Paul Auster anda suelto en la ciudad de Nueva York. Camina de la mano de quien fue su compañera durante más de cuatro décadas, la poeta, ensayista y narradora Siri Hustvedt, cuyo libro más reciente, Historias de fantasmas (Seix Barral, 2026; Ghosts Stories: A Memoir, Simon and Schuster, 2026), llegó en los últimos días de abril a las librerías de Estados Unidos, España y América Latina.
Aunque murió el 30 de abril de 2024, Auster pasea por Manhattan, y no solamente por Brooklyn, en donde él y Siri construyeron y habitaron su casa, sino también por el East Village, en concreto en la librería Strand, y por Midtown Manhattan, en la Biblioteca Pública, ese imponente edificio de mármol blanco custodiado por dos leones orgullosos que da las espaldas a Bryant Park.
En vida, Auster recorrió cientos de veces esta ciudad. En los últimos días, Siri Hustvedt, ganadora del Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2019, lo ha invocado en estos dos lugares, ante auditorios repletos de lectores ávidos por conocer los detalles de su vida (y sobre todo de su muerte). Aquí la gente lo quiere. La Biblioteca Pública conserva un archivo de casi seiscientos cajas de manuscritos, correspondencia, guiones y otros documentos personales que donó. Paul Auster fue el escritor, guionista y director cinematográfico más neoyorquino (y que nos perdone Woody Allen), aunque haya nacido en New Jersey.
En la librería Strand, como parte del programa del Festival Voces del Mundo organizado por PEN Estados Unidos, y acompañada por la escritora y periodista Katie Kitamura, Siri Hustvedt se refirió así al comienzo de esta historia de fantasmas: “El día que despedimos a Paul con una pequeña ceremonia familiar en el cementerio Green-Wood era un día hermoso. De hecho, el cielo se tiñó de un azul intenso. Hubo una pequeña recepción en casa y, en un momento dado, subí a la planta de arriba. Recuerdo haberme dicho a mí misma: La viuda puede hacer lo que le dé la maldita gana. Así que subí, me tumbé en nuestra cama y sentí a Paul en la escalera. Lo sentí; no vi nada, no olí nada. No hubo contacto físico, ninguno de mis sentidos se activó. Pero sabía que era Paul. Sentí su presencia con una intensidad abrumadora y me sentí colmada de dicha. Fue, creo, lo más cerca que he estado jamás de vivir una auténtica experiencia mística y extática. Y entonces él me miró, se aseguró de que yo estuviera entera. Y luego se marchó”.
Esa no sería la única experiencia extrasensorial de la autora de El verano sin hombres (2011): un día de junio del mismo año en que murió su esposo, escribía en su escritorio cuando empezó a percibir olor a puro. No olía a cualquier puro, sino a unos pequeños que él solía fumar en otros tiempos. Se asomó por la ventana para ver si veía al fumador, pero no encontró a nadie. “Paul había dejado de fumar sus puros pequeños unos nueve años antes de morir, por lo que no solía haber mucho humo en la casa. Aun así, ese olor estaba claramente asociado a él”.
Adaptarse al vacío
Desde hace más de una década Siri Hustvedt se ha interesado por la intersección entre la mente, el cuerpo y la literatura. Profesora de Psiquiatría Narrativa en la Facultad de Medicina Weill Cornell de Nueva York, trabaja con los estudiantes en la exploración de la literatura y el análisis del relato como herramientas para ayudarles a comprender mejor las historias de sus pacientes. Colaboradora habitual de publicaciones como Psychology Today, dice que nunca creyó en fantasmas. Y, a pesar de ello, a partir de la muerte de su esposo, vivió y sigue viviendo experiencias que intenta explicarse: “Tras la muerte de Paul leí una gran cantidad de literatura sobre el duelo. Y una de las cosas de las que me percaté es que la fragmentación del tiempo es algo que le sucede a mucha gente. Y si lo pensamos desde un punto de vista fenomenológico, subjetivo o filosófico, transitamos por la vida experimentando el mundo a través de los sentidos. Y la persona con la que convives forma parte, de manera profunda, de esa realidad perceptiva.
“Cuando esa persona se desvanece, se abre, literalmente, un vacío en tu mundo perceptivo. Y la historia del duelo en mi caso consistió en adaptarse a ese vacío, es decir, a aquello que ya no está presente. Y esa es la razón de las presencias y de las experiencias alucinatorias, algo que, como he visto en las investigaciones, experimentan con mucha frecuencia las personas en duelo. Entre el treinta y el sesenta por ciento de quienes han sufrido una pérdida tienen alguna forma de alucinación relacionada con el difunto”.
La muerte es transformación
En los momentos en que su esposo se encontraba en medio del agresivo tratamiento contra el cáncer que finalmente acabó con su vida, Siri Hustvedt escribió: “Lo único de lo que podemos estar seguros en la vida es del cambio. Lo que sea que exista ahora no será así para siempre.”
Supo que Paul podía morir, que todo podía empeorar, pero la sola idea del cambio la consoló. “Soy una pluralista epistemológica; creo que existen múltiples formas de comprender el mundo, muchas maneras de conocerlo. Y que todas las relaciones son dinámicas, y a mi juicio la vía más rápida para crear infelicidad consiste en imaginar que existe un estado de dicha al que uno llega y en el que simplemente se instala para siempre. La vida es un continuo incesante de cambios; nunca permanece estática. Espero que el libro logre abrazar esa idea.Creo que entre los dos supimos encontrar la manera de adaptarnos a los cambios a lo largo de las cuatro décadas que pasamos juntos. De lo contrario, nuestra relación no habría prosperado”.
Fue su terapeuta quien reconoció la capacidad de sorpresa contenida en la prosa de Hustvedt cuando le dijo que era la única persona que conocía “capaz de escribir sobre la presencia luminosa de un difunto en una oración y sobre un cuerpo en descomposición en la siguiente”. Y es que, para la escritora, de esto se trata la dialéctica de la muerte, porque “independientemente de lo que uno piense sobre el más allá o de cuál sea su sistema de creencias, la realidad de la descomposición, del cuerpo desmoronándose, forma parte de la muerte que experimentamos”.
Tanto en el libro como en la conversación que sostuvo con la académica Rita Charon en la Biblioteca Pública, Siri Hustvedt reconoció lo mucho que le sorprende que la gente evite el verbo moriry prefiera utilizar transitar. Recordó que su madre opinaba que eso era un eufemismo y concluyó que “parte del duelo, parte de nuestra mortalidad, es entender lo que esto significa”.
Las cosas horribles
No habló de ellas en ninguna de las dos presentaciones, pero sí las escribió en Historias de fantasmas. Lo que Siri Hustvedt llama “las cosas horribles” son los dolorosísimos hechos que tuvo que vivir su esposo entre 2021 y 2022, y con los que la prensa internacional se engolosinó durante meses: el 1 de noviembre de 2021 murió Ruby, la nieta de Paul. La bebé de diez meses de edad era hija del hijastro de Siri, Daniel. Seis meses después, cuando las investigaciones arrojaron que en el cuerpo de la niña había restos de heroína y fentanilo, la policía de Nueva York arrestó a Daniel, de 44 años de edad, por homicidio y negligencia criminal. Fue encarcelado en la cárcel de Rikers, una de las prisiones de máxima seguridad de este país, localizada en la isla del mismo nombre. Daniel Auster salió bajo fianza, pero murió el 26 de abril de 2022, a causa de una sobredosis de las mismas sustancias que causaron la muerte de su hija.
Paul estaba muy enojado por la negligencia de su hijo y la atención morbosa de la prensa contribuyó a empeorar los malos momentos que vivió, según cuenta Siri Hustvedt en el libro. Por eso, y dado su aguzado interés por la intersección entre el cuerpo, la enfermedad, la literatura y la mente, la autora hace una revisión de algunas de las teorías que, a lo largo de la historia, han relacionado el cáncer con estados de depresión o ira. Por ejemplo, la del médico y filósofo cordobés Avicena (980-1037 d. C.), quien afirmó que “la melancolía” era una de las causas del padecimiento. O la del patólogo y cirujano británico sir James Paget, quien en 1870 relacionó la ansiedad profunda, la esperanza perdida y la decepción con el rápido aumento de esta enfermedad.
Aunque huye de las conclusiones fáciles, y hasta reflexiona que vale la pena detenerse en el mantra científico según el cual “correlación no significa causa”, Siri Hustvedt dice que cualquier esperanza que Paul Auster tenía en que su hijo Daniel podía cambiar desapareció el día en que los investigadores descubrieron la causa de la muerte de su nieta. Pero también, en un gesto de profunda dignidad, recuerda que “este libro no es una historia del abismo, es sobre Paul y yo”, y que lo escribió desde la necesidad de traer de vuelta a la página algo de ese hombre.
Un vínculo sexual muy profundo
Pero se equivoca quien crea que todo en las presentaciones de Historias de fantasmas fue solemne. Porque no se trata de un libro grave. Es doloroso, pero también tiene momentos de profunda ironía, en los que Siri Hustvedt demuestra su agudo sentido del humor. Lo mismo ocurrió cuando Katie Kitamura le preguntó cómo se había decidido a compartir detalles íntimos de su relación con Paul Auster.
“No se asusten: no hay en absoluto descripciones íntimas de nuestra vida sexual. Nada de eso”. La risa de la escritora quitó tensión al momento, cuando parte del público estaba cercano a las lágrimas. Y es muy probable que en ese momento Paul Auster, siempre a un lado de su compañera, también soltara una carcajada.“Sí menciono que teníamos un vínculo físico y sexual muy fuerte, un vínculo erótico que fue realmente importante, incluso cuando él estaba enfermo. Incluso hasta el final. Y la razón por la que lo hago es porque descubrí que casi nunca se menciona. En las memorias sobre el duelo, el sexo es un tema tabú. Y eso me resulta interesante en esta cultura, donde la gente cuenta todo tipo de cosas”.
Para Hustvedt, el acto de escribir no incluye hacer juicios. Desde el principio entendió que este libro tenía que descansar en la intimidad. Por ello, decidió compartir con desfachatez una escena de su vida en común con Paul Auster.
¿Beckett o Burroughs?
“Hay una pequeña anécdota que cuento en el libro y que a Paul y a mí nos parecía divertida; sucedió muy al principio. Nos acabábamos de ir a vivir juntos y pasábamos el tiempo haciendo el amor. Eso es lo que se hace cuando se es joven y se está recién enamorado. Estábamos en la escalera, cuando Paul me miró y me dijo: Entonces, ¿Beckett o Burroughs? Y yo respondí: Beckett, por supuesto. Y entonces él se abalanzó sobre mí, porque esa era la respuesta correcta para él”.
El libro póstumo que no pudo ser
Unos meses antes de su deceso, Paul Auster empezó a escribirle cartas a su nieto Miles, hijo de la única hija que tuvo con Siri, Sophie. El niño tenía cuatro meses cuando su abuelo murió. Aquel que firmaba esas cartas amorosas como Papá tenía la intención de publicarlas en forma de un libro breve que no pudo terminar, pero Hustvedt incluyó lo que quedó de ellas en Historias de fantasmas, donde hay también correspondencia que la autora escribió a los amigos de la pareja para cancelar compromisos o contarles sobre el estado de salud de su esposo.
Al final de la presentación en la librería Strand, Hustvedt contó que, siendo los dos escritores, desde que se conocieron se acostumbraron a leerse mutuamente sus manuscritos, y que la relación prosperó por la admiración que desarrollaron uno hacia el otro.
Entre risas, recordó que cuando Paul Auster le dio a leer sus poemas por primera vez pensó: “Maldición, qué hombre tan hermoso, tan inteligente, pero ¿qué tal si los poemas son malos?” Afortunadamente, no lo fueron, y fue el inicio de una larga retroalimentación literaria.
Si decidimos creer, junto con ella, que “el luto es la locura ordinaria”, Paul Auster, quien tres días antes de morir le dijo que quería regresar como un fantasma, continúa escribiendo, jugándole bromas y recorriendo la ciudad de Nueva York a su lado.
AQ / MCB