El punk no se limita a la música. Para Ian Richard Hodgkinson, también es una manera de ser libre: cambiar las reglas, expresarse sin pedir permiso, subir el volumen y hacer comunidad.
Y es una filosofía que lo acompañó mucho antes de que la gente lo vitoreara bajo el alias de Vampiro, un personaje que, paradójicamente, durante años cubrió a quien realmente era.
“Cuando era luchador no hubo un momento posible de ser orgánico, auténtico; fue creada la imagen de rompecorazones, que está chida pero nunca fui yo”, cuenta Hodgkinson a MILENIO tras presentar el pasado 3 de octubre El mundo a través de mis ojos, una conferencia vivencial con la que explora una nueva faceta frente a sus fans.
Ahora, lejos de la presión del cuadrilátero y las exigencias del personaje, el canadiense atraviesa un gran momento: “Estoy creciendo, disfrutando, creando cosas. Es la mejor etapa de mi vida. Es la primera vez en décadas que estoy feliz, estoy amando la vida como nunca”.
La vida después del ring
Durante décadas, Ian Hodgkinson y Vampiro parecían ser la misma persona: el personaje gótico —la pintura facial blanca, el cabello largo y desaliñado, y la personalidad provocadora— cimentó una figura a lo The Crow que trascendió la lucha libre.
Aunque el costo fue alto: en 2019 hizo público un diagnóstico de Alzheimer, pero afortunadamente luego explicó que fue mal diagnosticado. Desde entonces ha ahondado en las secuelas físicas y psicológicas acumuladas tras décadas de golpes y lesiones.
Esto lo llevó, en 2024, a despedirse del ring con una gira por México, aunque su relación con la lucha no desapareció por completo ("Todavía tengo algo que ver con ella por mi empresa en Italia").
“Estoy chido en este momento. Aunque mi salud, tal vez... físicamente estoy bien lastimado, es difícil a veces caminar, o la memoria. Pero no es una pelea, estoy acostumbrado. Hoy en día, simplemente estoy contento de estar vivo”
Espiritualidad, trauma y una nueva manera de mirar
En los últimos años, Hodgkinson ha profundizado en la psicología y distintas formas de espiritualidad: “Siento que tenía que enfrentar cosas en mí, mis traumas. Y no hay ningún curso por internet que me va a sanar”.
Confiesa un elemento crucial en su proceso: observar a personas que admira y convertir sus enseñanzas en práctica. Ahorita, por ejemplo, estudia en línea con una persona vinculada a la cultura Shaolin.
“La oscuridad o la luz son percepciones, palabras. Yo soy quien soy. (...) Son tiempos difíciles, que es diferente, pero solo voy para adelante”, comenta, y luego compara la búsqueda espiritual con sintonizar una estación de radio: a veces hay ruido y otras aparece la frecuencia correcta.
Desde este enfoque, más introspectivo, Hodgkinson también cambió su relación con el ego, el estrés y las sustancias: “Amo que tengo casi 60 años pero me siento como púber, amo mi libertad, ya no tengo corajes, ya no ocupo sustancias para dormir, no tengo estrés, preocupaciones”.
El punk, una actitud
Los Ramones, Sex Pistols, The Clash, Stray Cats e Iggy Pop sorprendieron a Vampiro en su adolescencia, acercándolo a un movimiento que para él siempre tuvo que ver más con la actitud que con una estética o etiqueta.
“Como estaba presente en la primera ola de punk, en esos tiempos era tener libertad de expresarse diferente, cambiar la moda; jóvenes sin dinero que no querían estudiar música por ocho años, sino hacer algo divertido”, dice el también miembro honorario de The Misfits y fundador de Droch Fhoula.
Por eso observa con cierta distancia el punk contemporáneo, donde encuentra hasta “uniformes” para pertenecer; él prefiere experimentar, expandirse y gritar antes que homogenizarse.
“Mi cantante favorito, Iggy Pop, tiene 79 años. ¿Crees que tiene algo que ver con alguien de 19? A lo mejor no, pero en la energía, la rebeldía, sí. Y esa es mi escuela”.
Del ring al micrófono
Aunque todavía mantiene vínculos con la lucha y amistades que forjó entre las cuerdas, Hodgkinson ya no se plantea volver al cuadrilátero: “Nunca quise seguir en la lucha para ganar dinero rápido. (...) Ahora quiero extender Vampiro: en la radio, en el podcast y ahora en un escenario dando una conferencia”.
La conferencia del 3 de octubre, titulada El Mundo a través de mis Ojos —The World Through My Eyes—, nació inspirada parcialmente en un espectáculo que Mike Tyson presentó en Las Vegas.
Pero quiere alejarse del formato tradicional: "Gente irá por curiosidad o morbo, pero no es una plática motivacional tradicional, sino una experiencia".
Y de paso hablar de la responsabilidad que implica usar un micrófono, sobre todo en una época de violencia, polarización y exposición constante: “Hay una gran responsabilidad si vas a tener un micrófono frente a ti. Hay una gran responsabilidad si tomas una decisión”.
Sin embargo, esta etapa no se trata de ponerse como ejemplo ni convertirse en un gurú: "Los veo de ‘Qué chingón, vamos adelante’. No estoy enfrente o atrás, estoy a su lado".
Al cierre de la charla con MILENIO, Vampiro reitera su gusto por expandirse en distintos formatos desde la sinceridad; ya no necesita un cuadrilátero para sentirse vivo: “El podcast y la radio me dieron otra vida. Ahí voy a ser inmortal para siempre. Amo que ya no tengo un ego frenándome de ser una persona amable".
hc