El aroma inconfundible a tierra mojada y tallo fresco, y entre los surcos el dorado habitual del cempasúchil empieza a surgir. A unas semanas de que los panteones de México se vistan de gala para el Día de Muertos, los campos de la localidad de Monterrey, en Lerdo, viven horas de incertidumbre
Las lluvias atípicas y las ráfagas de viento no tuvieron piedad. A más de cuatro productores de la zona el clima les "acamó" la siembra, lo que representa un término campesino que suena suave, pero que representa una pesadilla. Significa ver cómo la flor, pesada por el agua, cae de golpe a la tierra, dejando los tallos caídos y deteniendo la floración.
"El agua nos atrasó totalmente", lamenta Gustavo Villegas López, un hombre con manos que conocen la tierra desde niño. Con 61 años de edad y la memoria viva de su padre, quien sembraba estas mismas tierras hace más de siete décadas y que sin duda como él mismo lo mencionó “somos historia, somos tradición”, Don Gustavo camina entre los surcos mirando sus cultivos. Con un balance que afecta, calcula que entre 2.5 y 3.5 hectáreas se vinieron abajo entre sus compañeros, lo que se traducirá en aproximadamente un 15% menos de producción.
Donde debían cosecharse 4,000 manojos por hectárea, hoy la expectativa roza apenas los 3,000. Y el golpe es doble pues el frío y la humedad retrasaron el crecimiento de los capullos justo en un punto crucial.
Producir la flor del Día de Muertos no es asunto de última hora, sino que es un ritual que requiere paciencia. El cempasúchil que en náhuatl significa “flor de veinte pétalos” así como la mano de león exigen su propio proceso desde julio y agosto.
"El campo es noble, pero se sufre", murmura Don Gustavo. "Uno quisiera tener los campos abiertos, cuajados de flor, listos para rendir, pero con el tiempo no se puede. Contra el clima no mandamos".
A pesar de las pérdidas, el orgullo de estos productores no se dobla. De estas tierras lerdenses sale la flor que adornará altares no solo en la Comarca Lagunera, sino en destinos lejanos como Ciudad Juárez, Monterrey, Saltillo, Tamaulipas y Zacatecas. Y para cuidar el bolsillo de las familias que honran a sus muertos, los floricultores aguantan el precio: el manojo se mantendrá firme entre los 25 y 28 pesos.
Entre los cerca de 50 floricultores censados por el municipio, desde el que siembra tres hectáreas hasta el pequeño campesino, hay cierta calma gracias a la credencialización que les permite transportar su cosecha sin contratiempos por los caminos de la región y que representa un apoyo del gobierno municipal.
Además, Monterrey se ha convertido en una postal viva. Entre el imponente Cristo Señor de los Pobres, sus formaciones rocosas y los campos encendidos en tonos anaranjados y púrpuras, el poblado atrae a cientos de visitantes para tomarse una fotografía.
Sin embargo, Don Gustavo hace un llamado a los ciudadanos.
"A partir del 25 de octubre la flor estará hermosa y las puertas están abiertas. Solo le pedimos a la gente que pida permiso antes de entrar. Ahorita que la flor está acamada, si la pisan, me la terminan de matar. Dejen un espacio, respeten el surco... aquí los recibimos con los brazos abiertos".
Hoy, los productores de Monterrey piden que permanezca el sol en los últimos 15 días pues la flor necesita esa luz dorada para que el cempasúchil abra a tiempo, resucite de la tierra y vuelva a pintar de amarillo la fiesta del 02 de noviembre.
Productores de La Laguna destacan la calidad única del cempasúchil criollo
Los Floricultores de la Comarca Lagunera como Gustavo Villegas destacan la resistencia y calidad del cempasúchil criollo nativo de la región, el cual ha sido adaptado al clima local a lo largo de 75 años mediante un continuo perfeccionamiento de sus semillas. De acuerdo con el productor, esta variedad supera en abundancia y grosor de pétalos al cempasúchil cosechado en entidades tradicionalmente florícolas como Oaxaca, Michoacán y Puebla.
Explicaron además que, mediante un riguroso proceso de selección manual enfocado en conservar las floraciones más anaranjadas, han logrado cosechar ejemplares considerablemente más esponjosos y frondosos.
La genética de la misma planta mantiene vivas variaciones tonales que van desde los amarillos hasta los naranjas más encendidos, reafirmando el valor de la flor como un orgullo agrícola de la Laguna de cara a las festividades tradicionales.
dahh.