Tres poemas de Julia Santibáñez

Poesía

Presentamos tres poemas que pertenecen al volumen ‘Poquiterías’, que comenzará a circular en septiembre con el sello de Bonilla Artigas Editores.

La poeta mexicana Julia Santibáñez. (Especial)
Julia Santibáñez
Ciudad de México /
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SOBRE EL RING

They’re not asking him to win anymore,

just to stay in the fight.

Lucia Berlin

En un centro para desintoxicarse

los internos ven una pelea de box.

Casi al principio, el campeón derriba

al retador, quien se para, azorado.

Lo relata Lucia Berlin en un cuento.

“Si decides que vas a ser barrendera

barre como para ganar un concurso”

me decía papá siempre. “Y así disfrútalo”.

El contrincante no puede. Lo opaca

el favorito, pero igual no se rinde.

Aguanta en pie, digno, los quince asaltos.

Yo de niña pensaba ser astronauta

escritora y bailarina de ballet

además de traducir de veinte idiomas.

Solo soy una escritora, superada

por otras. Pero yo tampoco me rindo.

¿Por qué señala Berlin que en el último round

cuando al fin el retador pierde el encuentro

se escucha a Carlotta, una exadicta,

murmurar “Dios, ayúdame, por favor”?


¿Es por la misma razón por la que yo,

cuando veo box, en vez de celebrar

al ganador, acabo sintiendo pena

por el flaco que otra vez perdió en el ring?


NINA SIMONE EN UN VASO

Hush now

Don't explain.


se arrastra y estraga mis carajos

la voz color de whisky

no precisamente

my sweet

there ain’t nothing to gain

y me sube un picor a la nariz

picor moqueante

de tan desvergonzado

de tantos años

el don’t explain

jugosa y mordiente encarnadura

desdentada en los adentros

you’re my joy and you’re my pain

bola de whisky atorada en mi garganta

quiet, baby, don’t explain.


TESTADURA/ TESTARUDA

Sé en el cuerpo que tiendo a los extremos. Soy de un lado la radiactiva, de alto voltaje; del otro, la que está silencia como la hierba. Vengo aquí a conciliarme. Pongo de lado pendientes y, a solas con mi respiración, procuro el centro.

No me gusta la práctica de yoga. Implica pálpito y esfuerzo pero, al terminar, siento la mente sin ruido. La espalda es de nuevo mía, ya no marmórea. Pienso en una palmera flexible, en equilibrio sobre un banco de arena.

Igual que trabajar estos versos, intentar una postura agrede mi autoconfianza, compromete los alientos, aunque ignore el desgano. Me ennecio en la disciplina testaruda, la testadura: no dejo de escribir y soy terca en cada asana.

Como la palmera, me desarrollo poco a poco. Imperceptible. Tal vez un día, con brazos o palabras roce alguna forma de belleza.

AQ / MCB

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