Saber que le otorgarán la Medalla Bellas Artes 2026 conmovió a Carlos Converso Prato (1947) como quien ve recompensada una vida entregada al asombro. En la categoría Teatro, el creador la recibirá este 24 de julio.
Argentino de nacimiento y mexicano por decisión desde 1983, Converso Prato festeja su residencia en el país, y su trabajo creativo forjado en Xalapa, Veracruz, donde encontró el espacio propicio para transformar la tradición del títere en un lenguaje adulto, crítico y profundamente humano.
En entrevista con MILENIO, el creador, actor, titiritero, dramaturgo y productor, dice "yo soy argentino pero naturalizado mexicano, llevo 50 años aquí, y también en este 2026 cumplo 40 de radicar en la ciudad de Xalapa, luego de vivir 10 en la Ciudad de México”.
Su carrera, entre la docencia, la creación escénica, la búsqueda incesante de conexión con el público, y fundación del Centro de Estudios en el Arte de los Títeres, confirma que el teatro de títeres no es un mero entretenimiento, es una herramienta de reflexión, sátira y mirada moral sobre la condición humana.
Converso Patro, quien ha desarrollado una prolífica labor como maestro en múltiples talleres sobre el lenguaje de los títeres y sus técnicas en numerosas ciudades del país, confiesa que sigue emocionándose por la posibilidad de sorprender y provocar, y reconoce en colegas, alumnos e instituciones las manos que le han permitido sostener un trayecto artístico que ahora la México le reconoce.
“Esta distinción significa aceptar que hay un valor en una carrera que desarrollé a lo largo de los años, que reconoce un mérito en el que está implícita la idea de que los artistas tenemos una utilidad social”, dice Converso Prato, apasionado de la enseñanza teatral, quien se resiste a dejar la docencia en la Facultad de Teatro de la Universidad Veracruzana.
¿Por qué decidió vivir en Xalapa?
En aquellos años a principios de los 80, éramos una familia con hijos pequeños. Estábamos un poco desgastados por la Ciudad de México y todas las cosas que obligan a vivir en una gran urbe. Entonces decidimos irnos a una ciudad más tranquila, con intención de que nuestros hijos vivieran en un ambiente más sano, y empezamos a ver posibilidades.
"Tampoco nos queríamos ir demasiado lejos de la capital del país, por lo que Xalapa era una opción bastante viable, con un ambiente cultural muy importante con varias manifestaciones artísticas. En el momento en que nos vinimos a Xalapa, digamos que mi especialidad, los títeres, combinados con la actuación, resultaban una novedad, por lo que, fue un sitio muy favorable para desarrollar toda mi actividad".
Usted sigue dando clases. ¿Qué le han enseñado sus alumnos sobre la vida?
Ya debería estar jubilado, pero disfruto dar clases porque me llena de satisfacción. Empecé a impartir clases en la Universidad Veracruzana, y desde entonces ha sido una experiencia muy satisfactoria. Hoy en día, ya hay un buen número de exalumnos que están trabajando de manera profesional y que viven del arte. Entonces, para mí es muy grato comprobar que esa transmisión de conocimientos y de experiencias rindió frutos.
En una vida artística tan larga como la suya ¿hubo algún instante de duda?
Como en cualquier carrera, todas las personas tienen altibajos y momentos de duda, como yo los he tenido, pero una decisión contundente de decir ya no quiero hacer más esto y me dedico a otra cosa nunca me sucedió. Afortunadamente, siempre he sabido mantener viva esta idea de la creación artística, siempre me ha nutrido y me mantiene entusiasmado, vivo y apasionado.
¿Cuál ha sido el mayor aprendizaje de trabajar con títeres durante tantos años?
Desde un punto de vista técnico, diría que me ha dado poder de síntesis y una concreción en el trabajo, además de una mirada muy particular sobre el mundo. Con los títeres, con su humor y desparpajo, puedo expresarme libremente y hacer una interpretación cargada con una mirada sarcástica e irónica, al menos esa es la línea que sigo.
"Se ha convertido para mí en el medio, en el instrumento ideal para hablar sobre la realidad. Más allá de todos los logros y los tropezones que se puedan tener en la vida personal y social, es muy importante tener un juicio crítico sobre el mundo en que vivimos. Los títeres en gran medida son una caricatura del ser humano, que muestran los vicios y las virtudes de una manera muy descarnada o muy exagerada".
¿Qué le sigue emocionando del teatro?
Supongo que me sigue emocionando la posibilidad de entrar en contacto con el público y compartir un mensaje, para abordar temas diversos tratados desde la óptica del teatro de títeres y sus recursos. En ese intento de crear magia, de sorprender, de maravillar y de abordar cosas buenas y cosas terribles de las que hay que hablar y reflexionar.
Cuando le den la Medalla Bellas Artes, ¿a quién agradecerá?
Tengo que agradecer, obviamente al INBAL, la institución cultura;, a todas las personalidades y autoridades pertinentes, así como a los colegas y compañeros de ruta de viaje, porque yo creo que este camino no se hace solo. En estos 50 años, he recorrido este camino siempre acompañado, a veces de manera consciente y a veces sin darme cuenta, pero ahí están los que estuvieron en el pasado y los que están hoy.
"No hay que olvidar que en los 50 años que llevo viviendo en México, mis amigos, mis colegas y mi familia: mi esposa Adriana y mis hijos Andrea y Emilio, son los que me han permitido desarrollar mi propia carrera".
¿Qué le preocupa del presente cultural en México?
Me preocupa lo que a todos los que estamos en el mundo del arte y la cultura, por la importancia que le concedemos a las manifestaciones artísticas. Nos interesa entender las problemáticas sociales, procurar la belleza y la alegría de poderse maravillar, sorprender y favorecer también la reflexión y el juicio crítico.
"Los artistas estamos convencidos del poder que tiene el arte. Partimos de la idea de que el arte tiene que ser algo valorado por los políticos para hacerlo factible. Desgraciadamente, los políticos son un poco cerrados al respecto. Por ello, a lo largo de los años, siempre hemos estado luchando un poco por lo mismo".
¿Qué le dice al niño que fue?
Que no se equivocó, que anduvo por un camino bastante aceptable. Le agradecería a ese niño, al que siempre le encantó jugar y se maravilló con lo que iba descubriendo a través de los años. Hoy creo que sigo siendo en buena medida ese niño que sigue jugando.
BSMM