Si la Época de Oro del cine mexicano tuvo sus "vírgenes" y sus "mujeres fatales", Ana Luisa Peluffo representó una categoría propia: la de la mujer que reclamó la propiedad de su propio cuerpo frente a la cámara.
Su legado es el de una artista que, armada con una belleza escultórica y una formación internacional, decidió que el arte no debía pedir permiso a la moral de su tiempo. Ella fue una de las figuras más emblemáticas del entretenimiento.
El desnudo como declaración de independencia
En 1955, con 'La fuerza del deseo', Peluffo no solo mostró piel, también desnudó las hipocresías de una sociedad que consumía erotismo en privado pero lo condenaba en público. Mientras la organización de 'Liga de la Decencia' se escandalizaba, ella mantenía una postura elegante y calmada.
Nunca permitió que su imagen cayera en lo explícito. Sus desnudos eran tratados bajo una estética pictórica, casi como si una obra de Diego Rivera o Modigliani hubiera cobrado vida en el celuloide.
Fue una mujer que entendía el cine como una extensión de las artes plásticas, una visión que trajo de sus estudios de danza y su exposición a la cultura europea y estadounidense.
A diferencia de otras estrellas que quedaron atrapadas en un solo arquetipo, Ana Luisa demostró una complicidad profesional asombrosa; éstas fueron algunas de las contribuciones que dejó a la industria del entretenimiento:
- Brilló en cintas de alto presupuesto junto a las grandes figuras de la época.
- Incursionó con éxito en el cine de terror mexicano, donde su presencia aportaba una sofisticación necesaria para el género.
- Su paso por el cine de ficheras y, posteriormente, por las telenovelas de horario estelar, resultó clave en su carrera y le dio mayor vista entre la audiencia.
Ana Luisa Peluffo fue la transición necesaria entre la mujer abnegada del cine de los 40 y la mujer liberada de la década de los 70. Fue el puente entre el mito y la realidad física.
El perfil de Ana Luisa Peluffo se alza como el de una pionera de la libertad de expresión corporal. Más allá del escándalo inicial queda la imagen de una actriz culta, valiente y dueña de una trayectoria de más de medio siglo que nunca se dejó amedrentar por el "qué dirán". Fue, en esencia, la primera mujer en el cine mexicano que se atrevió a decir que la belleza natural no necesita disculpas.
KVS