Un 21 de agosto pero de hace siete años, en el 2019, murió Celso Piña a los 66 año en Monterrey luego de sufrir un infarto.
Pero hay personajes que, aunque se van, dejan su música sonando en lugares donde quizá nunca imaginaron y Celso Piña dejó la suya en una tribuna de futbol.
Porque Celso era rayado. No de esos aficionados de ocasión que se ponen la camiseta cuando hay fiesta. Lo suyo con Rayados era parte de esa identidad regiomontana que llevaba prácticamente tatuada. Y el futbol terminó encontrándose con su música.
En 2014, Celso Piña se juntó con La Adicción y llevó su acordeón hasta las entrañas de la afición de Monterrey. Tomaron El Tano Pastita y lo transformaron en un canto para Rayados. Entonces pasó algo curioso.
El acordeón que durante décadas había acompañado cumbias, barrios, fiestas y noches de Monterrey comenzó a sonar también entre bombos, banderas y miles de aficionados.
Celso había dejado de ser solamente espectador, se había convertido en parte de la banda sonora de La Pandilla.
Después llegó otra escena que hoy parece inevitable, pero que entonces tenía algo de especial: la inauguración del Gigante de Acero. La nueva casa de Rayados abrió sus puertas y Celso Piña estuvo ahí. Con su acordeón, por supuesto.
Interpretó Somos Rayados y volvió a mezclar dos cosas que parecían distintas, pero que en Monterrey siempre estuvieron mucho más cerca de lo que cualquiera pudiera pensar: música y futbol.
Porque eso era Celso. Un hombre que convirtió una mezcla de ritmos en identidad y que terminó encontrando en Rayados otra manera de hablar de su ciudad.
Por eso hoy, siete años después de su muerte, recordarlo desde el deporte no es una ocurrencia.
Es recordar a un hombre que entendió algo que los aficionados conocen perfectamente: que hay equipos que se apoyan y hay equipos que forman parte de quién eres.
Celso Piña fue músico, fue barrio, fue Monterrey y también fue rayado.
Por eso quizá la mejor manera de recordarlo hoy no sea con silencio, es con música.
¡Qué suene el acordeón! Y que, aunque sea por unos minutos, vuelva a sonar aquella vieja voz de Celso Piña mezclada con la de una tribuna que nunca dejó de sentirlo como uno de los suyos.
Y a todos sus fans. ¡Suena, suena y emociona!
CIG