• El milagro de la orina y el estiércol en el norte: gracias a bisontes, Cuatro Ciénegas reverdece y vuelven pumas, linces y pecaríes

  • La reintroducción de bisontes en Cuatro Ciénegas impulsa la recuperación de suelos, pastizales y ciclos del agua, mientras pumas, linces y pecaríes regresan al territorio.
Coahuila. /
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M+.- Primero llegaron los bisontes. Después comenzaron a aparecer los pastos, los escarabajos, los pecaríes, el lince y hasta el puma.

A casi un año de la llegada de los primeros bisontes americanos a la reserva El Santuario, en Cuatro Ciénegas, en el norte de Coahuila, el proyecto de restauración ecológica comienza a mostrar resultados que van mucho más allá de la reproducción de la especie: el paso de estos grandes herbívoros por el territorio ya está contribuyendo a recuperar suelos degradados, favorecer la germinación de pastos, aumentar la fertilidad de la tierra y mejorar las condiciones para la infiltración del agua.

Pero ¿por qué un animal puede provocar tantos cambios en un ecosistema?

La respuesta está en la manera en que vive y se desplaza el bisonte. Al caminar por el territorio, sus pezuñas rompen y remueven la superficie de suelos que durante años han permanecido compactados; al alimentarse, modifica la vegetación y, con su orina y estiércol, devuelve nutrientes a la tierra.

Ese movimiento constante comienza a reactivar procesos que habían perdido intensidad. Las semillas que permanecían en el suelo encuentran mejores condiciones para germinar, las plantas vuelven a cubrir superficies que antes estaban desnudas y sus raíces generan nuevos espacios para que el agua pueda penetrar.

El estiércol, además, no permanece simplemente sobre la superficie. Los escarabajos estercoleros o peloteros lo procesan y lo entierran, incorporando nuevamente nutrientes al suelo y favoreciendo su fertilidad y microbiología.

Así, el bisonte no solamente come pasto: mueve nutrientes, modifica el suelo, dispersa y favorece procesos de regeneración y, poco a poco, ayuda a reconstruir las condiciones que permiten que otros organismos vuelvan a ocupar el territorio.

Ayuda que llegó del cielo


Las lluvias registradas este año hicieron más evidente ese proceso. Donde antes predominaba el suelo desnudo y compactado, comenzaron a brotar pastos cuyas semillas ya estaban ahí, pero que no habían encontrado las condiciones necesarias para desarrollarse.

El efecto también comienza a observarse en la fauna. Conforme aumentan la vegetación, los recursos disponibles y las condiciones para retener agua, el territorio vuelve a ofrecer alimento y refugio para distintas especies.

Es una reacción en cadena: el bisonte modifica el suelo; el suelo permite que brote más vegetación; la vegetación favorece a los herbívoros; los herbívoros generan alimento para depredadores y todo el sistema comienza, lentamente, a recuperar parte de su funcionamiento natural.

“Es un efecto muy importante y muy evidente”, explicó Gerardo Ruiz Smith, director de la Fundación Pro Cuatrociénegas, al señalar que conforme los grandes herbívoros vuelven a ocupar el territorio, se generan nuevas condiciones que hacen que el ecosistema resulte nuevamente atractivo para otras especies.

El paisaje comienza a reverdecer

En la reserva existen diferentes especies de pastos perennes propios de la región y algunas de las zonas que anteriormente presentaban suelo desnudo y compactado comienzan a mostrar nuevamente cobertura vegetal.

Ruiz Smith confirma que una de las claves se encuentra en el comportamiento natural del bisonte.

El pisoteo de sus pezuñas, la orina y el estiércol modifican las condiciones físicas y biológicas del suelo. A esto se sumó durante la temporada seca una estrategia de alimentación complementaria mediante alfalfa, colocada de manera selectiva en áreas donde prácticamente no existía vegetación.

El resultado comenzó a hacerse evidente después de las lluvias.

“El impacto del bisonte a través de las pezuñas y la fertilidad permite que esas nuevas plantas empiecen a brotar y cubran estos suelos donde anteriormente no había cobertura vegetal”.

La importancia de este proceso va mucho más allá de que el paisaje se vea nuevamente verde.

Cuando el suelo está desnudo y compactado, el agua de lluvia tiene dificultades para penetrar. Una parte importante termina desplazándose superficialmente, generando escorrentía, erosión e incluso inundaciones.

En cambio, cuando el terreno recupera vegetación, las raíces comienzan a ocupar nuevamente el suelo y crean espacios que permiten una mayor infiltración.

El pisoteo de sus pezuñas, la orina y el estiércol modifican las condiciones físicas y biológicas del suelo.| Fotos: Fundación Pro Cuatrociénegas.

De esta manera, cada nueva planta representa también una pequeña pieza dentro de un sistema que puede contribuir a retener el agua.

El bisonte llegó y detrás comenzaron a regresar otros habitantes

La transformación no se observa solamente en el suelo.

En entrevista con MILENIO, Ruiz Smith reveló que las cámaras trampa instaladas en el predio han documentado especies que no habían sido registradas durante los últimos tres o cuatro años de monitoreo, entre ellas el puma, el gato montés o lince y una manada de pecaríes.

Para el especialista, estos registros representan uno de los resultados más alentadores del proyecto, porque muestran que la reintroducción del bisonte no se limita a recuperar una especie que históricamente formó parte de estos ecosistemas, sino que puede funcionar como un detonador para que otras especies regresen de manera natural.

Uno de los resultados más sorprendentes del proyecto ocurrió lejos de la manada de bisontes.

Las cámaras trampa comenzaron a registrar especies que no habían aparecido durante los últimos tres o cuatro años de monitoreo permanente de la fauna.

La primera fue un puma dentro de la reserva del santuario.

Posteriormente, se documentó la presencia de un gato montés o lince y también una manada de pecaríes, otra especie nativa de gran relevancia ecológica.

Para la Fundación, estos registros pueden considerarse una especie de “reintroducción natural”. Nadie trasladó a esos animales hasta el santuario. Llegaron por sus propios medios.

Y, más importante aún, comenzaron a aparecer de manera recurrente.

“Ya no solamente los vemos una vez, sino que los empezamos a ver de manera regular en las cámaras, como si ya se hubieran decidido a instalarse, a mudarse a esta reserva”, explicó Ruiz Smith.

Las condiciones que se encuentran en el territorio ayudan a explicar este fenómeno.

La presencia de manantiales naturales proporciona agua; el crecimiento de los pastos y otras plantas ofrece alimento para los herbívoros; mientras que la existencia de venado bura, venado cola blanca y pecaríes crea nuevas fuentes de alimento para depredadores como el puma, el lince y el coyote.

Todo eso va como bola de nieve, generando más y más condiciones para que la fauna pueda regresar, retornar y la biodiversidad pueda ir aumentando de forma natural”.
El regreso de los bisontes también comienza a consolidarse dentro de la propia manada.| Foto: Fundación Pro Cuatrociénegas.

Ocho crías nacen de manera natural

El regreso de los bisontes también comienza a consolidarse dentro de la propia manada.

El proyecto comenzó con la llegada de tres bisontes provenientes del Museo del Desierto durante el verano de 2025 y posteriormente, en noviembre del mismo año, se incorporaron otros 44 ejemplares, con lo que se conformó una manada destinada a participar en el proceso de restauración de los ecosistemas del Santuario de Cuatro Ciénegas.

Ahora, casi un año después de aquel primer arribo, la reproducción natural y los cambios observados en el terreno comienzan a ofrecer una primera radiografía de lo que puede representar el regreso de esta especie para uno de los ecosistemas más importantes y frágiles del norte de México.

Uno de los primeros indicadores positivos fue la temporada de nacimientos.

Las hembras adultas que llegaron preñadas dieron a luz a ocho crías, todas en condiciones naturales y sin requerir asistencia humana, algo que para la Fundación Pro Cuatrociénegas representa precisamente el comportamiento que se esperaba de una especie que conserva buena parte de sus instintos silvestres.

Ruiz Smith explicó que la mayoría de las hembras trasladadas al santuario eran todavía jóvenes, de aproximadamente uno a un año y medio de edad, por lo que únicamente aquellas que ya habían alcanzado la madurez reproductiva tuvieron crías durante esta primera temporada.

Los ocho bisontes jóvenes se encuentran bajo monitoreo y observación constante y, hasta ahora, su evolución ha sido favorable.

Las crías continúan alimentándose de la leche materna, pero paulatinamente han comenzado a pastorear, con lo que también empiezan a cumplir el papel ecológico que se busca recuperar con la presencia de los bisontes.

Los escarabajos también regresan al ciclo

Otro de los fenómenos que han llamado la atención durante el monitoreo es la presencia de diferentes especies de escarabajos estercoleros o escarabajos peloteros.

Estos insectos tienen una función particularmente importante dentro del ecosistema.


Después de que los bisontes depositan su estiércol, los escarabajos comienzan a procesarlo, forman pequeñas bolas y las entierran en el suelo para utilizarlas como parte de su ciclo reproductivo.

Ese comportamiento también tiene consecuencias positivas para la tierra.

Los nutrientes contenidos en el estiércol dejan de permanecer únicamente sobre la superficie y son incorporados nuevamente al suelo.

Con esto se favorecen procesos relacionados con la fertilidad, la microbiología del suelo y, posteriormente, el crecimiento de las plantas.

Así, el bisonte comienza a convertirse en una especie que mueve nutrientes de un punto a otro del ecosistema y activa procesos biológicos que habían perdido intensidad.

Las hembras adultas que llegaron preñadas dieron a luz a ocho crías.| Fotos: Fundación Pro Cuatrociénegas.

El objetivo: recuperar la recarga de los acuíferos

La recuperación de la vegetación y la fertilidad del suelo forman parte de un objetivo todavía mayor: recuperar los ciclos del agua.

Cuatro Ciénegas es reconocido por la importancia de sus manantiales y sistemas acuáticos, por lo que la recuperación de la capacidad del suelo para absorber y retener agua constituye uno de los objetivos principales del proyecto.

Ruiz Smith explicó que la presencia del bisonte busca contribuir a recuperar ciclos naturales que permitan que las lluvias cumplan una función ecológica e hidrológica.

La intención es que una mayor cantidad de agua pueda infiltrarse en el terreno en lugar de convertirse rápidamente en escorrentía.

“Esa es la misión principal que tiene el bisonte en este territorio: regenerar estos ecosistemas y regenerar los ciclos de agua eficientes”.

El proceso, sin embargo, no es inmediato. La restauración ecológica requiere tiempo y ocurre a una velocidad diferente a la de las actividades humanas. Por ello, una de las expectativas de la Fundación Pro Cuatrociénegas es que, conforme el suelo recupere cobertura vegetal y densidad de raíces, las lluvias generen cada vez menos efectos negativos.

Las lluvias mostraron el largo camino de la restauración

No obstante, el proceso no ha estado libre de dificultades.

Hace aproximadamente dos meses, una lluvia de gran intensidad provocó inundaciones y una fuerte corriente de agua en distintas zonas.

La precipitación evidenció que los suelos todavía se encuentran en una etapa inicial de recuperación.

En algunos arroyos y caminos se registraron problemas de erosión y también daños en determinados cercos y accesos.

Ruiz Smith explicó que una restauración ecológica no puede transformar en cuestión de meses las condiciones de un territorio que durante años ha sufrido procesos de degradación y compactación.

“Este proceso va empezando y toma su tiempo; es una evolución al ritmo de la naturaleza”.

La expectativa es que con cada ciclo de regeneración del suelo aumente su capacidad de absorber el agua.

Es decir, la lluvia seguirá siendo intensa cuando se presente un evento extraordinario, pero un ecosistema más saludable tendrá mayores herramientas naturales para procesarla.

El bisonte como detonador de la restauración

Para la Fundación Pro Cuatrociénegas, este es precisamente uno de los aspectos más importantes del proyecto.

El objetivo no consiste únicamente en mantener una población de bisontes dentro de un espacio protegido.

La apuesta es utilizar una especie que históricamente formó parte de estos ecosistemas como una herramienta para activar procesos naturales que permitan que el propio territorio comience a restaurarse.

En lugar de intentar controlar cada componente del ecosistema, la estrategia consiste en generar determinadas condiciones y permitir que la naturaleza continúe el proceso.

“Nos parece la mejor forma de regeneración: la misma naturaleza”, explicó Ruiz Smith.

La llegada del bisonte funciona así como un detonador. Su presencia modifica el suelo, redistribuye nutrientes, favorece la germinación, crea condiciones para otros organismos y puede ayudar a recuperar los ciclos del agua.

A partir de ahí, otras especies pueden encontrar nuevamente las condiciones necesarias para regresar.

El bisonte apenas lleva unos meses de regreso, pero sus huellas ya comienzan a quedar marcadas en el ecosistema.| Fotos: Fundación Pro Cuatro

Primero fueron tres bisontes. Después llegó una manada de 44 ejemplares más. Ahora hay ocho crías nacidas de manera natural, pastos que vuelven a brotar donde antes había suelo desnudo, escarabajos que procesan el estiércol y nutrientes que regresan a la tierra.

Y, mientras el suelo comienza a reverdecer, las cámaras trampa cuentan otra parte de la historia: pumas, linces y pecaríes que no habían sido registrados en años comienzan a aparecer nuevamente.

El bisonte apenas lleva unos meses de regreso, pero sus huellas ya comienzan a quedar marcadas no solamente en el paisaje, sino en el funcionamiento mismo del ecosistema de Cuatro Ciénegas.

El regreso de un animal que alguna vez formó parte natural de este territorio empieza así a convertirse en algo más grande: una señal de que, cuando se recuperan los procesos naturales, el propio ecosistema puede comenzar a reverdecer, florecer y llamar de vuelta a sus antiguos habitantes.


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  • Alejandro Castañeda Alvarado
  • Reportero de a pie; egresado de Ciencias de la Comunicación de la FCPyS -UAdeC. Criado entre La Laguna y Zacatecas; hincha de Santos, músico frustrado y contador de historias desde la trinchera del periodismo.

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