“Me mantiene sano tocar música, porque uno puede expresar todo”: Steven Isserlis

Entrevista

El chelista británico comparte su emoción por interpretar a Dvořák en la UNAM, reflexiona sobre la nostalgia en la obra, su relación con el instrumento, la música en tiempos de guerra y su impulso por ampliar el repertorio contemporáneo.

Steven Isserlis, chelista. (Foto: Juan Carlos Aguilar)
Ciudad de México /

Como si fuera su primera presentación en público, el violonchelista británico Steven Isserlis (1958) cruza los dedos y comenta que espera ofrecer un buen concierto en su debut en la sala Nezahualcóyotl.

Aunque aclara que él no propuso interpretar el Concierto para violonchelo de Antonín Dvořák, en el programa extraordinario del sábado 21 y domingo 22 de febrero de la Orquesta Filarmónica de la UNAM (Ofunam), se emociona cuando confiesa que la obra fue la primera de que se enamoró de niño.

“Me encanta, fue la primera pieza de música clásica con la que me enamoré, tenía 9 o 10 años. La escuchaba todos los días. Ahora me encanta igualmente, quizás mucho más, porque he vivido con ella por mucho tiempo”, comenta en exclusiva para Laberinto Isserlis, que la tocó por primera vez en público a los 14 años y la estudiaba ya desde dos años antes de esa edad, para hacerla suya más joven.

El programa con la Ofunam, con el portugués Pedro Amaral como director huésped, incluye las dos obras más importantes que Dvořák compuso durante su estancia en Estados Unidos: su Concierto para violonchelo y la Sinfonía del Nuevo Mundo. Y abre con un estreno en México: Scherzo, de Amaral.

Isserlis, desvelado, con un poco de jet lag, y deseoso de un café fuerte, llegó en la madrugada del jueves a Ciudad de México desde Budapest, donde participó en actividades por el centenario de György Kurtág.

Acepta conversar en exclusiva sobre su debut en la capital, aunque ya ha estado en Monterrey: en abril de 2024 ofreció el recital A Classical Odyssey, con la pianista Connie Shih en el auditorio Luis Elizondo del Tec e impartió clase magistral en la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey.

Aunque está acostumbrado a interpretar otros conciertos de repertorio para su instrumento y también música de cámara de compositores contemporáneos, como su compatriota Thomas Adès, explica su fascinación con la obra del compositor bohemio, en la que reconoce que existe algo de nostalgia.

“El concierto de Dvořák es muy diferente al de Schumann. Dvořák tiene todo: es muy extrovertido, virtuoso, pero también es muy íntimo, muy apasionado y muy tierno. Realmente tiene todo.

“El de Dvořák es un viaje real. Bueno, el de Schumann, el de Elgar, el de Walton también son viajes, supongo que cualquier gran música es un viaje. Pero el de Dvořák es muy amplio”, expone Isserlis.

Usted viaja todo el tiempo. ¿Cómo se siente fuera de casa?

Ahora estoy un poco enfermo, porque ha sido un largo viaje. Este es mi cuarto país en una gira.

¿Siente al viajar la nostalgia que tuvo Dvořák cuando compuso su Concierto para violonchelo?

Sí, definitivamente hay nostalgia en ese concierto, pero también hay deseos personales. Por supuesto, su cuñada (Josefina) fue muy importante. Estaba muy enferma cuando Dvořák componía la obra y luego ella murió. Y él escribió la coda después. Sí, tienes razón, definitivamente hay nostalgia por su hogar (en Bohemia), pero también hay una nostalgia más profunda en lo personal para él.

Ha usado muchos cellos en su carrera. ¿Cómo decide con cuál tocar determinada pieza?

En este momento solo uso dos cellos, principalmente. El que tengo aquí (el Stradivarius Marquis Corberon) lo uso la mayoría del tiempo. Es el cello romántico. Es un cello muy sensato, muy poético. Pero cuando toco el concierto de Shostakovich o el de Kavalevsky, entonces quiero tocar con diferentes cuerdas, cuerdas modernas, de acero. Así que uso otro cello para eso.

¿Cómo es que tiene un álbum inspirado en Marcel Proust, Music from Proust’s Salons, con Connie Shih?

Hay tres períodos en la historia en los que me hubiera gustado vivir. Uno es el del Leipzig de Felix Mendelssohn; otro, la época victoriana en Londres de Charles Dickens; y el tercero el del París de Proust. Me encanta. Estoy fascinado por Proust. Lo he leído una vez. No es mi autor favorito, de todos modos, pero me encanta el mundo en el que vivió: Gabriel Fauré, Camille Saint-Saëns, Reynaldo Hahn, todos estos maravillosos compositores, maravillosos pintores y poetas. Es un mundo fascinante.

¿Cómo surgió la idea de hacer un álbum sobre la música y la guerra, In the Shadow of War? Hoy tenemos guerras por todas partes del mundo.

Es muy malo en este momento, sí. Para ese álbum, me interesaba más cómo los compositores reaccionaron a la guerra. También hice un festival en el Hall de Wigmore sobre la música en tiempos de guerra. Y me interesa que unos compositores realmente sienten la guerra a través de su música; otros, como Schumann, durante la Revolución en Dresden, escriben la música más personal de sus sueños. Nunca sabrías de esa música que había una guerra afuera. Todos reaccionan de manera diferente.

Un chelista mexicano, Carlos Prieto, ha comisionado como 200 obras para cello a compositores. ¿Cómo hace para promover la ampliación del repertorio del instrumento?

¡Guau! Eso es impresionante. Por supuesto que conozco a Carlos Prieto, aunque no recuerdo si nos encontramos alguna vez o no. Y, respecto a la pregunta, bueno, no hago suficiente. Pero creo que algunas de las piezas que he comisionado son muy importantes, como las siete de John Tavener o las cuatro piezas de György Kurtág. Y la única pieza para cello hasta ahora es de Thomas Adès. Y algunos otros compositores británicos que he comprado. Y Heinz Holliger, acabo de tocar una obra de él. Bueno, una nueva pieza basada en material antiguo. Sí. Hago un poco, pero no suficiente. Estoy muy impresionado con Carlos Pieta. Es maravilloso.

¿Hay futuro para el cello?

Creo que está muy bien. El futuro tiene mucha música de cello en Gran Bretaña. Y recibo mensajes de compositores todos los días pidiendo que toque su música. Siempre digo que no, lo que es un poco triste. Pero hay mucho que escribir. Hay muchos jóvenes cellistas por aquí.

Si el cello fuera una parte de su propio cuerpo, ¿cuál sería?

Todo, todo: pies, brazos, alma, corazón, cabeza, todo.

¿Ha cambiado su vida a partir del violonchelo después de tantas décadas de tocarlo?

Uno no cambia. Uno puede tocar bastante conciertos, pero no cambia su carácter. Bueno, tal vez en toda mi vida, sí. Pero no en ningún momento en particular, no. Es bueno, porque es una gran fuente de emociones tocar música. Me mantiene sano, saludable, tocar música, porque uno puede expresar todo.

AQ / MCB

  • José Juan de Ávila
  • jdeavila2006@yahoo.fr
  • Periodista egresado de UNAM. Trabajó en La Jornada, Reforma, El Universal, Milenio, CNNMéxico, entre otros medios, en Política y Cultura.

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