El lunes 2 de noviembre, durante el encuentro entre el CD Tenerife y el FC Andorra, una disputa por el balón terminó con la muerte de Jesús de Miguel, delantero madrileño de 30 años.
El marcador estaba 2-2 y el partido entraba en tiempo añadido cuando Jesús Owono, guardameta visitante, salió de su área para disputar el balón. Ambos futbolistas chocaron y De Miguel quedó inconsciente. Reportes indicaron que la rodilla del portero impactó en el pecho del atacante.
Los servicios médicos ingresaron al campo y atendieron al delantero durante varios minutos. Owono recibió tarjeta roja directa y el encuentro fue suspendido.
De Miguel fue trasladado al Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria. Durante el trayecto sufrió un paro cardiorrespiratorio, pero los servicios de emergencia consiguieron recuperar su pulso mediante maniobras de reanimación.
Ingresó en estado crítico. Aunque inicialmente se informó que permanecía estable dentro de la gravedad, su condición neurológica empeoró durante la madrugada.
El CD Tenerife confirmó su fallecimiento a las 8:00 horas del martes 3 de noviembre y aunque hasta el momento no hay una causa oficial de su muerte, aquí te decimos qué es lo que puedo haberle pasado al jugador.
Cuando el daño no se detiene con el impacto
Un traumatismo craneoencefálico es una lesión que altera la estructura o el funcionamiento del cerebro por una fuerza externa. No siempre requiere un golpe directo en la cabeza: una aceleración, desaceleración o rotación brusca también puede provocar lesiones internas.
El cerebro se encuentra protegido por el cráneo, las meninges y el líquido cefalorraquídeo, pero esa protección tiene límites. Durante una colisión violenta puede desplazarse dentro de la cavidad craneal y sufrir daños.
Entre las lesiones posibles están las contusiones cerebrales, las hemorragias y la lesión axonal difusa, que afecta las conexiones entre las neuronas y puede provocar pérdida de conciencia o coma.
También puede aparecer edema cerebral, una inflamación que aumenta la presión dentro del cráneo y compromete funciones esenciales.
El daño puede continuar después del golpe. En medicina se distingue entre lesión primaria, producida durante el impacto, y lesión secundaria, que puede desarrollarse posteriormente mediante inflamación, alteraciones del flujo sanguíneo y aumento de la presión intracraneal.
En el caso de De Miguel, otro factor fue el paro cardiorrespiratorio.
Cuando el corazón deja de bombear sangre, el cerebro pierde el suministro de oxígeno. Las neuronas son especialmente vulnerables a esa interrupción y pueden sufrir una lesión hipóxico-isquémica, incluso si posteriormente se recupera la circulación.
Por eso, recuperar el pulso no significa necesariamente recuperar la función cerebral.
Es importante precisar que no se ha divulgado un informe médico completo que permita establecer qué lesiones específicas sufrió De Miguel. Estos mecanismos explican las complicaciones posibles, pero no constituyen un diagnóstico de su caso.
Recuperar el pulso no significa recuperar la conciencia
El corazón y el cerebro dependen uno del otro, pero su recuperación no siempre ocurre al mismo tiempo.
Después de un paro cardiorrespiratorio, la reanimación puede restablecer la circulación. Sin embargo, si el cerebro permaneció demasiado tiempo sin recibir suficiente oxígeno, algunas lesiones pueden resultar irreversibles.
La gravedad depende de factores como la duración de la interrupción circulatoria, la rapidez de la atención y el daño provocado por el traumatismo inicial.
Esto permite entender por qué una persona puede recuperar el pulso y continuar inconsciente, incluso presentar un deterioro neurológico horas después.
La tragedia de Tenerife expone una realidad que pocas veces aparece en las transmisiones: sobrevivir al impacto inicial no garantiza superar sus consecuencias.
FCM