“Hay que librarnos de la historia hecha de buenos y malos”: Rodrigo Martínez Baracs

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Con la Conquista cayó el imperio mexica pero no el mundo indígena, sostiene el doctor en Historia y Etnohistoria en esta entrevista.

Rodrigo Martínez Baracs, doctor en Historia y Etnohistoria por la ENAH. (Foto: Alma Rosa Martínez González)

Guadalupe Alonso Coratella

Doctor en Historia y Etnohistoria por la ENAH y autor, entre casi una decena de libros, de De la A a la Z. El conocimiento de las lenguas de México (2015), Rodrigo Martínez Baracs ofrece en entrevista una visión integral de la Conquista. A la superioridad tecnológica de los españoles agrega el disgusto de los pueblos sometidos de Mesoamérica como una de las causas principales de la caída del pueblo mexica. Un imperio, afirma, fue sustituido por otro imperio.

“A 500 años de la Conquista de México no es necesario replantearnos la historia, sino revisarla desde el análisis objetivo y sus consecuencias en el presente”. Así lo formula el historiador Rodrigo Martínez Baracs. “Fueron acontecimientos tan complejos que conviene acercarse desde múltiples puntos de vista, ya sea a la luz de los acontecimientos mismos, una serie de hechos que sucedieron en el corto plazo, o desde la perspectiva del tiempo, partiendo de lo que pasó hasta llegar al presente, porque a 500 años aún vivimos las consecuencias; no lo hemos resuelto, nos sigue doliendo. Es como el paciente del psicoanálisis que no acaba de entender qué sucedió en sus primeros años de vida. En este sentido, los historiadores funcionan como psicoanalistas de la nación: pueden quitarnos traumas, el trauma de derrotados, de vencidos, que deriva de causas históricas complejas.

“Mucha gente identifica la Conquista con la caída del Imperio mexica, es decir, la caída del mundo prehispánico en su conjunto. No fue así. Cayó un imperio y fue sustituido por otro imperio. Tampoco implicó la destrucción total de la población indígena. Recordemos la catástrofe demográfica causada por la epidemia. Esto no tiene que ver necesariamente con la caída de Tenochtitlan, sino con el encuentro de dos mundos. La población indígena disminuyó entre 80 y 90 por ciento; sin embargo, la sobrevivencia de al menos un millón de personas fue suficiente para el mestizaje. Los indígenas nunca dejaron de ser mayoría en la población novohispana, muchos vivían en sus pueblos, con sus propias autoridades, hablaban sus lenguas. Este sería uno de los elementos importantes de continuidad. Los señoríos, los altépetl (agua-cerro), en los que estaba dividido el territorio mesoamericano siguieron existiendo con sus propias autoridades indígenas, pero ya con categorías españolas como gobernadores indios, cabildos compuestos por alcaldes ordinarios, regidores, fiscales, escribanos, que ejecutan la administración del pueblo. Todo esto a la española, pero con personal indígena. Los españoles tenían la intención de fundar, no de destruir. No porque fueran blancas palomas sino porque se percataron de que había una civilización, una población más abundante, rica, organizada, a diferencia de la que habían encontrado en las Antillas. Apenas Hernán Cortés y sus hombres llegan a México se dan cuenta de la cantidad de oro que hay y prevén que a través de la población indígena y su organización política podrán organizar al país para beneficio de estos y de la Corona española. Aquí es donde se da lo que James Lockhart define como ‘falsa identificación mutua’, Los españoles, muy orgullosos, dicen: ‘Miren qué bien hemos sometido a los indígenas, los tenemos en sus pueblos, con su cabildo indio, la conquista fue un éxito’. Y los indios dicen: ‘Tenemos estas instituciones españolas, pero seguimos siendo nosotros mismos, conservamos la identidad de nuestro altépetl, nuestras propias autoridades’. Es una mutua incomprensión que resulta en una buena adaptación entre los rasgos tradicionales indígenas y los rasgos tradicionales españoles”.

El primer documento español escrito en México

“Este proyecto de los españoles está presente desde los primeros documentos”, refiere Martínez Baracs. “Uno de los más tempranos, de junio de 1519, fue reproducido por mi padre, José Luis Martínez, en el primer tomo del libro Documentos cortesianos. Se trata de las instrucciones que redacta el cabildo de la Villa Rica de la Veracruz dirigidas a los procuradores Montejo y Portocarrero, para negociar varias cosas ante el rey Carlos I de España. Entre otras, no permitir que Diego Velázquez se apropie de la nueva tierra, sino que le den a Cortés el poder como justicia mayor, como capitán y luego como gobernador. Los miembros del cabildo, junto con Cortés, conocían de la destrucción, casi total, de la población indígena en las Antillas y querían evitar que esto sucediera. Por eso fray Bartolomé de las Casas, en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, de 1542, dice: ‘En México y su comarca está un poco menos malo’, pensando acaso en la intención de Cortés y sus hombres de conducirse con más cuidado. Se trata entonces de respetar estas unidades políticas, los altépetl, que serán la base de la supervivencia de buena parte de la población indígena dentro de la catástrofe demográfica que va a vivir”.

La Conquista: una gran revolución

Para Martínez Baracs, “la caída de Tenochtitlan es un momento importante dentro de esta gran revolución que traerá la Conquista, aunque muchas cosas se hubiesen dado de igual manera. América y el Viejo Mundo, Europa, Asia y África, tenían grandes diferencias tecnológicas que influirían en el desenlace de la Conquista debido a la superioridad armamentística española; asimismo, la llegada de la rueda, los metales, la escritura alfabética, el libro. También se da una expansión impresionante del ganado. No había ganado, ni mayor ni menor. Sin embargo, estos factores no serán determinantes en la caída de Tenochtitlan. Tampoco bastaba con que llegaran 500, luego 1500 y hasta 2 mil españoles. Por mucho que tuvieran armaduras, pólvora, perros y caballos, no hubiesen podido vencer a ejércitos de cientos de miles de guerreros mesoamericanos. Los mexicas estaban rodeados en su ciudad, sometidos a una epidemia terrible y esto los debilitó. Está el factor, que se enfatiza cada vez más, de la gran cantidad de señoríos enemigos o sometidos a los mexicas. Antes se hablaba de la genialidad de Cortés, que logró formar una gran alianza indígena antimexica. Los nuevos historiadores destacan no tanto la iniciativa española de esta alianza, como la iniciativa indígena. Había un gran disgusto entre la población mesoamericana, tanto de los enemigos de los mexicas como de los que estaban sometidos a ellos y otros grupos que se alían a los españoles. Esta alianza no se hubiese dado de no haber visto que los españoles tenían una tecnología militar considerable. Aquí destacaría el papel de Doña Marina, La Malinche, quien les transmitió la conveniencia de ‘aliarse con esta gente que nos va a ayudar debido a su superioridad militar’. Con mi mentalidad del siglo XXI, tiendo a pensar que era lógico que se aliaran con los españoles porque, aunque la religión católica no sea la mejor del mundo y fue muy violenta a lo largo de la historia, los españoles llegaron a ofrecer una religión de paz y amor que contrastaba con la religión teocrático-militarista-sacrificial-antropófaga de los pueblos indios. Pienso que esto fue importante, pero quizá estoy cayendo en mis propios prejuicios”.

Malintzin y sus elecciones

“Las crónicas de la Conquista dicen muy poco de ella y son pocos los datos factuales que podemos agregar; por eso me gusta citar el libro de Camilla Townsend: Malintzin’s choices, Las elecciones de Malintzin. Investiga diferentes acontecimientos: su vida náhuatl, veracruzana, maya tabasqueña, junto a Cortés en la Conquista y junto a Juan Jaramillo después de la Conquista, y concluye que sólo podemos imaginarnos cómo se escogió a sí misma en estas circunstancias. Es una noción sartreana de la libertad. El hombre no escoge su mundo, el mundo en el que vamos a vivir, pero sí podemos escogernos a nosotros mismos en los mundos que nos tocaron vivir, en las situaciones, como diría Sartre, que a cada uno nos toca. A Malinche le fue mal en la medida en que prevaleció la visión indigenista liberal, pero tras varias décadas nos hemos librado de esta noción. No fue traidora, ella misma había vivido en un señorío oprimido por los mexicas. Ahora tenemos ideas cada vez más positivas, más claras, de cuáles eran sus opciones. Hay un elemento importante: en pocas conquistas como en la de México hablaron las armas, pero también el diálogo. Fue una conquista dialogada gracias a una mujer inteligente que entendió esta gran ruptura, esta gran revolución, y ayudó a los diferentes pueblos a integrarse en un nuevo mundo”.

Entender a Cortés, no como mito, sino como hecho histórico

Hernán Cortés, de José Luis Martínez, es un libro canónico sobre el conquistador. “Se trata de una versión objetiva, intermedia”, dice Martínez Baracs. “Tenemos la postura indigenista y también la visión indigenista de Cortés. Desde la Independencia, se reforzó la idea liberal de nuestra historia que coloca a Hernán Cortés como villano y considera ilegítimos los tres siglos de dominio español en México. Quien intervino de manera decisiva en el libro de mi padre fue Octavio Paz. Él criticó la idea de que México había dejado de ser México en esa época y que volvería a serlo hasta 1821. Es la visión liberal de nuestra historia, que se implantó en el siglo XIX, se reforzó después de la Revolución y nos llegó a través de la historiografía liberal priista que ahora el gobierno está retomando: la de españoles malos, indios buenos. Mi padre aprovecha las ideas de Octavio Paz sobre el cambio civilizatorio que se dará a partir de entonces y comprende que es necesario transformar el mito del Cortés bueno o malo y plantearlo como un hecho histórico, más allá de las versiones adversas o favorables, estudiar a Cortés con la documentación que tenemos a la mano”.

Él se enoja como señor

“El nombre Moteuczoma”, explica el historiador, “viene de mo: reflexivo; teuctli: señor; zoma: enojar. Se enoja como señor. Él asume el gobierno de la Triple Alianza en 1502, hasta su muerte, en 1520. Ese mismo año, cuando toma el poder, ocurre un encuentro muy interesante de Cristóbal Colón, en la costa de Honduras, con una nave mercante mesoamericana. Les robaron lo que traían: cacao, cobre, muchas riquezas; los despojaron de sus bienes y los dejaron ir. Ellos mismos le habrían dicho a Colón y a su gente: ‘Sigan navegando hacia allá y van a llegar a algo importante’. No le interesó. Colón hubiera podido descubrir México en 1502, pero se empeñó en encontrar un paso marino para proseguir su camino a Asia, a las verdaderas Indias. Estos mercaderes seguramente relataron su encuentro a los demás. La noticia corrió por las rutas comerciales mesoamericanas. A partir de ahí se supo que estaban cerca estas personas poderosas, abusivas, malolientes, que iban a llegar, y que podían destruir el imperio. En alguna ocasión, se encontró flotando un cofre y se lo llevaron en gran secreto a Moteuczoma. Ahí encontró telas maravillosas, una espada que se empeñó en romper golpeándola contra el suelo y que no se rompía. La presencia cercana de seres armados capaces de acabar con el reino fue una noticia que se difundió de boca en boca, por más que Moteuczoma tratara de ocultarla. De este modo, se mitologizó aquel rumor que circulaba como teléfono descompuesto. Fue ocupando el lugar de los sueños, de las visiones, y le dio sentido a acontecimientos extraordinarios como temblores o cometas. Quizá esta sería la base de información que transmiten los llamados presagios de la Conquista y que los historiadores han tratado de estudiar desde la lógica mesoamericana. Sin duda tendrían que ser vistos así, pero sin olvidar que ya existían datos de la llegada de cierta gente”.

A 500 años de la Conquista, cómo acercarnos a la historia

“Hay que librarnos de esta historia de bronce, de héroes, de la historia infantil de buenos y malos”, concluye Martínez Baracs. “Como decía Pilar Gonzalbo, gracias a los historiadores podemos saber que los buenos no eran tan buenos y los malos eran todavía peores. En el caso de Cortés, tenía muchos elementos de maldad, pero también elementos de luz, en particular, su identificación con el mundo mesoamericano, su voluntad de conservarlo en su unidad política fundamental. Con la Conquista cae el imperio mexica, pero no se derrumban sus unidades constitutivas. Gracias a eso el mundo indígena sigue vivo y es un legado que debemos de transmitir”.

AQ

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