Un parque, una banca y varios niños jugando: esa era la escena habitual en la calle Brasil, en la colonia Renovación, del municipio de San Francisco del Rincón, localizado en el surponiente de la zona metropolitana de León, Guanajuato.
Un espacio pequeño, sencillo, pero lleno de vida. Sin embargo, la noche del lunes todo cambió en segundos, cuando hombres armados llegaron y dispararon sin importar quién estaba presente.
Entre los menores estaba Pablo, de tan solo 12 años, quien, después de escuchar detonaciones de arma de fuego, salió corriendo a su casa.
Pasaban las 20:30 horas cuando la escena de alegría se transformó en una de terror. Tras las detonaciones, los presentes —la mayoría niños— solo intentaban protegerse.
Este ataque dejó a un hombre de 36 años sin vida y a 10 personas lesionadas, entre ellas nueve menores de edad de entre cinco y 16 años. Además, se reporta un joven de 23 años en estado grave.
El relato de un niño que sobrevivió al ataque
Pablo no habla como un adulto. Platica con MILENIO como lo que es: un niño. Pero sus palabras son directas, sin adornos, y en su voz se siente el impacto de lo que vio.
“Yo estaba sentado con mi hermano, yo estaba platicando con la señora de al lado, estábamos muy bien”.
Estaba en el parque frente a su casa, donde él mismo asegura que normalmente se sienta, juega y convive, como cualquier niño.
Pablo recuerda que primero escuchó un ruido que no identificó con claridad. Apenas pasaron unos segundos cuando alguien reaccionó antes que él: un amigo lo tomó del brazo y lo jaló, como si su instinto le dijera que lo que venía era peligroso.
“Y cuando empezaron a oír… oímos como molinos y fue cuando un amigo me agarró… me agarró mi brazo para que no me pegaran a mí”, contó.
Después, dice que levantó la mirada y vio a los responsables del ataque.
“Eran dos. Uno se bajó de la moto y sacó un cuerno de chivo y fue cuando nos dispararon sin razón”.
Recuerda que no hubo palabras ni advertencias. Solo disparos.
La frase “sin razón” es la que más repite. Y quizá por eso es la que más pesa. Porque Pablo insiste en que los disparos no fueron dirigidos a una sola persona, sino hacia todos lados, sin importar que en el parque había menores de edad.
“Fue para todos lados. Como se agarraron el arma… le daban a todo y a todos”.
De los juegos al pánico
El parque se convirtió en una zona de pánico. Los niños que estaban jugando comenzaron a correr, los gritos se mezclaron con las detonaciones y la gente buscó refugio donde pudo.
Pablo alcanzó a ver a una persona que estaba sentada cuando comenzaron los disparos.
“Llegaron y le dispararon, fue cuando yo me metí a la casa ya y me puse a llorar”.
El niño no intenta explicar la violencia. No busca justificar nada. Solo cuenta lo que vio. En su relato se siente el miedo de alguien que no entendía por qué estaba pasando eso en el lugar donde normalmente jugaba.
Ya en su casa, seguía escuchando el ruido afuera, el caos y los gritos.
Recuerda que mientras corría sintió un ardor en la espalda. No sabía por qué. Solo le ardía. Ya con su familia, al revisarlo, se dieron cuenta de que tenía pequeñas marcas, puntos rojos, provocados por esquirlas de bala. No fueron heridas graves.
Pero fue suficiente para entender que estuvo a milésimas de segundo de ser alcanzado por una bala.
El niño asegura que no le duelen esas heridas leves en la espalda, pero lo que sí le pesa es lo que vio y escuchó: balazos, gritos, corredero de niños y la imagen de dos hombres disparando como si nadie importara.
Impactos de bala y un parque vacío
En la colonia Renovación, el parque sigue ahí. Los juegos siguen puestos. La banca donde Pablo estaba sentado probablemente sigue en el mismo lugar. Pero para él ya no es lo mismo. Para él ya no es un parque. Es el sitio donde una noche común se convirtió en una pesadilla.
Pablo recuerda que todo ocurrió demasiado rápido, pero también hay detalles que se quedaron grabados cuando el miedo se instala: el ruido de las motocicletas, la forma en la que los hombres se movían, el sonido seco de las detonaciones y el instante en el que dejó de ser un niño sentado en una banca para convertirse en alguien que solo pensaba en sobrevivir.
En el recorrido realizado por MILENIO, los vecinos no solo mostraron temor, también enojo, pues en la colonia Renovación los hechos violentos ya no son sorpresa: son una amenaza constante.
Tras este hecho, hay fachadas, puertas y ventanas que quedaron marcadas por impactos de bala. Ningún niño visitó el lugar. Ahí se quedó congelado el miedo.
Esto ocurrió a tan solo 25 días del ataque registrado en un campo de futbol en el municipio de Salamanca, donde 11 personas fueron asesinadas, lo que ha incrementado la preocupación por la violencia en espacios públicos donde antes predominaba la convivencia.
Vecinos denuncian ataques constantes
Juana, vecina del lugar y abuela de Pablo, relató que en la colonia siempre ha existido la presencia de pandillas y que, aunque el ambiente suele ser tranquilo, la inseguridad ha crecido con el paso del tiempo.
“Es tranquila, los niños y todo, pero ya hay mucha pandilla. Siempre ha habido mucha pandilla”, aseguró.
La mujer explicó que cuando sucede un hecho violento, las patrullas llegan, se instala vigilancia algunos días y después todo vuelve a la normalidad, hasta que ocurre otro ataque.
“Nada más nos mandan vigilancia unos días y ya después nos la quitan y vuelve a pasar otra vez lo mismo”, lamentó.
Juana fue contundente al señalar que este tipo de situaciones no son nuevas en el parque de la calle Brasil.
“No, con esta ya van cuatro veces”, aseguró, al referirse a ataques armados ocurridos en la zona en meses anteriores.
Recordó que el último hecho similar fue en noviembre del año pasado y que incluso llegó a escuchar detonaciones en plena mañana.
“No, no, no, son puros balazos que vienen y les avientan a los chamacos que están ahí”, dijo, dejando en claro que en la zona se ha vuelto común que lleguen sujetos armados y disparen sin importar la presencia de menores.
Juana relató que la noche del ataque había muchos niños porque en la zona se realizan actividades religiosas.
“Los días martes les dan doctrina a los niños, como aquí está el templo, y les dan la doctrina a los niños en la noche y pues sí había muchos niños”, aseguró.
Su nieto le contó cómo los agresores se colocaron en distintos puntos para abrir fuego.
“Dice que llegaron dos y estaban allí en la esquina, uno en la esquina y otro acá de este lado, y fue cuando tiraron así nada más”, relató.
Sin detenidos; 10 lesionados, la mayoría menores
De acuerdo con el alcalde de San Francisco del Rincón, Alejandro Antonio Marún González, hombres armados llegaron hasta el parque y dispararon, sin que hasta el momento se hayan dado más detalles sobre el motivo del ataque.
MILENIO acudió al lugar donde ocurrió la agresión. A simple vista, el parque luce vacío, como si hubiera sido abandonado de golpe.
Ya no hay rastros visibles de sangre, pero el escenario todavía conserva señales de lo ocurrido. En el recorrido se observaron impactos de bala en al menos dos viviendas ubicadas justo enfrente del parque, algunos en portones metálicos y otros más en paredes de ladrillo.
Son perforaciones que no solo dañaron propiedades, sino que evidencian que las balas cruzaron el espacio sin control, alcanzando incluso las casas.
En el área de juegos también se observaron unos tenis abandonados, aparentemente nuevos, tirados en el suelo, como si alguien los hubiera perdido en medio de la desesperación por correr y ponerse a salvo. Un detalle pequeño, pero brutal: la prueba silenciosa de que en ese parque hubo gritos, carreras y miedo.
Sobre el estado de salud de las víctimas, autoridades municipales señalaron que de los 10 lesionados, tres fueron dados de alta horas después del ataque. Mientras que la Fiscalía General del Estado informó en un comunicado que seis personas habrían sido dadas de alta.
Por su parte, la Secretaría de Salud del Estado de Guanajuato informó que activó desde el primer momento atención médica y psicológica para las víctimas, en especial para niñas, niños y adolescentes.
El reporte médico detalla que en el Hospital General de Purísima del Rincón fueron atendidos un joven de 15 años que se reporta estable, así como una adolescente de 14 años, además de un niño de 8 y otro de 9 años, y una niña de 11 años, quienes ya fueron dados de alta.
En el Hospital General de León se atendió a un menor de 5 años que se reporta estable y a un joven de 23 años, quien se encuentra en código rojo.
Mientras tanto, en el Hospital Comunitario de San Francisco del Rincón se atendió a un joven de 16 años que se reporta estable, al igual que un menor de 11 años.
Este miércoles, después del ataque, el parque permaneció vacío. Los vecinos pasan rápido. Nadie se queda a platicar afuera. Las familias prefieren mantener a sus hijos dentro de casa. En el lugar donde antes se escuchaban risas, ahora solo queda un silencio pesado.
Los tenis abandonados en el suelo siguen ahí, como una postal de la prisa, del miedo y de la noche en la que un parque dejó de ser un lugar seguro. Los impactos de bala en las fachadas de las casas, visibles en portones y paredes de ladrillo, son un recordatorio permanente de que las balas no distinguieron y pudieron haber entrado a cualquier hogar.
HCM