Los perros que salvaron mi vida es más que una obra, es un abrazo que se abre en escena para llegar hasta quienes más lo necesitan. Allí, entre palabras que curan y silencios que acompañan, Rufo, el perrito protagonista, le recuerda al público que la ternura existe incluso cuando todo parece roto. Su mirada, inspirada en Medusa, compañera real de Alan Blasco, autor de la obra, invita al público a reconocer la herida y a sostenerla con amor.
Cada función en El Círculo Teatral se vuelve un espacio de reparación de Los perros que salvaron mi vida, es una presencia canina que enseña a perdonar sin pedir nada a cambio. Y fuera del escenario, la urgencia continúa, ya que, en Calimaya, Toluca, más de 60 perritos tiemblan de frío y hambre esperando una mano que les regale alimento, medicinas y, sobre todo, un hogar que los cobije, dice Alan Blasco.
Dice que esta temporada convierte el teatro en una acción concreta al visibilizar, acompañar y recolectar recursos y croquetas para la Fundación El Amor de Atenas y el Refugio Dejando Huella.
“La obra es una autoficción que parte primeramente de una narrativa, de una novela que un amigo me invita a elaborar para su editorial, y le dije que tenía una deuda con muchos perritos. Pero a la mitad del proceso, me di cuenta de que esta historia servía para el teatro y le escribí a una amiga, le presenté el texto y decidimos llevarla a escena”.
Desnudando emociones
El dramaturgo dice que la obra “es una historia que nace de mis vivencias; la autoficción es un género en el cual he navegado, parte de los dolores por eso el texto sirve como un bálsamo para el sufrimiento, que combino con un mundo imaginario”.
También actor, Blasco agrega que la obra contribuye a conocer una historia que desnuda emociones y busca convertirse en parte de una red de cuidado.
“El teatro para mí siempre ha sido un espacio de curación. A través de lo que escribo me doy cuenta de que es un catalizador, una máquina que transforma el dolor y por medio de él hablo de las pérdidas que he tenido de gente que se ha ido y de mascotas, a las que yo considero estrellas fugaces”.
“Habito la ficción y esa voz se la doy al perro Rufo para que hable de las pérdidas y los dolores, así como de la salud mental y todo lo que repercute. Es satisfactorio ver cómo el público se identifica y comparte con los demás el mismo pantano, haciéndonos compañía, atravesando las tragedias. Ayudar es enseñarle a Rufo que su historia no fue en vano, es enseñarle al mundo que amar a un animal es también proteger su vida".
“La historia es narrada por Rufo, un perro mestizo, aunque está inspirada en mi perrita Medusa, que me ha acompañado por 10 años en esta montaña rusa que se llama vida. La obra hace alusión no sólo al dolor, sino a la pérdida en general y cómo este ser, a través de su mirada y su cosmos, tiene la capacidad cognitiva de un niño de dos a tres años, pero entiende lo que le sucede a su amo, a Aarón, mi alter ego en la ficción, lo cual es muy conmovedor”.
Las funciones serán los martes en El Círculo Teatral, donde se recibirán donativos que pueden marcar la diferencia. Salvar una vida puede ser tan sencillo como llevar una bolsa de croquetas, correas, camitas, o lo que se desee obsequiar.
Sentido social
Bajo la dirección sensible de Estefanía Norato y Abigail Pulido, y la música de Ana Tiaré, el equipo muestra cómo el amor animal puede ser un rescate mutuo.
“Es una obra con un enorme sentido social, fundé mi Fundación El Amor de Atenas en la primera temporada de esta puesta en escena, actualmente tengo un refugio en Calimaya, Toluca, llamado Dejando huella, que atiende a más de 60 perros rescatados, algunos de ellos con historias desgarradoras, uno de no tiene ojos porque se los sacaron y otros fueron objeto de violación sexual”, dice el dramaturgo.
La idea es que las personas lleven croquetas, o aporten lo que puedan, pero lo más importante es que difundan la causa. Porque cuando el teatro logra tocar lo profundo, no se queda en la butaca: sale a la calle, cruza caminos y llega al refugio que requiere de 450 kilos de alimento al mes, además de servicios veterinarios.
Blasco comenta que los boletos de las funciones se transformarán en alimento, techo, tratamiento y la posibilidad de una segunda oportunidad. Cada donación es un acto de justicia mínima para estos perritos.
“Vengo de una mala racha ya que no he podido, en ocho semanas, dar en adopción a ninguno. Lo bonito de esta obra es que les doy voz, por eso nos acompañan al teatro varios perritos del refugio, con la finalidad de fomentar la adopción y las donaciones económicas y en especie. Necesitamos de todo, pero a los perritos les encanta jugar con pelotas, por lo que sería un buen gesto que pudieran regalarles unas cuantas”.
Las funciones pet friendly son los martes a las 20:30 horas en El Círculo Teatral; la capacidad es de seis perritos por lo que hay que hacer cita en este recinto. Los boletos pueden comprarse en losperrosquesalvaronmivida.boletopolis.com.