existía nada de don Sergio. Entonces la única forma de contar su historia era a través del testimonio oral, pero no uno, ni dos. Al inicio yo pensé que los padres, los presbíteros podían contar su historia. Luego me fui dando cuenta de que no, porque la parte de las mujeres la contaban las mujeres, la parte de Sudamérica se contaba en Sudamérica, etcétera. Era una historia gigantesca, y ni siquiera cada uno de ellos sabía la historia completa.
La película comienza con un texto que dice: “Esta historia se tiene que contar entre todos, porque don Sergio siempre vivió en comunidad. Don Sergio no existe si no es por quienes lo recuerdan, por su historia, por su comunidad. Es el héroe colectivo. No es el héroe del sistema clásico de representación de Hollywood, sino que es un héroe colectivo porque vive a través de todos.
Pero para rematar, mandé la película a festivales en su versión de tres horas y media, y los festivales la rechazaban. Alguno me dijo “no, yo no tengo tiempo ni de verla”. Entonces me pregunté, ¿cómo puedo basar mi percepción sobre esta película terminada en un programador que tiene que ver por obligación decenas de películas para un festival? Que tiene su línea política además, ¿no? Me di cuenta de que los festivales eran obsoletos para una película como esta y que yo ya tenía que exhibirla con el público.
Lo que hice fue una función masiva aquí en Cuernavaca. No había más personas porque no cabían, pero fueron más de mil. Y a esa gente le pedí que nos mandara sus reflexiones sobre la película.
Muchos temas atraviesan la figura de Méndez Arceo, desde discusiones teológicas hasta luchas sociales en América Latina. ¿Cómo le hiciste para entrelazarlos a lo largo del documental?
Obispo rojo tiene tres dimensiones. La primera, la histórica, te va llevando en una línea cronológica para que no te pierdas en tanta información y tantas referencias. En medio, todas las referencias políticas relacionadas con don Sergio, quien al inicio era un conservador. El discurso es visual y narrativo; por ejemplo, una imagen de Pío XII es una referencia de un Papa que no fue de izquierda, ¿no? Más adelante se observa al Papa Juan XXIII, un Papa abierto.
La tercera capa es el discurso espiritual, donde aparece Cristo. En esa parte, Enrique Dussel dice que la religión es el opio de los pueblos, pero la que consagran los conservadores, la religión de los poderosos. Y que Jesús estaba en contra de ese opio de los pueblos.
Hugo Carvajal, quien fue director del Correo del Sur, periódico fundado por don Sergio en la diócesis de Cuernavaca, explica que el reino de Dios en la Tierra es un reino sin injusticias, un reino de paz, producto de la eliminación de la injusticia.
Por eso la película le impacta a tantos sectores. La han visto órdenes monásticas, ven la película y les llega en la parte espiritual. A otros, a los guerrilleros ateos, les llega en la parte política. Y a otros más nos llega la dimensión integradora de este hombre para quien cristianismo y marxismo eran compatibles.
Esta filosofía integradora y comunitaria de Méndez Arceo se ve reflejada en el documental, también, en la inclusión de figuras como Iván Illich. ¿Qué deuda tenemos todavía con él?
Esa parte de Iván Illich entra además en el punto medio de la película. Es un atrevimiento frente a la estructura clásica del guion ya que de pronto entra otro personaje y su historia. Pero creí que valía la pena y me di cuenta de que quedaba muy bien en la narrativa, precisamente porque hay una deuda con Iván Illich.
Iván Illich y don Sergio fueron mentores el uno del otro. Iván Illich fue designado por el Vaticano y la llamada Alianza para el Progreso, de Estados Unidos, para recibir en México a los cuerpos de paz, la USAID, instrumentos del imperialismo para inhibir la influencia de la Revolución Cubana y de la teología de la liberación. Iván Illich los recibió en México y en Brasil, les enseñó a hablar español para que fueran a evangelizar de nuevo, pero de pronto él se dio cuenta de que se trataba de un neocolonialismo. Rápidamente se detuvo y dijo no: hay que enseñarles a ellos lo que México significa para los pueblos originarios; que conozcan a nuestros pueblos, nuestra cultura, para que mejor regresen a los Estados Unidos y ya no vengan. O sea, hacer un cambio.
Don Sergio se da cuenta también de la visión internacional de Iván, porque Iván trajo a grandes pensadores del mundo anglosajón y de Latinoamérica: Paulo Freire, Susan Sontag... Eric Fromm —importantísimo con sus teorías sociales sobre el psicoanálisis— ya vivía aquí, pero cuando Iván Ilich funda el CIDOC [Centro Intercultural de Documentación] dijo “yo quiero”.. Iván Illich, además, se enfrenta dignamente al Vaticano y acepta el rechazo de la Iglesia. Acepta abandonar la Iglesia, aunque él no lo quería hacer, porque él nunca deja de ser sacerdote, él siempre quiso estar con la Iglesia, pero no aceptaba su estructura jerárquica.
Don Sergio tuvo una epifanía al ver ese cambio en Iván Illich, quien incluso se convierte en una especie de mentor, al grado de que cuando don Sergio también es llamado a cuentas por la Inquisición, también gana. No lograron condenarlo y continuó como obispo más de diez años. Y las acusaciones que tenían no fueron solo porque “alguien las había dicho”: la misma CIA había dado instrucciones al Vaticano para revisar qué es lo que estaba pasando en el CIDOC, estaban vigilados, eran espiados por la CIA y por la Dirección Federal de Seguridad.
Entonces había que contar la historia de Iván, porque a partir de ahí don Sergio, en la tercera parte de la película, pues se va a todo lo que da. Se vuelve el mediador en los secuestros políticos de las guerrillas de Lucio Cabañas, Genaro Vázquez y el Güero Medrano; recibe a exiliados políticos de las dictaduras; es vocero de los movimientos revolucionarios en Centroamérica para tirar la dictadura de Somoza; de los movimientos de liberación del Salvador y de Guatemala. Recibe a los guerrilleros que necesitan un lugar para esconderse, porque son perseguidos no solo por los gobiernos de ultraderecha de sus países, sino también por la misma CIA. Él mismo se pone en riesgo. Cuando don Sergio va al Salvador, al funeral de Óscar Arnulfo Romero, ahí hay balazos y casi lo matan también a él.
¿Por qué, a pesar de que la Iglesia Católica intentó deshacerse de Méndez Arceo, él decidió mantenerse allí, hacer su lucha desde dentro de la institución?
Don Sergio finalmente era muy institucional. Y estaba seguro que si se cambiaba la Iglesia se podría cambiar al mundo.
Dado que la Iglesia tiene tantos adherentes, él creía que si cada párroco en cada iglesia —imagínate, cada pueblo del mundo cristiano— llegaba a estar convencido de que es necesario cambiar a la sociedad, la feligresía podía estar sensible a esa toma de conciencia. Él creía que la Iglesia realmente era un medio para el cambio social. No creía en la Iglesia como una institución inamovible, sino como un instrumento de cambio.
Y veía que sí, tan así que en Morelos se hizo el cambio litúrgico. Fue el primer estado, la primera región del mundo donde se hizo el cambio litúrgico de dar la misa de frente y en español, meter a los grupos vernáculos, al mariachi. Y don Sergio se animó mucho al darse cuenta de que eso estaba funcionando.
Otro de los protagonistas de Obispo rojo, podría decirse, es precisamente Morelos. Y no solo el Morelos de la Iglesia de ese tiempo, sino también el de los zapatistas, las luchas sociales, la actividad intelectual. ¿De qué manera tenías presente a Morelos conforme hacías el documental?
Soy nacido aquí en Cuernavaca y he filmado en Morelos casi todas mis películas. Tengo una conciencia muy clara no solamente de los temas morelenses, los temas de identidad, sino también de los recursos, de los paisajes, de las locaciones, de los idiomas que se hablan aquí. Don Sergio conocía muy bien su diócesis y yo también conozco muy bien el estado de Morelos cinematográficamente. Entonces, sí, Morelos es uno de los protagonistas. Sale en las fotos antiguas, en los temas, en los diálogos. Y Cuernavaca, como un centro de innovación tanto espiritual como intelectual, de reforma para el mundo. Quién lo fuera a imaginar ahorita, ¿no?
El documental cuenta con mucho material de archivo y se ve que fue un arduo trabajo. ¿Qué retos tuviste debido al tema en particular y por las dificultades que hay, en general, para tener acceso a archivos en México?
México está muy avanzado en muchas otras cosas de cultura, pero en el tema de los archivos está muy atrasado. Consultar los archivos en Brasil, por ejemplo, fue mucho más fácil, inclusive en los archivos de Cuba hubo toda todas las facilidades. Y los archivos en Europa, no se diga, ya están totalmente catalogados. Pero en México resulta que los archivos eran propiedad de la televisión pública —que eran Canal 13, Imevisión—, que ahora son propiedad de una empresa privada. Y pues te cobran por consulta, no te dejan usarlos… tienen una serie de trabas muy grandes y es una pena. En el caso de Televisa, ellos dijeron “a nosotros no nos interesa ese tema, no hay acceso a estos archivos”.
Eso sin hablar de que son concesiones: si las dos televisoras grandes son una concesión, por lo menos debería de haber una legislación que permitiera que los archivos fueran de acceso público, ¿no?
Por el contrario, en el Archivo General de la Nación encontramos toda la disposición para consultar documentos que pudimos contrastar con las entrevistas que aparecen en la película, como lo de que, efectivamente, don Sergio estaba vigilado por la Dirección Federal de Seguridad. También hicimos una convocatoria aquí en Cuernavaca para que la gente nos mandara las fotos que tenían con don Sergio, Super 8, cassettes con la voz de don Sergio, las homilías grabadas que la gente guardaba... Y sobre todo contamos con el apoyo de la Fundación don Sergio Méndez Arceo, que son los custodios de su memoria.
¿Cómo dialoga Obispo rojo con lo que estamos viviendo en estos tiempos? Podría decirse, incluso, en estos meses, semanas.
Es un documental profético porque todo lo que dice el documental está sucediendo actualmente. El mismo don Sergio, que fue visto como un profeta en su tiempo, al igual que Iván Illich, quien menciona la sumisión de los individuos a la tecnología. Todo lo que ellos advirtieron que pasaría si no había un cambio social, pues está sucediendo.
Se habla de la sed de poder y de destrucción de Estados Unidos, que ha ido en aumento. Don Sergio lo menciona porque él lo vio en El Salvador, en Nicaragua, en Sudamérica. Él mismo fue apresado por órdenes de la CIA en Ecuador en 1976. Él conocía el apetito de poder de Estados Unidos y lo menciona ahí.
La solidaridad con Cuba: don Sergio muere la víspera de una marcha por Cuba. “Cuba va” se llamaba, y justo le acababan de enviar un barco con petróleo a Cuba en aquel tiempo. Él se estaba preparando para irse a la marcha cuando muere. O sea, él murió pensando en Cuba.
Entonces claro que es de gran vigencia, por eso la película se está conectando tanto con la gente, porque está explicándote lo que está sucediendo ahora, pero en el origen, cómo fue que todo empezó a suceder.
¿Qué reflexiones te ha compartido el público? Seguro muchos comentarios de cosas que tú ni te imaginabas.
Totalmente. Me siguen contando la historia, la historia continúa.
Lo interesantísimo es que es un pedazo de historia muy reciente, y mucha gente se había olvidado de cómo la Iglesia puede ser un una motivación para el cambio estructural, social, algo que estaba casi ya fuera de la discusión. Yo mismo no practicaba el catolicismo cuando empecé a hacer la película, me fui metiendo para ir entendiendo a don Sergio.
La gente a la que le tocó vivirla ha recordado con mucha emoción y mucho sentimiento esa gran época en la que era posible transformar el mundo, y que don Sergio era, sin duda, un gran líder. Pero estamos impresionados porque la película ha tenido mucha audiencia y gran parte de esa audiencia son jóvenes que van recibiendo esta información de la cual no tienen mucha referencia. Entra como algo nuevo, interesante; me han platicado los jóvenes, “no conocíamos esto, me da mucha curiosidad saber más”. La mejor reacción es que la gente está yendo al cine, ¿no? Y que no paran.
¿Y ha habido reacción de la iglesia?
Pues en Morelos me invitaron a proyectar la película en la catedral de Cuernavaca.
O sea que ha habido cierta apertura, la han recibido.
Sí, están empezando. En el seminario de Cuernavaca están empezando a estudiar de nuevo a don Sergio.
Algo que a mí me conmovió mucho de Obispo rojo fue el hecho de que la transformación de Méndez Arceo ocurre en un momento de su vida en el que, aunque no es un anciano, tampoco está en su juventud, en esta etapa que solemos asociar con transformación o con toma de conciencia. Era alguien que ya había vivido la vida y que tenía sus razones para verla de tal o cual manera. Y esto es algo que también te pasa de cierta forma a ti conforme haces el documental. ¿Qué significa para ti esta posibilidad de transformación, de cambio, y qué fue lo que Méndez Arceo transformó en ti?
Fíjate, don Sergio, cuando empieza su transformación profunda, tenía 50 años y un poco más. Comienza transformando la catedral y después va transformando su manera de pensar. Se une a la teología de la liberación, incentiva las comunidades eclesiales de base, apoya a Iván Illich, apoya al psicoanálisis. Todo eso cuando él tenía 50 años; yo tengo 52. Y sí, la película me cambió, porque yo sí tenía una visión de izquierda totalmente, lo que no tenía era esa dimensión espiritual. Esa la encontré haciendo la película. Creí que la parte religiosa yo ya la tenía superada, pero la inmersión en esa forma de entender el mundo me hizo capaz de desarrollar una espiritualidad —no solo en la práctica, porque te digo que fui a misa para entender de qué se trataban los temas de la película—. Me fue envolviendo el tema de don Sergio y sobre todo saber que era una persona muy espiritual.
Y lo empecé a soñar. Durante la edición yo estaba dudando de hacia dónde dirigir el documental. Había gente que me decía “hay que mandarlo a las plataformas, es lo de moda”, “no, no, haz una versión de 90 minutos y ahí que quede”. Todo el mundo opinaba. Pero cuando don Sergio se me apareció en un sueño, yo le pregunté “don Sergio, ¿y le gusta esta película?” y me dijo que sí. Entonces pues ya me desperté como muy seguro de mí mismo. Mi inconsciente, ¿no? Fue muy bonito. Estar con esa figura todo el tiempo influyó en mi capacidad de sorprenderme con la fe, de tener fe.
Obispo rojo se encuentra en cartelera en la Cineteca Nacional, así como el agunos cines comerciales de la Ciudad de México y Cuernavaca. Consulta las redes sociales de Obispo rojo para revisar la programación en otras ciudades.
AQ / MCB