Juan Gómez Junco nació en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, en 1947. Trae el periodismo en la sangre por herencia familiar, aunque gran parte de su actividad la ha dedicado a la docencia, que es otro de los terrenos donde ha tenido la distinción, gracias a su capacidad para transmitir conocimientos y la manera de conducir a jóvenes que se encuentran en la antesala de la vida laboral.
Aunque de manera popular se le identifica por su programa de televisión ‘Futbol al Día’, Gómez Junco goza del reconocimiento de aquellos que tuvieron la oportunidad de estar en su salón de clase.
¿Cómo es que te decidiste por la docencia?
Estudié en la Universidad Anáhuac en Guadalajara y para poder titularme di clases todo el año escolar del 68-69. Antiguamente el ciclo iniciaba el 2 de septiembre, yo tenía el tercer grado de primaria.
Como punto fino de esa experiencia, estaban por venir las olimpiadas en octubre de 1968. Por iniciativa mía, en clase nos metimos en una dinámica multidisciplinaria usando los elementos que otorgan las olimpiadas, como nacionalidades, banderas, culturas, himnos, costumbres, geografía, historia.
En las pruebas de campo, por ejemplo, todo es número, igual en atletismo, la natación, no así la gimnasia y otros, pero la natación y atletismo daban mucho pie para manejar unidades de aritmética y matemáticas.
Fueron dos grandes semanas. En primera instancia los padres de familia querían que los niños estuvieran en su casa, que no fueran al colegio; sin embargo, los convencimos que era mejor llevar al salón televisores en blanco y negro, cosa que parecía ultrajar la actividad de la pedagogía, pero a partir de ahí recibirían actividades académicas y deportivas, en función de las olimpiadas. Los niños contentos, unidos, compenetrados.
¿Qué otra experiencia tuviste?
Me tocó trabajar en escuelas especiales, específicamente de sordomudos, es ahí donde la experiencia cobra otra dimensión para poder incluir al niño a un mundo que la naturaleza no les había favorecido al ser sordomudo, sobre todo el habla.
Tuve una experiencia con un niño de 10 años que pudo decir la letra ‘A’, un día después de tanto esfuerzo y tanto trabajo fonético. Era una gran satisfacción para él como para mí.
¿Dónde más trabajaste?
Como pedagogo me fui desarrollando en terreno profesional en universidades como el Tecnológico de Monterrey fundamentalmente, también en la Ibero y esporádicamente en la UAL y el Tec Laguna. Esa actividad la fui desarrollando a nivel licenciatura y nivel de maestría en la Ibero en Saltillo
¿Qué experiencias tuviste?
Una satisfacción que tengo es que impartí materias de desarrollo humano, de desarrollo gerencial, donde el ser humano es invitado a desarrollar conjuntamente la organización con una actitud de ganar-ganar, con una actitud y postura tomada como hábito de conducta de proactividad, de hacer que las cosas sucedan, de nunca actuar ganar-perder o perder- ganar, que en la actividad empresarial no todos vayan en el mismo objetivo, sino que el triunfo, el éxito sea individual y compartido.
Una satisfacción que tuve fue que ahí mismo en Saltillo, una alumna, estudiando maestría, encontraba que su jefe no le permitía desarrollarse en el trabajo, entonces me atreví en base a un material de estudio, que ella convenciera al jefe de su jefe de que su jefe no era capaz.
Ella estaba consciente de esa realidad. Las maestrías duraban seis sesiones repartidas en tres semanas y al empezar la tercera semana, esa misma persona me dijo que ya había hablado con el jefe de su jefe y lo convenció de que su jefe directo estaba estropeando el desarrollo de la organización.
¿Cómo es Juan Gómez Junco como maestro?
Ya como maestro de profesional supe identificarme con el alumno en una situación de ganar-ganar. Para mí fue muy importante que el alumno viera en mí una persona que le iba a facilitar el camino, no sólo para pasar una materia, sino que le sirviera como un apoyo para crecer. Los alumnos con el tiempo me lo fueron reconociendo, me decían que otros maestros eran vistos con intención de molestarlos, de hacerlos sufrir, de perjudicarlos.
Mi postura psicológica-pedagógica es que al ser humano en su educación hay que llevarlo al desarrollo, que él vea los beneficios al estar trabajando. El alumno, cuando ve que no quieres perjudicarlo, desarrolla mucho más y por su cuenta.
¿Tienes un pasatiempo?
Tomar café, leer, en trabajo es ver futbol, no es aburrimiento, es tendencia al trabajo. También es un pasatiempo atender a mis nietos, me encanta estar con ellos, jugar, verlos crecer. El mayor tiene 5 años y me pregunta por qué salgo en la tele, porque los papás de sus amigos dicen que me conocen. Se sorprenden.
¿Qué libro recomiendas leer?
El Principito, un cuento que termina siendo un gran mensaje de conducta, de saber apreciar las cosas, valorarlas, saber ser congruente.
¿Qué opinas de la política?
Me encanta, pero me doy cuenta cada vez que está más sucia. Me gusta leer, enterarme, documentarme, platicar, intercambiar ideas. Tengo dos o tres amigos propositivos al presidente y otros no inclinados hacia él, trato de mediar en términos de lo que se hace bien y qué no le hemos comprendido o qué país le hemos venido dejando, pero sí me interesa.
Una película
Titanic. La vi tres veces, por cómo sucedió la intriga, la situación por sobrevivir, el despecho por estar ante el hundimiento.
¿Qué percepción tienes de la pandemia?
No le echo la culpa al gobierno, sí a nosotros por ser irresponsables al salir, al convivir, aunque sé que tenemos que trabajar, generar ingresos para comer.
Es decir, me cuido dos meses o no me cuido. Es una disyuntiva muy profunda para cada familia, pero hemos abusado de echarle la culpa al gobierno, probablemente el gobierno no haya manejado bien los datos, pero nosotros por necesidad de trabajar, la pandemia nos vino a poner entre la espada y la pared, pero es real. El primer mensaje es no salir, una situación difícil de aceptar y llevar.
EGO