A los diez años creía
que la tierra era de los adultos.
Podían hacer el amor, fumar, beber a su antojo,
ir a donde quisieran.
Sobre todo, aplastarnos con su poder indomable.
Ahora sé por larga experiencia el lugar común:
en realidad no hay adultos,
sólo niños envejecidos.
Quieren lo que no tienen:
el juguete del otro.
Sienten miedo de todo.
Obedecen siempre a alguien.
No disponen de su existencia.
Lloran por cualquier cosa.
Pero no son valientes como lo fueron a los diez años:
lo hacen de noche y en silencio y a solas.
Publicamos este poema, tomado de La arena errante (Ediciones Era, 1999), para recordar a JEP (30 de junio de 1939-26 de enero de 2014) en su decimoprimer aniversario luctuoso. Agradecemos a Jesús Quintero por la propuesta y a Laura Emilia Pacheco por la autorización para publicarlo.
AQ