Culiacán marcha por la paz tras dos años de guerra y más de 3 mil asesinatos: "Siento que esto nunca va a terminar"

Crónica

Van dos años y cuatro días desde que inició la guerra. Más de 3 mil 100 personas asesinadas, 166 feminicidios, 12 mil 481 robos de vehículos y alrededor de 3 mil desaparecidas.

Vecinos protestan por seguridad en Culiacán. | Foto: Amilcar Salazar.
Culiacán, Sinaloa /
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A las 7:00 horas, la avenida Obregón ya estaba cerrada. No por la marcha, sino por un maratón conmemorativo del 94 aniversario del Hospital Civil. Horas después, por esa misma ruta, miles de personas vestidas de blanco marcharían para exigir lo que el Estado no les ha garantizado: paz.

Van dos años y 4 días desde que inició la guerra. Más de 3 mil 100 personas asesinadas, 166 feminicidios, 12 mil 481 robos de vehículos, alrededor de 3 mil desaparecidas. Y un gobierno que, dicen quienes marcharon, no responde.

La jornada comenzó con una misa en el Templo de Nuestra Señora de Guadalupe, en La Lomita. Ahí, sobre un templete instalado en la banqueta, el obispo Jesús José Herrera Quiñónez pidió por Culiacán y por la unidad: "Unámonos para orar juntos la oración que Jesús nos enseñó… Padre nuestro…".

Al término de la ceremonia, el obispo agradeció a quienes respondieron al llamado. 

"Todos somos parte de esta sociedad. Cada uno vaya expresando desde el corazón este deseo de paz. Agradezco a mis hermanos sacerdotes su presencia y el esfuerzo que han hecho por invitar a muchos a esta marcha".

También tuvo palabras para las asociaciones civiles convocantes: "Sigan moviendo corazones y sigamos caminando para que Sinaloa se ponga de pie".

"Sinaloa está de pie" 


Luego cedió la palabra a Martha Reyes, de Coparmex Sinaloa, quien ha señalado las inacciones del Estado, la falta de diálogo y de alternativas para los ciudadanos. 

"Se siente la vida", dijo. "Estamos demostrando que Sinaloa está de pie… Ya saben que soy llorona… Hoy no les hablo desde Coparmex, les hablo como una madre de Sinaloa".

Desde temprano, la ciudadanía buscaba cómo acercarse al perímetro bloqueado por servicios de tránsito y elementos del Ejército mexicano, que vigilaban con discreción.

Protesta de jovenes | Foto: Amilcar Salazar.

Avanzaron cerca de cuatro kilómetros bajo el sol, sin sombra. La marcha, que al inicio se veía despoblada, se fue nutriendo hasta alcanzar los 10 mil asistentes, según conteos en el lugar. Aunque los organizadores afirmaban que eran más de 50 mil, fue la consigna la que retumbó: "Somos más los que queremos vivir en paz".

Familiares de desaparecidos, entre los asistentes: "ya no más víctimas inocentes" 


Ataviados de blanco, familias enteras, mujeres solas, madres, hijas, esposas. Entre ellas, Yemen, que busca a su esposo Miguel. Regresaba de un partido de softbol y esa noche desapareció. Una de tantas víctimas del daño colateral de esta guerra entre facciones criminales.

"Siento que esto nunca va a terminar. Por más que pidamos paz, que es lo que debería haber para todos, ya no más víctimas inocentes. Pero la realidad es otra: este gobierno no ayuda de nada".

Briseida también marchó. Su esposo desapareció hace cuatro meses. Llevaba su retrato en mano, acompañada por su familia, para mostrar que es más que una cifra. 

"Se lo llevaron. No es el motivo ni la razón. Ha sido un año de lucha por encontrarlo, por saber de él, pero hasta el momento no tenemos ni una respuesta: ni de las personas, ni del gobierno, ni de nadie".

Marchó para que "de una vez por todas termine todo lo que estamos viviendo y que cada una de las personas que están desaparecidas las podamos encontrar y podamos tener esa tranquilidad que nos cambió la vida a todos".

A las autoridades les dice: "Que hagan su trabajo como debe ser y, si no lo están haciendo, que cedan su puesto".

Desde el templete hubo un reclamo de las juventudes que, hartas de la violencia, alzaron la voz. Y se vieron jóvenes avanzando sobre la capital.

"Van dos años que los jóvenes no vivimos con miedo: sobrevivimos con terror. Dos años en que los jóvenes lideramos las listas de muertos y desapariciones. Dos años en los que ir a la escuela con miedo, hemos visto cómo enfrente de nosotros matan a jóvenes, desaparecen, nos hemos tenido que refugiar en la escuela".

También llegó Alejandra Armenta, madre de Juan Alejandro, el bebé de un año y cuatro meses que murió apenas hace una semana. No había hablado, pero decidió salir para aclarar que la ayuda gubernamental que le prometieron no llegó.

"Han sacado de contexto muchas cosas y no es lo que dicen… Han dicho que nos dieron el cien por ciento y no es verdad. No nos dieron el cien por ciento: lo ofrecieron, pero no nos dieron. No con eso voy a remediar la vida de mi hijo, pero quiero aclarar que no nos dieron el cien por ciento de lo que según dan".

—Hay confusión, ¿murió el niño y además alguien más?—

"No queremos hablar de eso, lo que haya pasado… Y ya es todo lo que pasó. Solamente queremos aclarar que somos gente trabajadora, humilde y no tenemos nada que ver con eso", arrojó uno de los familiares de Armenta.

También aparecieron trabajadores de salud que, bajo el riesgo de ser cesados, decidieron movilizarse. Como Fernando Torres, enfermero, que dijo representar al centro de salud urbano de Culiacán.

"La injusticia que tenemos es que se nos pague alto riesgo en estas áreas. En los hospitales generales están las áreas que es el código plata, donde están las personas baleadas, soldados, pueden ser narcos, puede ser gente transeúnte, y ahí es mucho trabajo. Ahorita aquí en Sinaloa ya está lleno, están llenos los quirófanos, y estamos en los hospitales más gente, contratos y darle fluidez".

En entrevista, Martha Reyes dio un rotundo no a los partidos.

"Es una marcha apartidista. No queremos que se metan los partidos porque esto es de los ciudadanos. Ellos buscan votos, nosotros buscamos la paz. Lo invitamos a todos los seres humanos que tienen miedo de morir y perder sus sueños.

—¿No a los partidos?—

"No, porque los partidos nos han quedado mucho a deber. Y ahora es momento del sinaloense involucrarse en la problemática. Antes decíamos 'no me interesa'; ahora, por haber abandonado esa política, están decidiendo si nuestros hijos viven, si los hijos los matan, si nuestras empresas las cerramos; lo deciden otros.
"Ya es momento de tomar el control de nuestra propia vida, nosotros los sinaloenses, y darle un revés para transformar eso que decían que éramos. Eso que decían que éramos narcos. Se equivocan".

Aunque sí hubo figuras políticas que se quitaron los colores para marchar como culiacanenses, para reclamar como víctimas. Como Paola Gárate, diputada del PRI en Sinaloa.

"El hecho de participar en política, ser representante popular, ser una voz en el Congreso, no me exime de ser ciudadana y, sobre todo, de estar del lado correcto: del lado de las víctimas, del lado de la gente que se siente ignorada, que se siente sola. Nosotros no vamos a descansar, haya el costo que sea, en mantenernos del lado correcto, al lado de la gente.
"Tal parece que ser una voz que opina distinto al oficialismo tiene una sentencia de muerte", declaró la diputada que también ha sido víctima.
"Vamos a seguir del lado correcto de los sinaloenses honestos, capaces, que están cansados de vivir con miedo, que se han decidido a salir y a participar y que hoy demuestran la grandeza de Sinaloa".

La presencia de figuras de la clase política y que no se permitiera un micrófono abierto a los asistentes generó diferencias. Rosa, madre buscadora, interrumpió con un altavoz el mitin mientras hablaba uno de los promotores, el chef Taniyama.

"Vuelvo a marchar por los mismos que convocaron, pero el año pasado no se me permitió alzar la voz por las personas desaparecidas. En ningún momento soy problemática. Yo no negocio con ningún color, ningún partido. A nosotras nos interesa la paz…".

Desde el templete se lanzó el reclamo contra el partido en el poder. "Hoy empezamos a construir el Sinaloa que merecemos, porque hoy empezamos a reclamar. Hoy dejamos claro que los ciudadanos… y que quede claro… "¡Fuera Morena!", reclamó Miguel Taniyama.

Hubo de todo. Algunos incluso llevaron piñatas para golpear a la clase política y mostrar su enojo. Pero la mayoría era ciudadanía, sin organización, sin colores, con el legítimo reclamo de vivir en paz.

Como Amalia, que llegó sola, vestida de blanco, para sumarse al reclamo colectivo.

"Fue el deseo de que Culiacán regrese a la paz, podamos salir a las calles con paz y tranquilidad. Y de verdad, desde hace dos años vivimos en una incertidumbre tremenda. Lo que queremos es que de veras nos escuche la presidencia, nos escuchen las autoridades y de veras se mejore todo esto para los sinaloenses, porque lo merecemos.
"Somos mucha gente buena, gente de paz. No todo es gente mala. Habemos muchos que somos buenos y queremos que regrese la paz a Sinaloa".

La marcha terminó. El sol seguía calando. Sobre la avenida Obregón quedaron las consignas, los retratos, las playeras blancas y el reclamo para recuperar la paz.


  • Amílcar Salazar Méndez
  • Reportero de investigaciones especiales, contador de historias y apasionado de la información.

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