M+.- Nerviosa. Con semblante rígido. Su lenguaje corporal dijo más que cualquier discurso. No era para menos: con apenas dos días en el encargo, Sinaloa ya sumaba al menos una docena de homicidios.
Este lunes fue la primera aparición pública de Yeraldine Bonilla Velarde tras la salida de Rubén Rocha Moya. Lo hizo arropada por el Gabinete de Seguridad Federal para afirmar que la estrategia seguirá "avanzando como hasta ahora". No hubo un ápice de autocrítica para una administración estatal cuya imagen quedó despedazada tras las acusaciones vertidas desde Estados Unidos.
Desde la Novena Zona Militar, durante la reunión número 14 del Gabinete de Seguridad en la entidad, la mandataria estatal quedó rodeada por al menos 25 hombres uniformados; ella era la única mujer entre mandos operativos y asistentes.
Su vestido largo color menta contrastaba con el verde olivo de los secretarios de Marina, el almirante Raymundo Pedro Morales, y de la Defensa, Ricardo Trevilla Trejo. A su izquierda, de uniforme gris, se ubicó el comandante de la Guardia Nacional, Guillermo Briseño Lobera; a su derecha, de traje, Omar García Harfuch. Con este último apenas intercambió palabras y sonrisas limitadas.
Ella lucía nerviosa, con la mirada perdida; ellos mostraban una seriedad militar. Recibió un cargo y, de inmediato, un fin de semana sangriento.
Mantuvo las manos entrelazadas con firmeza sobre su regazo, como protegiendo su embarazo de siete meses. Sabe que en unas semanas podrá solicitar licencia de maternidad y terminar con la presión de rendir cuentas ante una prensa ávida de respuestas.
La rigidez en hombros y cuello delataba el estrés. Evitó mirar a los reporteros y a las cámaras; prefirió dirigir la vista a los costados con la mandíbula apretada.
Primer acto público de Yeraldine Bonilla Velarde
En su primer acto público, la gobernadora dedicó apenas dos minutos con 50 segundos a su mensaje. Desaprovechó el foro para proyectar gobernabilidad en una entidad donde el crimen organizado actúa a voluntad. En su lugar, usó el tiempo para saludar a los funcionarios federales, recordar su reciente toma de protesta y reiterar la coordinación con la presidenta Claudia Sheinbaum.
“En mi condición de gobernadora interina del estado, es un alto honor darles la más cordial de las bienvenidas al estado de Sinaloa", declaró.
"Asumo mi presencia en este espacio como una distinción personal que me permite compartir estrategias para dar continuidad a las políticas de coordinación en nuestro esfuerzo por seguir avanzando como lo hemos venido haciendo en la lucha por la paz”.
Recordó que el sábado fue investida mandataria luego de que el Congreso aceptara la licencia de Rubén Rocha Moya, de quien pareciera estar segura que regresará.
“Me comprometí ante el poder legislativo y la ciudadanía no solo para atender la seguridad, sino para dar seguimiento puntual a los programas de la cuarta transformación”, añadió en un discurso leído y entrecortado por la presión.
“Sé de los retos que me esperan porque los conozco muy bien”. dijo tras asegurar que velará "minuto a minuto" por el estado.
Aunque estaba presente, su mente parecía estar en otro sitio. Cedió el control —al menos el mediático— de una crisis que acumula 21 meses de violencia armada a la Federación.
La autoridad federal se hace presente
Durante el mensaje, el Gabinete Federal prometió no escatimar en el despliegue de tropas. Omar García Harfuch aseguró que los homicidios dolosos han bajado un 44 por ciento desde el inicio de la administración federal y reiteró que el objetivo es construir una paz duradera.
El General Secretario de la Defensa lanzó un anuncio que sacudirá el interinato: la policía estatal será filtrada por la Guardia Nacional mediante exámenes de confianza, iniciando con 150 elementos capacitados por el Ejército. La gobernadora no tuvo nada que comentar al respecto.
Tras solo cuatro preguntas, la sesión terminó. Los funcionarios emprendieron la huida, aliviados de finalizar el encuentro con los reporteros. Entre la multitud de uniformados, la prensa persiguió a la gobernadora hasta su camioneta blindada, pero ella rechazó dar entrevistas.
Mientras los funcionarios federales partían en helicóptero, el convoy estatal salió del Campo Militar hacia un Palacio de Gobierno que, hasta hace poco custodiado por navales, ahora solo contaba con dos vigilantes municipales en la puerta. El recinto lucía en calma, sin cerco de seguridad visible, con camionetas blindadas bajo la sombra.
Cambios al gabinete: las primeras decisiones
Más tarde, desde su oficina y con la foto de la Presidenta de fondo, difundió las imágenes de sus primeros cambios de gabinete. Designó a Pablo Francisco Bedoya Bañuelos como Secretario General de Gobierno, cargo que ella misma ocupaba. Bedoya, dirigente transportista y exdirector de Inspección, venía de una salida polémica de la tesorería de Mazatlán por no cumplir los requisitos legales.
Como Jefe de la Oficina de la Gobernadora nombró a José Ismael Inzunza Sosa, quien era Jefe de Pagaduría y es medio hermano del senador Enrique Inzunza Cázares. Con esto, Yeraldine Bonilla tiene ahora a un Inzunza administrando su agenda privada.
La tarde transcurrió en aparente calma hasta las 17:00 horas, cuando sujetos en motocicleta lanzaron una bomba molotov contra el casino Tropicana, en el sector Tres Ríos. El ataque provocó un incendio a menos de un kilómetro de la residencia de Rocha Moya. Es el tercer casino atacado en seis meses, presuntamente por facciones de Los Chapitos.
Al lugar llegaron soldados, bomberos y Protección Civil; la Policía Estatal fue la última en aparecer. El saldo: un muerto y dos heridos por quemaduras e intoxicación.
Yeraldine Bonilla cerró su primer día sin ofrecer pésames, sin condenar el ataque y sin ni siquiera mostrar empatía en sus redes sociales por las víctimas de la guerra armada que ahora le toca gobernar.
IYC