A principios del siglo XX la tradición del haiku en Japón rompe con las formalidades del género, deja así de tener la cadencia métrica de 5-7-5 sílabas y prescinde, sin una obviedad, de las referencias de la estación del año o kigo.
A esta variante del género se le conoce como jiyūritsu haiku, o haiku de forma libre. El poeta que encabezó esta propuesta fue Ogiwara Seisensui (1884-1976), un precursor de las vanguardias en Japón y un estudioso, un intelectual que dejó como legado para el haiku una escuela de la espontaneidad y la naturaleza.
De estos años surgieron algunos grandes exponentes del haiku libre de tono profundamente espiritual y cotidiano. Taneda Santoka (1882-1940) y Ozaki Hōsai (1885-1926) fueron dos seguidores de esta postura proclive al desapego de las escuelas convencionales. En muchos de sus textos el foco principal no está ya en la naturaleza (el entorno) ni siquiera en la serenidad que pudieran ofrecernos, sino dentro de sí mismos, en el latido emocional de su vida cotidiana, de su desasosiego.
La propuesta de Santoka, más visible, más traducido, hace evidente su errancia de monje mendicante por todo el Japón; en Hōsai, en cambio, hay antes un destino fallido y un desolado exilio que él mismo va asimilando no sin amargura y resentimientos. Hōsai nos dice:
recuerdo su odiosa cara
pateo una piedra
Otra característica de este haiku íntimo, ensimismado, es que incluso a veces el espacio de expresión se reconcentra, más aún que el haiku tradicional, y el impacto en el ánimo se ahonda:
el reloj sigue funcionando
el templo en ruinas
Está claro que este haiku no es tan directo (como el anterior), pero entrevemos que la imagen del paso del tiempo se resuelve en esas ruinas que quedan en medio del desamparo, después de todo, gran parte de la vida del poeta fue oscura, replegada hasta en su sombra, solitaria, como buscando ocultarse incluso de su destino. Y es que el horizonte prometedor de la vida de Ozaki Hōsai se fue angostando con los años, a tal punto que muere joven, vagando enfermo de un lugar a otro, encontrando refugio y cobijo en los apartados templos budistas.
Un poco de historia
Ozaki Hōsai nace el 9 de enero de 1885, y el registro de haikus en su obra se remonta hasta cuando era estudiante de secundaria. Sin embargo, una serie de convencionalismos sociales y cuestiones de familia, lo llevan a estudiar la carrera y graduarse en Derecho en la prestigiosa Universidad Imperial de Tokio (1909).
Habrá una segunda etapa que data de su vida laboral y de matrimonio, que va de los 25 hasta los 38 años. En este tiempo, Hōsai desarrolla gravemente la dependencia del alcohol y pierde su trabajo como empleado en una gran compañía de Seguros; en ese tiempo igual viaja a China y Corea, donde sus iniciativas como emprendedor independiente son también un fracaso total.
Para 1923 regresa a Japón, su quiebra económica y emocional lo abisma en el alcoholismo, lo aísla, por lo que termina rompiendo incluso con los lazos familiares y de matrimonio.
En este año inicia entonces su vida de monje errante, comenzó a deambular de templo en templo subsistiendo como conserje, ayudante y mendigo. Primero fue en Kioto, donde no pudo soportar el estricto régimen monástico y cambió de aires. En Kobe (1924) trabajó como guardián del templo, ahí compondrá (de cara al mar) algunos de sus haikus más entrañables. Ensimismado en su rutina de aislamiento y sustento mínimo, continuó su camino hacia el norte, instalándose en el templo de la prefectura de Fukui (1924-1925).
En una cuarta etapa, encuentra como destino final (1925-1926) la Isla de Shōdoshima. Gravemente enfermo de pleuresía y buscando un lugar para morir, recurrió a su mentor Ogiwara Seisensui. Este le ayudó a establecerse como eremita y cuidador del pequeño templo Minamigō-an. En este último refugio solitario pasó los últimos 8 meses de su vida en la pobreza absoluta, falleciendo el 7 de abril de 1926. Tenía 41 años.
Devenir de la poesía
En un principio, la poesía de Osaki Hōsai aparece en forma aislada, sin visos de trascendencia en su época de estudiante y de trabajo. Luego, para 1915 (a sus 30 años), cuando se detona la corriente del haiku en libre formato, aparecen algunas publicaciones en la emblemática e influyente revista literaria Sōun, que significa “Capas de nubes”; mientras vivió, su presencia en esta revista fue un referente, una constante, pero nunca un libro.
Daikū (Vasto cielo o Cielo abierto). A la muerte del poeta, su colega Ogiwara Seisensui recopila y publica una buena cantidad de haikus, mismos que Hōsai había escrito durante su última época, cuando renuncia al mundo y se refugia apesadumbrado, como conserje del templo o ermita Minangō. Esta antología póstuma es la más célebre, pero solo retrata la esencia de sus haikus más solitarios y de mayor desprendimiento.
Nyūan Zakki (Notas del eremita). Apuntes y reflexiones en prosa también de su etapa final viviendo en el templo citado de la isla de Shōdoshima.
Ozaki Hōsai Zenshū (Obras completas de Ozaki Hōsai). Veinte años después de la muerte de Hōsai, en 1946, se recopilan y agrupan más haikus, pero es hasta 1972 cuando se consolida su obra íntegra, incluyendo diarios y la correspondencia que pudo rescatarse durante su errancia.
Nuevas traducciones
La selección de haikus que se presentan ahora de Ozaki Hōsai ofrece un panorama integral de su obra, esto es, se incluyen textos de las distintas etapas de su existencia. Con el paso de los años se nos revela un poeta más ensimismado, más solitario, más a la deriva de una vida que se le escapa.
Como se comentaba, Hōsai ha sido poco traducido al español; tengo dos registros: Tres monjes budistas (CEDMA, Málaga, 2008) y Muevo mi sombra (Hiperión, 2018).
Las traducciones que se ofrecen aquí son de Damián García Camacho, estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras, estudioso también del japonés en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Mi participación fue de revitalizar el tono poético del texto, y las versiones finales a las que llegamos, cuidan no alejarse mucho de la propuesta original.
La consulta directa a las obras completas permite referenciar los textos a los años en que fueron escritos. A continuación, transcribo cuatro haikus para cada una de las cuatro etapas significativas que marcaron a Hōsai. Supongo, es la primera vez que se abre a nuestro idioma esta perspectiva y señalamiento temporal, en la obra de este entrañable poeta japonés.
A cien años de su muerte, recordar ahora a Ozaki Hōsai es algo más que un homenaje. Es una invitación a acompañarlo bajo el vasto cielo o el cielo abierto con que se intituló su obra: Daikū, sí, el vasto cielo de su poesía.
Hōsai en su vida de estudiante
(Desde la formación secundaria hasta los 24 años)
bajo la tela mosquitera
amamanta a su bebé
qué calor hace…
tras el chubasco de la tarde
aún se mecen los verdes follajes
entre puerta y puerta
entran dos paraguas
una senda olvidada
en el arrozal de invierno
Hōsai en su vida adulta
(De los 25 a los 35 años)
el forjador
prueba el filo de la espada
frío matutino
un ligero arrepentimiento
me acompaña
camino al trabajo
el espejo
en el camión de mudanza
refleja el cielo
como pedazos de tierra
los gorriones
ni una hierba verde
Hōsai en su crisis existencial y vida errante
(De los 36 a los 39 años)
iluminado
miro al pasar
un templo en la montaña
me he perdido a mí mismo
ahora me busco
todo el día nublado
el rumor de las olas
atrapado en el cielo
me apego con fuerza
al fondo de la oscuridad
intentando olvidarme
Hōsai al final de su vida
(De los 40 a los 41 años)
qué solos así agrupados
en una sola fila
los faroles del cementerio
el sol al ponerse pasa
sobre grandes pinos y montañas
sigue en silencio
sin fuego el brasero
lo miro
desde la cama
tantas veces
decimos adiós
hasta separarnos
AQ / MCB