El Teatro Juárez, el máximo recinto Cervantino, fue testigo de cómo la orquesta filarmónica de la UNAM, con el rigor musical que la caracteriza, marcó el pulso que se respiró durante la velada.
Con intención y fuerza, Sylvain Gasançon condujo a la orquesta que desplegó sus contrastes dinámicos, las texturas, las cuerdas y el viento de manera dinámica.
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Poniendo especial énfasis en los planos sonoros y en la dosificación del dramatismo, el director de orquesta logró que los cambios fueran claros, y ofreció un equilibrio entre la tradición académica y la frescura de la interpretación, que arrancó una sentida ovación del público.
La atmósfera se transformó con la presencia de Lukas Geniušas al piano. Desde las primeras notas dejó claro que domina la técnica con la que dialogó con los integrantes de la OFUNAM.
Con un control absoluto del tempo y gran virtuosismo, hizo que los pasajes más vertiginosos sonaran delicados.
El clímax emocional se vivió en el Teatro Juárez con su solo de piano: el Concierto para piano núm. 4 en sol mayor, Op. 58 de Beethoven, obra compuesta entre 1805 y 1806 y estrenada por el compositor en 1807, pieza que se hizo famosa por comenzar con el piano solo, una novedad para su época.
La potencia de la interpretación de Geniušas quedó en evidencia, pero porque no se limitó a tocar sino que prácticamente conversó con la OFUNAM: creó un versátil vínculo con la percusión, las cuerdas y los vientos.
El clímax emocional llegó cuando detonó la ovación más larga de la noche. El público regresó al pianista cuatro veces al escenario. Y Geniušas se llevó en el corazón los aplausos prolongados, los bravos repetidos y a algunos espectadores de pie, que no dejaban de aplaudir.
El resultado de esa noche fue un encuentro artístico redondo: con una batuta suave, una orquesta consolidada y un solista que conectó sin estridencias, el director ofreció una lectura equilibrada, al priorizar la textura y el fraseo en esta noche cervantina.
El programa dirigido por Gasançon estuvo conformado por un repertorio sinfónico tradicional, enriquecido con la creación contemporánea mexicana, incluyendo Breves sombras, de Ana Lara, obra que le fue comisionada por la UNAM en el 2022 con motivo de la conmemoración de los 250 años del nacimiento de Ludwig van Beethoven.
Durante el concierto ofrecido en el marco del 90 aniversario de la OFUNAM, también se interpretó la Octava sinfonía de Antonín Dvořák, escrita en 1889 tras su ingreso a la Academia de Bohemia y estrenada en 1890 bajo su dirección.