M+.- Durante años esperaron a un costado de la cancha mientras sus esposos, novios o amigos entrenaban futbol para ciegos. Escuchaban el sonido de los cascabeles escondidos dentro del balón y las indicaciones de los entrenadores. Hasta que un día dejaron de conformarse con observar desde afuera.
—¿Por qué no también nosotras?— se preguntaron.
De esa inquietud nació hace una década Leonas Jalisco, el único equipo femenil de futbol para mujeres con discapacidad visual en el estado.
Sobre el césped sintético de la Unidad Deportiva No. 7 Héroes de Chapultepec, del Consejo Municipal del Deporte de Guadalajara (Comude), las Leonas posan antes de iniciar el entrenamiento.
Cuatro futbolistas con discapacidad visual portan el uniforme del equipo: playera en tonos lila y blanco con el escudo de Leonas Jalisco en el pecho y el logotipo de Fondo Semillas al frente, short blanco y calcetas negras hasta las rodillas.
Dos de ellas llevan colocado el antifaz negro que utilizan durante los partidos oficiales para igualar las condiciones de juego entre todas las competidoras.
Lo que comenzó como la iniciativa de un pequeño grupo de amigas terminó convirtiéndose en un proyecto que impulsa el crecimiento del futbol para ciegas en México y que llevará, por primera vez, a dos jaliscienses a vestir la camiseta de la Selección Nacional en la Copa Americana que se disputará en septiembre, en Sao Paulo, Brasil.
Durante diez años han entrenado sin reflectores, cambiando constantemente de canchas prestadas, reuniéndose después del trabajo, sorteando la falta de material deportivo y luchando para que esta disciplina fuera reconocida oficialmente.
"Este equipo empezó con la iniciativa de un grupo de amigas, que son mis compañeras y yo. La mayoría teníamos novios que practicaban futbol para ciegos. Un día dijimos: ¿por qué no? Nosotras también podemos jugar y también queremos hacerlo", relata a MILENIO Mary Venegas, una de las fundadoras.
Actualmente, el equipo mantiene una base integrada por Mary, Marichuy, Lolis y Lupita, además de la portera Ania y su entrenador, Carlos Mechaca. Algunas jugadoras han llegado y otras se han marchado, pero el proyecto sigue en pie gracias a quienes decidieron permanecer desde el inicio.
El oído reemplaza a la vista
Para quienes nunca han visto un partido de futbol para personas ciegas, la dinámica parece difícil de imaginar. No hay miradas siguiendo la trayectoria del balón. Aquí el oído sustituye a la vista.
Las futbolistas utilizan un antifaz para igualar las condiciones de juego. El balón lleva cascabeles en su interior y siempre debe rodar sobre el césped para que el sonido nunca desaparezca. La cancha está rodeada por bardas que mantienen el eco dentro del terreno de juego.
Pero el sonido más importante es una sola palabra.
"Nosotros, en todo momento, tenemos que decir 'voy, voy, voy', para que el rival y nuestras compañeras nos ubiquen y no tengamos algún accidente", explica María de Jesús Íñiguez, mejor conocida como Marichuy.
Mientras juegan, las futbolistas deben escuchar al mismo tiempo el balón, las indicaciones del entrenador, la voz de la portera, el guía ofensivo, a sus compañeras y a las rivales.
"El oído tenemos que desarrollarlo bastante bien porque debemos escuchar a nuestro entrenador, a las contrincantes, a nuestras compañeras y a nuestra portera".
Lo que para cualquiera parece imposible, para ellas terminó convirtiéndose en una nueva manera de entender el futbol.
Donde desaparecen los límites
Mary Venegas descubrió que la cancha era uno de los pocos espacios donde la discapacidad dejaba de sentirse como un límite.
"Lo que más me gusta de este deporte es que dentro de la cancha una persona con discapacidad visual se siente libre. Puedes correr sin que te estén guiando o sujetando. Puedes correr a tu manera y a tu ritmo".
Esa sensación de independencia es la que la mantiene entrenando desde hace diez años.
"Me gusta mucho toda la independencia que te da, el poder moverte dentro de la cancha y jugar futbol, porque el futbol es universal. Los ciegos también podemos practicarlo".
Su vida transcurre entre el comercio, donde tiene negocios propios, y los entrenamientos junto con sus compañeras. Está casada y, además de prepararse para representar a México, continúa buscando recursos para que el equipo pueda entrenar.
La principal necesidad hoy no es el viaje a Brasil.
Son los balones.
"Actualmente no tenemos balones para entrenar. Los que tenemos ya no están en buenas condiciones y esa es, ahorita, la principal necesidad del equipo", comparte.
El futbol como forma de vida
Marichuy nació con aniridia, una condición hereditaria que afecta el iris de los ojos. Desde pequeña, el futbol estuvo presente en su hogar.
"En mi casa siempre hubo carritos, yoyos y futbol. Yo era la única mujer entre nueve hermanos".
Aunque comenzó practicando atletismo, después pasó al golbol, al judo y nuevamente regresó al deporte adaptado. Ahí conoció a Mary y al resto de las pioneras.
Cuando supieron que en Jalisco existía un equipo varonil de futbol para ciegos, decidieron acercarse.
"Fuimos a verlos jugar, nos gustó, les pedimos que nos enseñaran. Después hicimos un grupo de WhatsApp y empezamos a agregar más chicas".
Hoy divide sus días entre distintos entrenamientos deportivos. Sale de casa desde las siete de la mañana y regresa hasta la noche.
"Para mí el futbol es pasión. Es amor. Yo amo jugar futbol".
Del rechazo a la pasión
La historia de Dolores Pacheco parece escrita con ironía.
Antes detestaba el futbol.
"Yo era antifutbol. Decía: 'yo no me quiero casar con un futbolista'".
La vida terminó llevándola precisamente a casarse con uno. Mientras esperaba a su esposo durante los entrenamientos, comenzó a convivir con el resto de las mujeres y terminó formando parte del equipo desde su nacimiento.
Hoy juega como defensa y reconoce que el mayor reto fue vencer el miedo.
"Soy muy miedosa. Me daba miedo chocar"
Sin embargo, cada entrenamiento transformó ese temor.
"Es una sensación de libertad porque estás corriendo y haciendo cosas que a lo mejor nunca imaginaste"
Fuera de la cancha es madre de dos niñas, trabaja y también practica natación. Sus hijas crecieron rodeadas de balones, torneos y conversaciones de futbol.
"La pequeña, que tiene cinco años, ya dice que su ídolo es Messi".
Dolores nació con discapacidad visual, al igual que su madre.
"Mi mamá nunca nos puso barreras. Nos enseñó que no pasa nada si no ves. Lo que quieres hacer, lo puedes lograr".
Nuevas generaciones
Hace apenas dos meses, Laura Guadalupe Guzmán se incorporó al equipo.
Durante años practicó lanzamiento de disco, jabalina y bala, además de otros deportes adaptados para personas ciegas. Nunca había jugado futbol.
Hoy todavía busca la posición donde mejor pueda desenvolverse.
"Es un gran reto. Respeto mucho y admiro a mis compañeras porque es un deporte donde estás corriendo y utilizando mucho más la voz y los oídos".
Estudia Relaciones Internacionales en la Universidad de Guadalajara y preside una asociación deportiva.
Para ella, el deporte también representa una herramienta frente a los problemas de salud mental.
"Hoy existen muchas enfermedades relacionadas con la salud mental. Creo que es importante que todas las personas realicen alguna actividad física".
La voz que guía
En la cancha hay tres personas que pueden ver: la portera, el guía de medio campo y el guía ofensivo.
Una de ellas es Ania Naveja.
Llegó hace poco más de tres años invitada por el entrenador Carlos Mechaca, con quien había compartido la portería en la Universidad de Guadalajara.
Venía del futbol convencional y descubrió que aquí debía cambiar por completo su manera de jugar.
"Yo tenía que adaptarme a ellas"
Como portera, también es la voz que orienta a las defensas.
"Las tengo que ordenar. Tengo que decirles de dónde viene la contraria. Todo el tiempo ellas están escuchándome"
Ania también fue convocada a la selección mexicana que disputará la Copa Americana.
"Me siento orgullosa de ser parte de la selección mexicana, pero me siento mucho más orgullosa de que ellas puedan representar al país teniendo una condición de ceguera o discapacidad visual"
Diez años picando piedra
Durante mucho tiempo únicamente existían dos equipos femeniles en todo el país. Poco a poco comienzan a surgir nuevos proyectos en otras entidades.
Las jugadoras de Leonas Jalisco saben que buena parte de ese crecimiento también es resultado de una década de insistencia.
"Hemos estado picando piedra desde hace diez años", resume Dolores.
Mary coincide.
"Hemos luchado para que a nivel nacional haya competencias, para lograr que este deporte sea federado. Gracias a Dios ya lo conseguimos"
Esa lucha tendrá su primera gran recompensa en septiembre.
Por primera vez existirá una selección mexicana femenil de futbol para ciegas y dos integrantes de Leonas Jalisco vestirán la camiseta nacional en Brasil.
Mientras el mundo concentra su atención en el futbol convencional, ellas continúan entrenando cada miércoles y viernes en la Unidad Deportiva Siete Héroes de Chapultepec, escuchando el sonido del balón que rebota entre las bardas.
Porque para ellas el futbol nunca ha dependido de la vista.
Ha dependido del oído, de la perseverancia y de la decisión de demostrar que una discapacidad visual nunca ha sido suficiente para dejar de perseguir un sueño.
MC