“Desesperanzador, hablar de perros, pero ya no de cómo estamos como personas”: Ignacio Riva Palacio

La obra de teatro 'Los perros', del dramaturgo argentino Nelson Valente, es un drama para cuestionarse si se es feliz o no, dice el actor y productor.

En la pieza, Rodrigo invita a sus padres Emilio y Alicia a celebrar el cumpleaños 40 de Laura, su esposa, quien odia los festejos. (Foto: Especial)
Ciudad de México /
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Ignacio Riva Palacio sostiene que la obra Los perros es un drama para cuestionarse si se es feliz o no. “La humanidad está terminando en eso, en hablar de perros, del clima, de las series, y ya, pero ya no hablamos de cómo estamos como personas, y eso es muy desesperanzador”, dice el actor y productor.

Sobre su tercera temporada desde 2024, ahora en el Teatro Milán, Riva Palacio cuenta a MILENIO que estaba seguro de que la pieza de Nelson Valente sobre una familia y dos generaciones “iba a resonar”.

“Valente es uno de los autores más famosos e importantes en Argentina. Yo ya había traído otra obra de él en 2014, El loco y la camisa, por eso sabía que Los perros iba a resonar en el público mexicano. Es un gran dramaturgo con el que también estudié en Argentina mientras trabajaba en Disney”, recuerda.

En la pieza, Rodrigo invita a sus padres Emilio y Alicia a celebrar el cumpleaños 40 de Laura, su esposa, quien odia los festejos. El suegro acapara la reunión con sus anécdotas gastadas de perros; Alicia se concentra en beber. Entonces Laura, que luce incómoda, en especial por Emilio, cuenta una experiencia que tuvo en el metro cuando un indigente la confrontó. Y así la comedia da paso al drama.

“¿Es esta la vida que quiero?”, “¿en qué momento la elegí?”, “¿quién me preguntó si así quería vivir?” son las preguntas que denotan las frustraciones y aspiraciones de cada uno de estos cuatro personajes.

Bajo la dirección de Cristian Magaloni, Los perros arrancó su nueva temporada el 24 de julio pasado, con funciones de viernes a domingos, hasta el próximo 13 de septiembre. Sofía Álvarez y Paloma Woolrich se alternan el papel de Alicia, la madre; Marco Treviño se integra al elenco como Emilio, el padre; Paula Watson, premiada por su papel de la cumpleañera Laura, regresa a él; y Riva Palacio y José Ramón Berganza comparten al personaje de Rodrigo, el esposo de Laura e hijo de Alicia y Emilio.

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Productor de la obra con Hanna Berumen, Riva Palacio (1984) estaba entrando a su década de los 40 y encontró que el texto habla de las crisis existenciales personales y familiares de la madurez y vejez.

“Y justamente cuestionarme si me gustaba mi vida o no fue lo que me enganchó de Los perros; me parecía que me estaba hablando a mí directamente el texto y me dije: 'Ay, esta obra está escrita de mí y de mi familia. Y como me pasó a mí, le pasa a todo el mundo; se identifican con los personajes y es cuando los asistentes a la obra dicen: 'Parece que están escribiendo de mi familia, de mí mismo'.

“Y en cuanto leí esta catarsis que tiene Rodrigo hacia el final, que empieza a sacar todas las verdades y todas las frustraciones y los sueños no cumplidos en sus 40 años, parecía que lo decía yo. El compararnos, el no estar contentos con nuestras parejas, con nuestros trabajos, con nuestras familias... Hablaba de temas muy universales, por eso que decidí traer esta obra a México”, explica Riva Palacio.

Los personajes se cuestionan: “¿Es esta la vida que quiero?”. (Foto: Especial)

—¿Qué cambiaría si el indigente dijera a Rodrigo, en vez de a Laura, que su vida es una mierda?

Se hubiera negado absolutamente; habría atacado intenso al indigente; se hubiera molestado, tal vez hasta se habría agarrado a golpes con él, yo qué sé, por una negación absoluta de una realidad que lo confronta. Creo que Rodrigo habría reaccionado como cuando Laura le cuenta toda su historia: con una negación absoluta, de manera violenta. Él es tan conservador y tan arraigado a sus valores y tan controlador, que no habría permitido que alguien le hubiera dicho: “Tu vida es una mierda”. En cambio, Laura no lo echa en saco roto y se pregunta si el indigente tiene razón, si su vida sí es una mierda.

—Justamente las dos mujeres adoptan una actitud muy distinta a la de los dos hombres en Los perros. ¿Qué buscaba el dramaturgo con esa confrontación generacional, de sexos, familiar, en una historia existencial?

Valente toma varios arquetipos de la sociedad y, por más que sea esta historia original en Argentina, habla de todas las comunidades y civilizaciones del mundo en cuanto a que el hombre quiere mantener su patriarcado, como lo hace el papá. Él quiere hablar y hablar y ahora sí que ser vocero de todas las noticias, todos los percances; el papá quiere hablar y que todos lo escuchen. Y el hijo, que no le gusta que el padre sea el protagonista de todas las reuniones y que siempre hable y hable y hable, quiere mantener todo ordenado, que su esposa esté bien, que su mamá no esté tomando. Y la mamá se ve reflejada de joven cuando Laura empieza a hablar, le empiezan brillar los ojos porque dice que su nuera está verbalizando todo lo que ella ha querido decir durante 40 años; para Alicia es un salvavidas.

El texto habla de las crisis existenciales personales y familiares de la madurez y vejez. (Foto: Especial)

—¿Y por qué le toca a Laura encarnar ese rol?

Laura representa a todas las personas. No tiene que ver con hombres o mujeres, sino con todas las personas que se atreven y que son valientes de cuestionarse si son felices o no con su vida. Y si no son felices, ¿qué van a hacer con su vida? Porque una vez que se contestan esa pregunta, ya no se pueden hacer los ciegos y los sordos, no puede voltear hacia otro lado. Laura vio la puerta abierta y va a tener que hacer algo con ello. Por eso me parece que Los perros también habla mucho de las nuevas generaciones que estamos pegados al celular, que toda la vida va muy rápido, que no nos clavamos a fondo en temas importantes y humanos y trascedentales, sino que todo tiene que ir muy rápido, como las historias de Instagram: rapidito, masticadito y al pie. Lo importante de Los perros es la crítica a la vida de hoy, a que ya no somos individuos, sino parte de un sistema que nos está arrastrando y que no podemos frenarnos. Es lo triste de la humanidad hoy. ¿Y qué hacemos? Hablamos de los perros.

—La obra encierra mucha violencia. Pero es una violencia oculta, la doméstica, no es la que vemos todos los días en las calles, en las noticias. ¿Cómo valora usted esta violencia familiar?

Sí, es una historia violenta en el sentido de que la violencia no tiene que llegar a ser física, pero verbalmente y psicológicamente hay una violencia que se ejerce entre nosotros, del padre al hijo, del padre a la madre, de Rodrigo a Laura. Y hay una violencia porque ahora sí que cuando la sociedad o la gente nos pregunta: “¿Cómo estás?”, siempre contestamos: “Bien, estoy bien”. Es automático. Es la respuesta automatizada y aceptada. ¿Y qué pasa cuando alguien te responde: “No estoy bien”. Uy, hay algo mal, se está saliendo del huacal. ¿Qué hacemos? Intentamos esconderlo, taparlo, callarlo, mandarlo al otro cuarto. Esto no se permite fuera, ni en la familia ni en la sociedad.

“Y esa esa la violencia principal de la obra: no permitir a las personas ser quienes son y tratar de callarlas, esconderlas, taparlas, silenciarlas. Esa es la violencia que se ve mucho en Los perros. Y resulta choqueante para el público verse identificado con este tipo de violencia verbal, de la familia. Pero es necesario retratarla en el teatro, que la gente se dé cuenta que estamos hablando de ellos, de sus vidas. La obra, al final, ya no es tan comedia, la gente se ríe durante una hora 25 minutos, pero los últimos 10 minutos ya no ríe, ahí les cae el 20 de que ellos también están en el mundo de Los perros”.

'Los perros' arrancó su nueva temporada el 24 de julio pasado, con funciones de viernes a domingos. (Foto: Especial)

—Se habla de familias “disfuncionales”. Pero, después de Los perros, ¿hay alguna que no lo sea?

Sí, completamente. Ahí sí concuerdo: no hay familia funcional, todas tienen sus cosas, todas, absolutamente. Y, por eso: vengan a ver Los perros, porque ahora sí que no se tienen que sentir mal de que su familia sea rara, disfuncional, caótica. No, aquí ahora sí que con Los perros se darán cuenta que no están solos, que así son todas las familias: disfuncionales y que no hay familia perfecta. ¿Y por qué no cuestionarse que en familia podemos cobijarnos y ser quienes podemos y queremos ser, porque eso es lo que ya no se nos permite en el mundo, afuera de tu casa? Ya no se te permite ser quien eres, pero adentro de tu casa tendría que ser un lugar seguro y amoroso para poder ser quienes somos realmente. Y eso es a lo que también te invita Los perros, a que, por lo menos en tu casa, seas quien quieras ser.

—Los personajes de Los perros son muy infantiles. ¿Cómo juega la madurez en la familia?

Cuando uno madura tiene que tomar el rol que le corresponde dentro de la familia. Y eso es lo que no sucede en esta familia: nadie ocupa su lugar. El papá no es el papá, la mamá no es la mamá, la esposa definitivamente no es la esposa, y Rodrigo, pues menos. Y nos estamos volviendo viejos, mas no sabios. Y esa es la crisis. No me he hecho responsable de mi propia vida, ni de mis propias decisiones, ni de quién soy yo. Ahí empieza toda la avalancha de emociones y es como una bola de nieve que va creciendo hasta que explota como una olla express. Se tienen que hacer responsables; por tanto, madurar. Tienen que dejar de ser infantiles, y de hacer berrinche y de quejarse nada más y de no hacer nada activamente para cambiar su situación, eso respondería al infantilismo de los personajes.

La pieza de Nelson Valente aborda las crisis de una familia y dos generaciones. (Foto: Especial)

—Y usted que trajo la obra a México, dígame: ¿dónde están los perros? No hay perros en la obra.

Exacto. No hay perros, no se hace referencia a que tienen perros; entonces estamos hablando de fantasmas, de cosas muertas, de seres que nos alegraron la vida un momento y se fueron. Ahora no los tenemos. ¿Y por qué no tenemos perros si tan felices somos con perros? Es algo que también tiene esta obra: que todo el tiempo están en la añoranza de esa época o esos lugares donde fueron felices. Pero aquí, en este presente, en este lugar, no están siendo felices; están densos, están tristes, están cabizbajos, gastando mucha energía en cosas que no. Y, pues, sí, ¿dónde quedaron los perros? ¿Quién sabe? En el pasado, en esa época donde supuestamente fuimos felices, pero ya no lo somos.

—En la obra la gente se ríe mucho, pero la verdad es que es muy desesperanzadora.

Sí, completamente. Y me parece que el 99 por ciento de las personas que han estado en esa situación, terminan como termina Los perros. Y sí es desesperanzador, la verdad. La humanidad está terminando en eso, en hablar de los perros, del clima, de las series, y ya, pero no hablamos de cómo estamos nosotros como personas. Y eso es muy, muy desesperanzador. Pero, bueno, el autor utiliza el humor como vehículo para llegar a las personas y que no sea tan traumático ir al teatro y ver esta historia.

PCL

  • José Juan de Ávila
  • jdeavila2006@yahoo.fr
  • Periodista egresado de UNAM. Trabajó en La Jornada, Reforma, El Universal, Milenio, CNNMéxico, entre otros medios, en Política y Cultura.

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