M+.- Al inicio de cada ciclo escolar, las instituciones de educación básica realizan actividades para detectar a alumnos con aptitudes sobresalientes.
En septiembre, al arranque del ciclo 2025-2026, en la región lagunera de Durango fueron identificados 604 niños que destacan por encima de la media de su grupo, ya sea en el ámbito intelectual, artístico, psicomotriz o socioafectivo.
Contrario a lo que comúnmente se piensa, un niño sobresaliente no necesariamente es el más ordenado o atento en clase; también puede ser inquieto o presentar conductas asociadas con neurodivergencias como el autismo o el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).
Irma Azucena Pérez Alanís, subjefa de Educación Especial, de la Subsecretaría de Educación del Estado de Durango (SEED) en La Laguna, explicó que desde hace 15 años se implementa un proceso de detección dentro de las escuelas, acompañado de capacitación docente.
Esto ha permitido acceder al programa federal de Fortalecimiento a la Educación Especial, cuyos recursos se destinan a formación y materiales.
“Hubo un tiempo en que el recurso se concentraba en discapacidad por ser el foco de atención; ahora existen partidas separadas, una para discapacidad y otra para aptitudes sobresalientes”, señaló.
Niños que también necesitan atención especializada
Aunque persiste la idea de que estos alumnos no requieren apoyo especializado, la experta subrayó que se trata de un mito.
“Son niños que tienden a aburrirse, lo que puede derivar en problemas emocionales o de conducta. A veces el más inquieto lo es porque no se le está estimulando lo suficiente”, indicó.
El proceso de identificación inicia con la observación docente dentro del aula. Posteriormente, se aplica un inventario con preguntas específicas para evaluar las distintas áreas de desarrollo del alumno.
La información se integra a un registro nacional, del cual depende la asignación de recursos federales.
El siguiente paso, considerado clave, es la reunión con madres y padres de familia para informarles sobre las capacidades de sus hijos y las opciones extracurriculares disponibles.
Sin embargo, en esta etapa suelen presentarse dificultades, principalmente por falta de tiempo o recursos económicos para trasladar a los menores fuera del horario escolar.
“Hay familias que optan por la atención dentro de la escuela porque no pueden llevarlos a actividades externas. Aun así, hemos crecido en talleres; actualmente cerca de la mitad de los alumnos recibe atención en estos espacios”, explicó.
Solo 50% recibe atención
En la región, 250 docentes de educación especial brindan atención en 11 municipios, donde existe una matrícula aproximada de 150 mil alumnos de nivel básico.
Aunque se desarrollan actividades dentro de las escuelas, los casos con mayor potencial son canalizados a la Unidad de Servicios de Apoyo a la Escuela Regular (USAER).
Estos centros tienen como objetivo impulsar la inclusión educativa y eliminar Barreras para el Aprendizaje y la Participación (BAP), mediante equipos interdisciplinarios integrados por pedagogos, psicólogos, comunicólogos y trabajadores sociales.
Actualmente, la USAER cuenta con tres centros: dos en Gómez Palacio y uno en Lerdo, donde se atiende a 50 por ciento de los niños sobresalientes mediante talleres extracurriculares gratuitos.
No obstante, enfrentan limitaciones de infraestructura y equipamiento. Además, los docentes que imparten los talleres no reciben remuneración adicional.
Uno de los espacios opera en el Centro Psicopedagógico Jean Piaget, en Gómez Palacio, donde funcionan dos zonas escolares. Otro se localiza en Lerdo.
Como proyecto a futuro, se contempla la creación del Centro de Iniciación a las Ciencias, el Arte y la Tecnología (CIACYT), con el objetivo de concentrar a estos estudiantes y ampliar la cobertura.
Padres relatan cómo descubrieron el talento de sus hijos
En la USAER 22Z, ubicada en el Centro Psicopedagógico Jean Piaget, se ofrecen talleres como el de robótica, donde participan alumnos previamente identificados por sus docentes.
El acompañamiento de madres y padres resulta fundamental. Cada semana, familias trasladan a sus hijos para que continúen su formación.
Leticia Rivera Sánchez, madre de tres menores inscritos en robótica, relató que fue a través de los maestros de primaria como detectó las habilidades de sus hijos: los dos mayores en el área intelectual y el menor en creatividad.
En el caso de su hijo mayor, las señales fueron evidentes desde temprana edad.
“A los cuatro años ya leía y tiene gran habilidad para las matemáticas; incluso obtuvo pase para un torneo nacional”, comentó.
Rivera Sánchez recomendó a otros padres respaldar los intereses de sus hijos.
“Estoy aquí porque ellos quieren estar. A veces uno les dice: ‘Hoy no vamos’, y ellos responden: ‘Sí vamos, mamá’”, relató.
Por su parte, Jorge Alberto Esparza, padre de dos niños sobresalientes, destacó que la curiosidad y el interés por temas complejos suelen ser señales importantes.
“Mi hijo se interesa por la astronomía y sigue temas como el programa Artemis. Es una ‘minicalculadora’”, expresó.
El papel clave de las familias
Ambos padres coincidieron en que el compromiso familiar resulta determinante para el desarrollo de los menores.
“Si los padres no se involucran, es difícil que los niños permanezcan en los talleres”, señalaron.
Además del orgullo, reconocieron que estas actividades representan una responsabilidad importante, pues modifican la dinámica familiar y requieren coordinación constante.
aarp