• El extraño retorno de la verdadera amistad: jóvenes en Coahuila dejan redes y regresan a intereses comunes para conectar

  • Clubes de running, lectura, cine y juegos de mesa ganan fuerza en La Laguna como espacios para conocer personas, compartir intereses y construir vínculos fuera de las redes sociales.
Gelmin González
Torreón, Coahuila, /
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M+.- A las 21:30 horas, Carlos está solo en Plaza Almanara, un centro comercial en el norte de Torreón, Coahuila.

Llegó unos minutos antes de la hora acordada y espera en el área de comida con Kenzo, su perro. A su alrededor todavía no hay corredores, ni grupos de amigos, ni música que anuncie que algo está por comenzar.

Sólo espera. MILENIO está con él.

Tres meses atrás, Carlos, de 31 años, no conocía a las personas que esa noche llegarían a la plaza. Ahora forman parte de un grupo al que vuelve cada semana para hacer algo que, conforme crece, asegura que se vuelve más difícil: conocer gente nueva.

El pretexto es correr. El objetivo también es “correr y cotorrear”.

A las 21:40 horas, la escena empieza a cambiar. Los primeros integrantes de Rotos Running Club aparecen solos o acompañados. Algunos llegan con mascotas; otros, con audífonos. Se saludan, forman pequeñas bolitas y comienzan a estirar.

Hombres y mujeres de distintos estilos, en su mayoría de entre 20 y 40 años, ocupan poco a poco los pasillos de la plaza. Todavía suena soft rock en vivo y el ambiente es familiar.

Hasta que alguien enciende una bocina. Eminem, Gorillaz y Daft Punk sustituyen la música del lugar. Los “Rotos” comienzan a apoderarse de la plaza.

Fernanda Pataki, una de las primeras mujeres en integrarse, los describe como personas sin necesidad de aparentar, pero con ganas de moverse.

Entre ellos está Luis Crispín, fundador del club. Tiene 34 años, es barbero y viste un estilo deportivo sobrio que mezcla la estética Rockabilly y Punk. La transformación apenas comienza.

A las 22:15, donde menos de una hora antes Carlos y Kenzo esperaban prácticamente solos, hay alrededor de 100 personas. Una patrulla de la Policía Municipal espera la señal para escoltar el recorrido.

En una época marcada por la hiperconectividad, laguneros se reúnen para compartir algo que no cabe en una pantalla.| Gelmin González.

Luis se sube a la base de una fuente y, al grito de “rotos”, reúne al grupo para una fotografía. Uno de los asistentes cumple años. Todos cantan “Las mañanitas”.

Después, los corredores arrancan un recorrido de cinco kilómetros. Lo que comenzó con un hombre que llegó temprano a una plaza termina convertido en una fila de personas que atraviesa Torreón.

Y esa transformación —de desconocidos a comunidad— es precisamente lo que cada vez más adultos jóvenes de La Laguna están buscando.

En una época marcada por la hiperconectividad, cientos de laguneros se reúnen cada semana para compartir algo que no cabe en una pantalla: libros, películas, juegos de mesa, deportes y, sobre todo, tiempo con otras personas.

La cita está en internet; el encuentro, en la calle

La paradoja está en el origen. Para encontrar a los demás, primero hay que entrar a Facebook, Instagram o WhatsApp.

Basta escribir “club de lectura Torreón” en Facebook para encontrarse con decenas de comunidades activas. Lo mismo ocurre al buscar “running Laguna”: junto a Rotos aparece una agenda nutrida de rutas, carreras y actividades orientadas a compartir la pasión por correr.

Rotos nació a principios de 2026. Actualmente cuenta con casi 5 mil seguidores en Instagram, más de 400 participantes en WhatsApp y rutas que han reunido hasta a 200 personas en una sola noche.

Para Luis Crispín, la honestidad es parte del éxito del grupo. No intenta disfrazar lo que buscan sus integrantes: describe a su comunidad como personas a las que les gusta correr, pero también la fiesta.

Los 'Rotos' comienzan a apoderarse de la plaza Almanara. | Galmin González.

El club es, en buena medida, un punto de encuentro para quienes quieren hacer ejercicio sin renunciar a la convivencia. Y detrás de esa búsqueda hay algo más que kilómetros recorridos.

Dejar de ser “la rara” del grupo

La maestra en terapia sistémica Aitana Sánchez explica que los vínculos son fundamentales para el bienestar y que pertenecer a una comunidad ayuda a la autoestima porque permite saber que existe un lugar en el que una persona puede ser ella “sin máscaras”.

Alejandra Tinoco conoce esa necesidad desde su propia experiencia. Es nutrióloga y tiene 30 años. Hace más de tres años decidió abrir su club de lectura después de regresar de Monterrey a Torreón, donde había construido sus vínculos durante 15 años.

“Pasajeras, Club de Lectura y Journaling” llega a su cuarta edición.

En cada etapa, Alejandra ha coincidido con mujeres que buscan conectar para dejar de sentirse como “la rara” del grupo y comenzar a verse como alguien que comparte y se expande a través de la lectura y escritura.

El club nació, recuerda, con una intención concreta: buscar conscientemente el tipo de amistades que quería tener.

Cerca del 70 por ciento de las mujeres que asisten han llegado porque quieren construir un círculo social fuera del que han tenido siempre. Se dan cuenta de que no comparten los mismos hábitos o de que las convivencias se vuelven repetitivas.

Desde la psicología, Aitana Sánchez explica que, al entrar en la vida adulta, las personas suelen descubrir que las amistades de la infancia no eran necesariamente las mejores, sino las más cercanas.

Por eso es normal buscar nuevos círculos en los que las relaciones estén alineadas con los valores actuales y permitan crear comunidades más amplias y recíprocas.

“Pasajeras, Club de Lectura y Journaling” llega a su cuarta edición.| Gelmin González.

Un dado, una película o cinco kilómetros

El mecanismo se repite, aunque cambie el pretexto. Gustavo Carreón, fundador del club de juegos de mesa “El Turno de la Liebre”, quiso conocer qué buscaban las personas antes de iniciar su proyecto.

En el formulario que realizó, 85 por ciento de los encuestados respondió que el principal atractivo era conocer gente nueva dentro del mismo hobby. Para Gustavo, su proyecto es similar a una ficción o thriller.

Para Constanza Sánchez, directora general y creativa del Festival Internacional de Cine en La Laguna “Claqueta”, su Claqueta Club es más parecido a una fantasía mágica.

Claqueta Club es una extensión del festival y construye alrededor del cine un espacio para encontrarse mediante proyecciones, dinámicas de escritura, trivias y otras actividades para disfrutar del séptimo arte de manera colectiva.

Constanza considera que existe una necesidad de buscar conexión más allá de las redes sociales y que por ello han incrementado los clubes.

Explica a MILENIO que en Claqueta decidieron “volver a lo análogo y empezar de cero con el boca a boca”. El camino hacia la convivencia puede comenzar en una pantalla, pero la recompensa ocurre fuera de ella.

La felicidad también está en el otro

Aitana Sánchez sostiene que una buena calidad de vida incluye vínculos sanos. Por eso recomienda discernir conscientemente qué gusta y qué interesa para empujarse a probar más actividades.

Hay que salir a buscar esos espacios, probarlos y encontrar a quienes comparten algo con uno. Porque, afirma, “la felicidad también está en el otro”.

Esa noche, ese “otro” corre por las calles de Torreón.

Claqueta Club construye otras actividades para disfrutar del séptimo arte de manera colectiva.| Gelmin González.

Luis corre de la punta al fondo mientras toma videos. Las torretas de la Policía Municipal resguardan el paso. Josué, cofundador, guía las pisadas. Carlos y Kenzo se pierden entre los asistentes.

Desde las alturas de los puentes ya no se distingue al hombre que llegó solo a Plaza Almanara. Tampoco a los desconocidos que fueron llegando uno por uno. Sólo se alcanza a ver una comunidad.

La noche terminará en el centro de Torreón, con una cerveza y una canción de Marisela de fondo.

Pero la historia comenzó unas horas antes, cuando Carlos llegó solo con Kenzo y esperó a que aparecieran los demás.

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