M+.- En lo profundo de una cueva ubicada al oriente del municipio de San Sebastián Zinacatepec, en el sur de Puebla, cerca de los límites con Oaxaca, el silencio se rompe con los aleteos y chirridos de cientos de murciélagos asentados en este lugar, uno de los 77 refugios registrados por la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán (RBTC). MILENIO la visitó para conocer su historia y cómo se convirtió en el refugio y hogar de sus habitantes nocturnos.
A diferencia de otros santuarios, la llamada Cueva del Murciélago se encuentra cerca de la zona urbana del municipio, lo que la ha convertido en una prioridad para los habitantes, quienes participan activamente en la conservación del lugar.
En esta labor colabora la Brigada de Vigilancia y Monitoreo Biológico Comunitario, integrada por voluntarios y autoridades que se sumaron a la Reserva de la Biosfera para rescatar el sitio. La cueva resguarda al murciélago orejón mexicano (Macrotus waterhousii), especie que por siglos ha habitado esta caverna, aunque llegó a registrar apenas 50 ejemplares.
La bióloga Leticia Soriano Flores, de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), en la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán y responsable del monitoreo de la especie, explicó que este refugio es el único de esta área natural protegida donde los murciélagos se han adaptado para vivir cerca de una zona poblada; el resto de los sitios de conservación se encuentra alejado de los asentamientos humanos.
Mientras que para revisar otros refugios es necesario caminar durante varias horas, este sitio resulta más accesible para el monitoreo y seguimiento científico.
El nombre de Zinacatepec proviene del náhuatl y significa “en el cerro de los murciélagos”. Está compuesto por los vocablos tzinacatl (murciélago), tépetl (cerro) y el locativo -c (en).
Un santuario protegido del contacto humano
Pese a siglos de existencia, este refugio ha enfrentado etapas de abandono y destrucción que pusieron en riesgo a la especie; sin embargo, el ecosistema interior logró mantenerse.
Debido al difícil acceso y a la fragilidad del entorno, el ingreso a la cueva está restringido para preservar el santuario, especialmente en esta época del año, cuando alberga ejemplares recién nacidos que aún son amamantados y se encuentran en proceso de aprendizaje para volar.
El monitoreo se realiza de manera esporádica y bajo estrictos protocolos. Los responsables recorren la caverna en completo silencio y siguiendo un ritual ancestral: antes de ingresar, ofrendan mezcal o tequila a los guardianes del sitio.
Después del ritual, avanzan por una estrecha grieta que obliga a desplazarse a rastras entre enormes rocas y en completa oscuridad, con el objetivo de no alterar la tranquilidad del refugio.
El rescate de la cueva
Julián Ángel Olmos, impulsor del rescate de la Cueva del Cerrito —también conocida como Cueva del Murciélago—, recordó que la recuperación comenzó en 2017.
Tras visitar el lugar, quedó impactado por el deterioro del santuario, utilizado como muro para grafitis, basurero e incluso como motel.
“Me dio mucha tristeza ver el estado en que se encontraba; la gente llegaba solo a embriagarse”, expresó.
Ante ello, planteó un proyecto de rescate a las autoridades municipales, aunque inicialmente no recibió apoyo.
Tiempo después, la siguiente administración retomó la propuesta. En esta etapa se sumaron Manuel Ruiz, encargado de las adecuaciones físicas, así como Fernando Victoriano y Enrique Raymundo Olmos Mont.
El grupo buscó el respaldo técnico de la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán para formalizar la recuperación del sitio, considerado clave por su valor histórico y ecológico.
Con el apoyo de las nuevas autoridades municipales, iniciaron trabajos para retirar escombro y basura que obstruían el paso de los murciélagos hacia su hábitat, situación que había provocado la migración de la colonia a otras galerías y cerros, reduciendo la población a apenas 50 ejemplares.
Actualmente, a estas labores se han sumado autoridades comunales, ejidales y voluntarios comprometidos con la conservación del refugio.
Recuerdos y memoria colectiva
Teresa Plácida Moreno Torres, presidenta del Comisariado Ejidal, destacó el valor simbólico y ambiental del sitio.
Recordó que durante su etapa como estudiante de secundaria, en 1974, la Cueva del Murciélago era muy diferente.
“Era un lugar muy bonito. Adentro había un río, se observaban lagartijas, murciélagos y árboles de plátano. Yo añoro esos tiempos”, comentó.
Para Néstor Hernández Hernández, excomisariado de bienes comunales, la conservación del lugar es prioritaria, no solo por ser hábitat de los murciélagos, sino también por el valor científico que representa.
Indicó que la cueva ha servido como fuente de información para investigaciones y publicaciones, entre ellas el libro La flora del valle de Tehuacán, escrito por Emmanuel Bolaños Bautista.
Hernández recordó que su padre recorrió un túnel de aproximadamente tres kilómetros dentro de la cueva, aunque actualmente varios tramos permanecen obstruidos por fenómenos geológicos.
Quienes hoy resguardan este espacio aseguran que lo hacen motivados por los recuerdos de infancia ligados al lugar, donde antes jugaban y observaban iguanas, especie que poco a poco ha regresado al ecosistema, al igual que decenas de pájaros carpinteros que habitan entre órganos y otras cactáceas.
Trabajo coordinado
Ante el interés de la comunidad, la administración de la RBTC asignó a la bióloga Leticia Soriano Flores para encabezar el monitoreo científico de los mamíferos.
Este trabajo ha permitido actualizar el inventario de especies que habitan el área natural protegida.
Soriano trabaja bajo un esquema de colaboración con los poseedores del territorio e imparte cursos de capacitación a habitantes de Zinacatepec comprometidos con la preservación ambiental.
Las acciones de rescate comenzaron con el retiro de azolve acumulado dentro de la cueva. Originalmente, el sedimento dejaba apenas un espacio de 40 centímetros, dificultando el tránsito de los murciélagos.
Con apoyo de taxistas del municipio, Julián Ángel Olmos encabezó las faenas de limpieza para rehabilitar el refugio.
Los resultados han sido notorios: hace nueve años la cueva apenas albergaba a 50 ejemplares; hoy, la población supera los 500 murciélagos.
De 50 a 500 ejemplares
Leticia Soriano explicó que, aunque en 2012 el programa de manejo contemplaba solo 37 especies, las investigaciones recientes realizadas junto con especialistas en quiropterología —rama de la biología dedicada al estudio de los murciélagos— permitieron identificar 77 refugios dentro de la Reserva de la Biosfera.
Gracias a este trabajo de campo se incorporaron 12 nuevas especies al catálogo oficial, alcanzando un total de 49 variedades documentadas en la región.
En marzo pasado, Soriano y el investigador Alberto Rojas Martínez realizaron una inspección técnica en la Cueva del Murciélago.
Rojas Martínez es considerado un referente en la materia tras publicar, hace dos décadas, un estudio fundamental sobre los quirópteros de la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán.
Durante la revisión, los especialistas contabilizaron una colonia superior a los 500 ejemplares, con una presencia significativa de crías recién nacidas.
Entre las especies identificadas destacan el murciélago magueyero menor (Leptonycteris yerbabuenae), el trompudo (Choeronycteris mexicana), el gris de saco (Balantiopteryx plicata), el frutero (Artibeus jamaicensis) y el orejón mexicano (Macrotus waterhousii).
Este último es considerado un controlador natural de plagas, debido a que se alimenta de polillas, escarabajos y ortópteros que dañan cultivos.
La investigadora destacó la relevancia ecológica de este refugio, hogar de especies polinizadoras, dispersoras de semillas e insectívoras.
“Es complicado que un refugio sea elegido como espacio de maternidad. Hemos visitado varios sitios y esto no ocurre, porque el lugar debe reunir condiciones muy precisas de temperatura y humedad; esta cueva cumple con todo y por eso se logra la reproducción exitosa”, concluyó Soriano.
Avances del trabajo científico
En casi nueve años de investigación, especialistas de la Reserva de la Biosfera han actualizado el listado de murciélagos que habitan las 490 mil 186 hectáreas del área natural protegida.
Actualmente, existen 49 especies documentadas: 30 insectívoras, 10 frugívoras, ocho polinizadoras y una hematófaga. Además, seis especies son migratorias, cuatro endémicas y tres se encuentran en alguna categoría de riesgo de acuerdo con la Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT-2010.
Los resultados de estas investigaciones se difunden en escuelas y núcleos agrarios para sensibilizar a la población sobre la importancia ecológica de los murciélagos y evitar agresiones contra ellos.
Además de controlar poblaciones de mosquitos e insectos, los murciélagos contribuyen a la dispersión de semillas y la polinización de cactus y magueyes.
No hay por qué temerles
Bajo la sombra de un árbol donde descansaba un tecolote enano —una pequeña rapaz de apenas 10 centímetros de altura—, Leticia Soriano concluyó la entrevista con un llamado a erradicar el estigma que pesa sobre los murciélagos.
La especialista enfatizó que, lejos de representar un riesgo, estos mamíferos son aliados estratégicos para la naturaleza, pues desempeñan funciones fundamentales para enfrentar la crisis climática.
Finalmente, subrayó que la preservación de los murciélagos está directamente relacionada con la protección del territorio y el sustento de las comunidades que habitan esta región, reconocida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como Patrimonio Mundial de la Humanidad.
AH