La actriz Tania Mayrén interpreta a Luisa M en Lo que no cabe en una fosa vacía. El personaje es una mujer que llega a una escuela de natación como figura de orden y termina convirtiéndose en una pieza clave del desorden que muestra la historia, que se estrenará el día 30 en el Teatro El Milagro.
Mayrén define su rol como el de alguien que “llega a esta alberca y va escalando poco a poco hasta convertirse en gerente”, pero advierte que está atravesada por una compulsión que altera todo a su alrededor: “Luisa M tiene un problemita con las apuestas, esto va escalando y se convierte en parte sustancial de la vida de estos personajes”.
Desde esa perspectiva, encuentra en Luisa M una figura ambigua, ya que es antagonista pero también entrañable, divertida y profundamente humana, “he aprendido mucho de mi papel”.
Relata que Tomás es el protagonista, un exnadador profesional interpretado por Hamlet Ramírez, que enfrenta una crisis profunda tras la muerte de su padre, convencido de que su mala relación con él marcó el fracaso de su carrera y el vacío que arrastra. Su relación con Mirella, su hija, no es buena. Mientras todo a su alrededor se desmorona hasta llevarlo al límite, aparece un trampolín frente a una fosa vacía.
Esa combinación le da a la puesta en escena una tensión particular, porque el conflicto no nace de villanos planos, sino de personajes que intentan llenar un vacío interior con apuestas, juegos y pequeños escapes que terminan en ruina.
La llegada de la actriz al proyecto tuvo origen en una lectura dramatizada de la obra de Jimena Hinojosa, en la Fundación de las Letras Mexicanas. “De primera mano me conmueve, me atrae, me llama y me sumé al equipo para leerlo”. Así conoció a la autora y llegó a ser parte del elenco de la obra.
En ese recorrido, asegura, se dio cuenta de que la obra nació desde la emoción y el interés genuino de un equipo creativo.
Euforia fugaz
Explica que uno de los ejes más fuertes del personaje es la ludopatía. Mayrén relata que Luisa M “ compromete, con su adicción al juego, incluso su lugar de trabajo, y a la gente con la que colabora; su problema no afecta solo su vida individual, sino también el equilibrio de toda la alberca”.
La actriz investigó ese universo a partir de juegos de aplicación, el solitario, el póker y hasta las dinámicas de apuestas vinculadas con eventos como el Mundial. “Por un lado, el juego puede ser un medio de entretenimiento y diversión, pero cuando se excede, también se vuelve un problema que, como cualquier vicio, no afecta sólo a la persona que ejerce sino a quienes la rodean”.
Esa mirada le permite entender a Luisa M no como una caricatura, sino como alguien empujada por una necesidad real de evasión.
La obra también trabaja con la idea del vacío existencial, y Tania Mayrén lo asume como un eje fundamental de su trabajo.
“Hemos analizado a todos los personajes sobre cómo intentan llenar este vacío y en el caso de Luisa M, hemos encontrado que también es a partir del juego y de las apuestas, de esa sensación efervescente y de adrenalina”, refiere.
Sin embargo, esa euforia es fugaz: “Va a ganar, pero es instantánea y pronto se va y necesitas volverla a nutrir”. En ese sentido, la actriz ve a Luisa M como un personaje que vive de pequeñas descargas de energía para no enfrentar la falta que la atraviesa.
Mayrén también destaca que su trabajo no se reduce al texto, sino a la manera en que el personaje habita la escena, acompañada de las actuaciones de Hamlet Ramírez, Sunem Serrano Cedillo, Daphne Keller, Leonardo Zamudio, Carlos Fernández y Uriel Ledesma.
“Hay muchos momentos donde no estamos precisamente en diálogo; estamos habitando la escena y el espacio desde nuestro sentir y estar”.
Esa dimensión le permite construir una presencia escénica que dialoga con el vacío, el agua y la inmensidad visual de la obra. Para ella, la escenografía, el vestuario, la música y la iluminación construyen “una experiencia estética” que acompaña y potencia el trabajo actoral.
Desnudar el alma
Dice que la puesta en escena, producida por AM Producciones y realizada con el Estímulo Fiscal EFIARTES, se sostiene además en un equipo de mucha escucha y empatía. “Me quedo con el trabajo en equipo, creo que somos un equipo consolidado de mucha escucha, de mucha empatía”.
Esa confianza compartida, sostiene, se traduce en una obra que abraza al público y a los intérpretes por igual.
“Hemos podido desnudar el alma sin temor a no sentirnos en un espacio seguro”, añade, convencida de que esa energía se reflejará en cada función.
Al final, Tania Mayrén invita al público a acercarse a la obra como a una experiencia sensible y reflexiva: “es una obra que van a disfrutar muchísimo, que van a poder acompañarnos riendo, suspirando y reflexionando”.
En Luisa M, la actriz encuentra un personaje complejo, contradictorio y profundamente vivo, una mujer que apuesta para no hundirse, pero que termina revelando el mismo vacío que sostiene a todos los personajes de la historia.
La puesta en escena ofrecerá una breve temporada de 16 funciones de jueves a domingo del 30 de julio al 23 de agosto.