Ser papá, el motor de 'Toro' Reséndiz para defender su campeonato ante Jaime Munguía

Ambos mexicanos llegan a este combate en dos contextos distintos, aquí te lo contamos.

'Toro' Reséndiz y Jaime Munguía previo a su pelea en Las Vegas (Instagram @toro_resendiz1)
Ciudad de México /

La pelea del próximo 2 de mayo en la T-Mobile Arena de Las Vegas entre Armando Toro Reséndiz y Jaime Munguía en la que disputarán el título mundial supermediano de la AMB. En papel, un combate atractivo entre dos mexicanos en momentos distintos de su carrera. En el fondo, un choque de cargas internas que no caben en ninguna estadística.

Reséndiz llega como campeón, sí, pero sobre todo llega como alguien que apenas está entendiendo quién es fuera del ring.

Es una buena oportunidad, lo veo como una gran oportunidad para sobresalir, pero también es un compromiso, un reto fuerte”, dice sin grandilocuencia. 

No vende la pelea, la asume. Su récord lo respalda: más de veinte combates, una tendencia clara al nocaut, un estilo físico que justifica el apodo de Toro. Pero su boxeo no es desbocado. Hay contención. Hay disciplina. Como si cada golpe estuviera filtrado por algo más profundo que la pura adrenalina.

Y ese “algo” hoy tiene nombre propio. Hace unos días murió su tía Nelly. “Esta pelea también está dedicada para una persona muy especial, que es mi tía Nelly, que en paz descanse, ella fue mi nana cuando yo era niño. Yo quiero dedicarle esta pelea y que se sienta bien orgullosa, ¿no? Hasta el cielo”.

No lo dice como consigna. Lo dice con ese tono de quien todavía no termina de acomodar la pérdida. En el boxeo, ese tipo de duelos no se esconden. Se transforman.

Reséndiz atraviesa una etapa personal que, en otro contexto, podría ser distracción. En él parece motor. Acaba de ser padre.

“Me siento muy bendecido, muy motivado, mi niño, me siento feliz por ser papá. No sabía lo bonito que era hasta ahora que me toca vivirlo”.

Y lo dice con una naturalidad que contrasta con el entorno. En un deporte donde el ruido vende, él apuesta por el perfil bajo. “A mí me gusta mantener un perfil bajo, no soy mucho de mostrarme, pero me gusta siempre ser respetuoso. No quisiera algún día ser un mal ejemplo, ahora veo muchas cosas diferente”.

No hay personaje. Hay una línea clara: pelear bien, vivir mejor, y no perder el piso. Quizá por eso la frase que le dejó su tía pesa tanto. “Entre más va creciendo el éxito, también la responsabilidad con Dios es más grande, hay que dar mejor ejemplo”. Eso no se entrena en el gimnasio. Eso se carga.

Del otro lado está Jaime Munguía. Y su historia es menos contemplativa y más urgente.

Después de su derrota en 2024, su carrera entró en ese territorio incómodo donde ya no basta con haber sido promesa. Munguía necesita recuperar narrativa. Volver a instalarse como figura de élite en las 168 libras. Tiene herramientas: volumen de golpeo, experiencia en escenarios grandes, un récord sólido que no se construyó por casualidad. Pero también carga con la presión de no volver a fallar en el momento clave.

Mientras Reséndiz habla de plenitud, Munguía pelea por reconstrucción. Y eso cambia todo. Hay un punto donde las estadísticas dejan de explicar una pelea. Este es uno de esos casos. Reséndiz asegura que no siente presión.

Estoy disfrutando todo esto, estoy peleando contra los mejores. Soy una persona que apenas va iniciando y creo que tengo mucho por ganar”.

No suena a frase de manual. Suena a alguien que realmente cree que no tiene nada que perder. Esa es una posición peligrosa para cualquiera que tenga enfrente.

Porque mientras uno pelea desde la necesidad (y Munguía la tiene) el otro lo hace desde la convicción.

Y cuando esa diferencia se instala, el combate deja de ser técnico para volverse emocional. La T-Mobile Arena verá intercambios, potencia, momentos de tensión. Pero lo verdaderamente determinante no estará en la cantidad de golpes conectados.

 “Quisiera dedicarle todas mis peleas a mi familia, que se sientan orgullosos. Esta también está dedicada para mi bebé, que vea que se puede luchar por los sueños”, mencionó Reséndiz 

Munguía sube con la obligación de no ceder otro capítulo. Uno quiere honrar. El otro necesita recuperar. Y en el boxeo, cuando esas dos fuerzas se encuentran, el resultado rara vez es ordinario. Porque hay peleas que se ganan en las tarjetas. Y hay otras que se pelean desde un lugar mucho más incómodo: ese donde el golpe no es lo que más pesa.

JEYR














  • Olga Hirata
  • Olga Hirata no cubre historias: las desnuda. Periodista deportiva incisiva, ve más allá del marcador y escribe desde la grieta humana. No busca agradar, busca verdad—y la dice sin anestesia.

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite