A ver, sin rodeos. Arabia Saudita se despidió LIV Golf. No es especulación: es un cambio de dirección. Y cuando el dinero saudí cambia de carril, no es capricho… es estrategia.
¿El nuevo destino? El FIFA World Cup 2034. Ahí se va a ir lo serio: infraestructura, ciudades, narrativa global. No es organizar un torneo, es rediseñar la imagen de un país ante el mundo. Y eso cuesta miles de millones.
Bajo ese contexto, lo de LIV se entiende. Fue un experimento caro —alrededor de 5 mil millones de dólares— que nunca terminó de justificar su inversión. Porque no resultó redituable por ningún lado. Sí alteró a PGA pero al final del día lo tradicional se mantuvo.
Pero hay un detalle que no se puede barrer debajo de la alfombra: en medio de ese ajuste hay nombres propios.
Dos mexicanos, concretamente: Carlos Ortiz y Abraham Ancer. Ellos apostaron por ese modelo. Se subieron a una liga que prometía estabilidad económica, calendario claro y exposición global sin la rigidez del circuito tradicional. Hoy, el escenario cambia.
¿Van a desaparecer? No.
¿Van a tener que adaptarse? Sin duda.
Porque cuando el dinero deja de fluir igual, lo primero que se ajusta no son los discursos, son las condiciones. Contratos, calendarios, proyección.
Ahora, la pregunta incómoda: ¿el siguiente deporte en la lista es el boxeo? No tan rápido.
El boxeo juega en otra lógica. Es más barato, más flexible y mucho más fácil de vender. No necesitas sostener una liga entera: con una o dos funciones bien armadas, haces ruido global.
Por eso no va a desaparecer del mapa saudí. Pero sí va a cambiar el tono.
Lo que viene no es un apagón, es un ajuste. Menos bolsas fuera de exorbitantes, más selección. Ya hay señales: el Grand Prix en Riad no se realizará (me lo confirmó Mauricio Sulaimán el martes de café pasado). El mensaje es claro: el dinero deja de ser infinito.
En ese nuevo escenario, nombres como Saúl Álvarez siguen siendo negocio. Su pelea ante Christian Mbilli en Riad se mantiene. Pero el criterio ya no es "se puede pagar", sino "vale la pena pagarlo".
Y aquí entra México.
Porque mientras Arabia ajusta, se abren oportunidades. Benjamín Salinas Sada, Vicepresidente del Consejo de Administración de Grupo Salinas, lo dijo así, sin matices en una entrevista para La Aficion durante la semana de LIV Ciudad de México.
"Hasta jugaría a favor nuestro, ¿por qué? Porque ha habido algunas peleas que no hemos tenido ni siquiera el derecho al tanto para participar y se han ido por plataformas, ¿por qué? Por acuerdos que hicieron allá en Saudi Arabia que ni siquiera nos enteramos. El hecho de que ahora tengan que ganar dinero en todas partes del mundo los obliga siquiera a voltearnos a ver".
Ahí está la lectura: si el dinero saudí se vuelve más exigente, el negocio se abre. Y cuando se abre, México vuelve a entrar a la conversación. Pero tampoco hay que romantizarlo. Sin ese respaldo desmedido, el boxeo regresa a su estado natural: negociaciones largas, egos que chocan, peleas que se caen.
Arabia no arregló al boxeo. Lo sostuvo. Y ahora que empieza a soltar, se nota.
Con otro actor esperando turno: Zuffa, atento, paciente… listo para meterse donde vea grietas. Pero atención también está auspiciado por los árabes, así que quizá también haya repercusiones en su organización, y lo que parecía una gran competencia para lo tradicional, como en su momento fue LIV para PGA también termine siendo tan sólo una ilusión.
Así que sí: Para el fondo de inversión el foco está en su Copa del Mundo 2034 y el golf ya lo sintió.
RGS