Un dolor suspendido, la otra batalla que enfrentan familiares de personas desaparecidas

La ausencia de un ser querido deja a las víctimas indirectas atrapadas entre la esperanza e incertidumbre, afectando su salud mental y vida cotidiana.

Registros oficiales contabilizan más de 133 mil desaparecidos hasta mayo de 2026. | Foto: Luis Cisneros
Ciudad de México /

La desaparición de personas no solo deja una ausencia física, también abre un proceso emocional sin cierre. A veces se manifiesta en gestos cotidianos: un lugar disponible en la mesa, ropa limpia cada semana, una cama que se tiende como si alguien fuera a dormir una vez más.

Este tipo de conductas forman parte de una experiencia distinta a otras, un dolor suspendido marcado por la incertidumbre y la esperanza.

“Abro el portón de mi casa y volteo hacia ambos lados, esperando a que mi hijo vuelva. Siempre está su lugar para cuando él regrese”, recoge en entrevista con MILENIO el psicoterapeuta Ricardo Hernández Brussolo, a partir de testimonios de familiares de personas desaparecidas.

Cuando se pierde el rastro de alguien, se habla de esa persona como víctima principal; sin embargo, la desaparición arrastra a los que se quedan: sus familiares, quienes se convierten en víctimas indirectas.

En México, esta situación no es aislada. De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), que contabiliza datos desde la década de 1950, hasta mayo de 2026 existen más de 133 mil casos, una cifra que sigue en aumento. Detrás de cada uno, hay núcleos familiares que enfrentan este mismo desasosiego.

Ante dicho escenario, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los derechos humanos ha advertido recientemente que la crisis requiere acciones urgentes para garantizar la búsqueda efectiva y fortalecer los procesos de identificación forense, con el objetivo de dar mayor certeza a las familias.

En este panorama se inscribe el nombre de Jeshua Cisneros Lechuga, cuyo rastro se perdió el 13 de noviembre de 2025 en Cuautitlán Izcalli, Estado de México.

Jeshua salió de la casa de un amigo en Jardines de la Hacienda. Aquella noche habló con su mamá para decirle que ya iba de regreso a casa, aproximadamente a las 21:30 horas, cuando aún había transporte público en la zona; sin embargo, esa fue la última vez que se tuvo contacto con él.

El joven, quien en diciembre cumplió 19 años de edad, nunca llegó a su domicilio.

Con el paso de las horas, la preocupación de sus padres se convirtió en angustia, dando inicio a una búsqueda que continúa hasta hoy.

¿Quién es Jeshua Cisneros?

Su padre, Luis Cisneros, cuenta que Jeshua había terminado la preparatoria y estaba en esa etapa donde la decisión de una carrera profesional aún no se define totalmente. Luis y la madre de Jeshua, Karla Lechuga, le propusieron tomar clases de inglés mientras disponía qué camino tomar, aunque él tenía algo claro: quería hacer música.

Le apasionaba el freestyle; entre semana asistía a las batallas de dicha disciplina; entrenaba la improvisación, le gustaba escribir y quería grabar sus propias canciones.

Gustaba de ayudar a los demás; recogía gatitos de la calle y los llevaba al veterinario.

Desde niño mostró sensibilidad: alguna vez, cuando intentó vender dulces durante unas vacaciones, terminó regalándolos a quienes no tenían dinero.

“Jeshua siempre ha sido así. Es un niño muy amoroso que sin problemas se quitaba el taco y te lo daba (sic). Pensaba mucho en la gente alrededor”, dice su padre.
Luis describe a Jeshua como un joven empático y amoroso. | Foto: Luis Cisneros

Un dolor sin cierre

Hernández Brussolo, doctor en Psicología y quien ha brindado acompañamiento a parientes de desaparecidos, explica que son los familiares quienes se enfrentan todos los días a las consecuencias emocionales, físicas y sociales de la ausencia.

“Se puede experimentar tristeza, enojo, frustración, pena, soledad, culpa e hipervigilancia (...) Desde la psicología clínica, se ha estudiado esta situación con lo que denominamos trastornos; por ejemplo, trastorno del duelo prolongado, que es cuando se extiende más allá de un año”.

Esta experiencia, a diferencia de otras pérdidas, es ambigua; existe la posibilidad de que la persona esté viva, pero también de que haya fallecido, lo que genera una ambivalencia que dificulta el procesamiento psicológico.

“En el caso del duelo, la primera característica para hacer el diagnóstico es que exista la muerte de una persona significativa o amada. Sobre los desaparecidos no se tiene esa información; aunque no vamos a negar que es una posibilidad, también lo es que la persona se encuentre con vida. 

“Entonces pedirle (a un allegado) que realice un duelo implica también pedirle que renuncie a la idea de que la persona está viva”, expresa Hernández Brussolo.

La crisis de desapariciones tiene una característica importante en México: la mayoría de quienes encabezan las búsquedas son madres, quienes se agrupan en colectivos. Para muchas familias, esa labor termina por reconfigurar la vida personal, la cual se deja de lado para colocarse alrededor del activismo. 

De acuerdo con Hernández Brussolo, esta experiencia es inequiparabe a otras. | Foto: Facebook

En el caso de Jeshua, la desaparición ha implicado una reorganización total de la cotidianidad. El tiempo de sus padres se divide entre el trabajo, trámites, diligencias y recorridos en campo.

Luis es trabajador independiente; sin embargo, la concentración necesaria para su actividad laboral se ha visto afectada por la situación emocional, además de su calidad del sueño, pues declara que duerme de dos a tres horas.

“Sinceramente la cabeza no te da; mi trabajo, mi negocio, requiere de una concentración al 100, porque lo que hacemos es entregar calidad, pero mi cabeza es un caos completo”, dice.

Casi seis meses sin rastro de Jeshua

El último dato que se tiene de Jeshua Cisneros lo ubica en la zona de Parque Industrial Cuamatla, frente a las empresas Alpura y Gatorade. A partir de ahí no se sabe nada más.

La búsqueda comenzó de inmediato, con recorridos, difusión de fichas y acercamientos con autoridades. No obstante, sus familiares se han encontrado con un sistema al que acusan de lento y lleno de obstáculos, donde las investigaciones han avanzado con dificultad, dependen de presión constante y ofrecen respuestas tardías.

“Si yo fuera un papá con una cuenta de banco muy grande o famoso, tal vez ya lo habrían encontrado o ni siquiera lo hubieran levantado (sic), pero como soy parte del pueblo mi hijo sigue desaparecido. Estamos parados con las investigaciones.
“La Fiscalía (General de Justicia del Estado de México) le da vueltas a lo mismo, hacen simulaciones de búsqueda. A mi hijo estoy seguro que en menos de uno o dos días lo sacaron del Estado (de México), y siguen buscando donde no es”, asegura Luis Cisneros.
Jeshua Cisneros desapareció en noviembre de 2025 en Cuautitlán Izcalli. | Foto: Luis Cisneros

Colectivos de búsqueda, la red que sostiene a las familias

En ese contexto, la familia comenzó a encontrarse con otras personas en condiciones similares. De ahí nació el colectivo ‘Lirios Buscadores Izcalli’.

Las jornadas de exploración son ahora parte de la rutina de Luis y Karla, quienes viven entre marchas, difusión del caso y exigencia de justicia a las autoridades.

Desde la psicología sistémica, explica Hernández Brussolo, la desaparición también altera los roles dentro de la familia. Sea quien sea, la dinámica cambia, no solo en lo que refiere a las actividades, pues, dependiendo del parentesco, se transforma el movimiento económico.

“Por ejemplo, pensemos que era una persona proveedora económica en casa (la que desaparece); alguien tiene que tomar ese lugar (...) O en el caso de los papás, mamás desaparecidos con hijos pequeños…”

Frente a este panorama, los colectivos han servido como redes de apoyo, convirtiéndose en alicientes para las personas que enfrentan la desaparición de un ser querido. Hernández Brussolo señala que es oportuno y beneficioso poner en común las experiencias dolorosas y tomar acciones en conjunto.

“Las mamás buscadoras están cambiando la dinámica; están encontrando hijos e hijas, y también respuestas; están dando apoyo psicológico, social e incluso económico. La actividad que realizan es sumamente importante y admirable”, indica.

Es esta la herramienta central de la psicología en la atención de estos casos: la alianza de respaldo. A través de estos grupos de soporte se busca hacer frente a la situación, fortalecer la resiliencia, disminuir el estrés y tener calma.

Luis declara que nadie entiende realmente lo que significa una desaparición hasta que la vive. Antes de eso, la vida transcurre con normalidad, a su propio ritmo.

El grupo ‘Lirios Buscadores Izcalli’, además de convertirse en una red de apoyo en el proceso de búsqueda, ha sido también un espacio de soporte emocional para los padres de Jeshua.

“Cuando llegas con un compañero del colectivo y te dice: ‘hey, amigo, ¿cómo estás?’, sabes a lo que se refiere. Es una nueva familia con la cual estás trabajando, estás luchando, estás alzando la voz. Ya no te sientes solo”, manifiesta Luis.

De acuerdo con el psicoterapeuta, el problema no puede entenderse únicamente desde lo individual o clínico, ya que su origen está en un hecho social. Ante esto, encasillarse en diagnósticos como depresión, ansiedad o estrés postraumático resulta insuficiente.

“Las intervenciones psicológicas, psiquiátricas, etcétera, aunque pueden apoyar, no solucionan en la totalidad lo que está experimentando la persona. Y eso tiene que ver con que el problema no es la persona, el problema es la injusticia que está afrontando; el problema está afuera.
“Entonces el problema va a terminar cuando la madre o el padre o alguien más de la familia tenga información y certezas sobre la persona desaparecida, ya sea que se encuentre con vida y que así sea, espero, en la mayor parte de los casos, o en todos los casos, y pueda volver a casa, o incluso también que tenga la certeza de que la persona ha fallecido, porque eso les permite entonces poder realizar ahora sí el proceso de duelo”, agregó.
Según el psicoterapeuta, confirmar cualquier información, por mínima que sea, es la única vía que permite procesar completamente. | Foto: Facebook

Y aunque el dolor no se detiene, tampoco lo hace la búsqueda. El colectivo de ‘Lirios Buscadores’ sigue en pie de lucha, con una vida reorganizada a su alrededor, acompañando en jornadas, sosteniendo nuevas familias que entran al mismo ciclo de incertidumbre, ayudando, siendo columna de apoyo.
“Vamos a seguir (en el colectivo), incluso mañana que encuentre a Jeshua voy a seguir ayudando a las personas que pueda ayudar. Porque no es posible tanta injusticia”, dice el papá de Jeshua.
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ksh
  • Karen Sánchez Hernández
  • Editora web de Estados. Comunicóloga egresada de la FES Acatlán-UNAM.

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