Samuel Romero Reyes, de 11 años, soñaba con manejar grandes camiones de carga; el cuarto de cinco hermanos, era un niño estudioso, parte de la escolta de la escuela donde cursaba sexto grado de Primaria en la comunidad de El Tejocote, municipio de La Perla, Veracruz, donde la mayoría de las familias viven del cultivo de flores.
“Mi hijo pensaba entrar a un internado, pues él quería ser un gran chofer de un carro grande, quería viajar por las carreteras, llevar un carro grande, su plan era hacer un estudio, nosotros aquí tenemos un internado que hacen un examen y se van para Guadalajara y mi hijo eso quería hacer su examen ahora en febrero, para que se fuera para Guadalajara a estudiar, para que él llegara con un bachillerato de allá”, recordó con tristeza Leticia Hortensia Reyes de Jesús, madre del menor.
Samuel murió en manos de su compañero de juegos, otro niño de 10 años, en las maquinitas, el domingo 14 de enero; tras el crimen, la familia del niño de 10 años que le disparó con la pistola de su padre, huyó.
La vida de Leticia cambió drásticamente, “El no tener mi hijo me cambió completamente, me ha cambiado ya de una forma con mis hijos. No sé, me siento vacía, me siento mal, porque no pude hacer nada por mi hijo. Aunque lo jalé en ese instante, lo levanté cuando se encontraba entre la vida y la muerte, lo jalé. Me cambió porque no pude hacer nada por él, corrí, lo llevé a la ambulancia, quise que mi hijo viviera y no pude hacer nada”
Lo alejado del Hospital de Río Blanco también influyó para que el menor perdiera la vida, por el tiempo que se pierde en el traslado.
Maximino Flores Sánchez, padre del niño agresor, incurrió en varios delitos, entre ellos el de omisión de cuidados, al dejar en la mesa un arma cargada. La pena de cárcel es mínima; su hijo pasaría a lo más, cinco años en un correccional de menores, explicó José Alfredo Riverón Mora, abogado penalista
“En este caso el delito de omisión de cuidado en el caso del padre, porque siempre se deben tener en lugares muy especiales, en lugares donde finalmente estén muy seguras las Armas, y solo más prudente es que no existan en los senos familiares porque ya vemos lo que sucedió en este caso y deben de estar las armas descargadas, desabastecidas”.
Leticia recuerda las últimas palabras que escuchó de su hijo:
“Mamá, mamá, me robé dos pesos de mi alcancía, voy a jugar a las maquinitas, enseguida regreso”.
La familia había asistido a misa y después de comer en casa, el menor cruzó la carretera que separaba su hogar del lugar donde murió.
A seis días de los hechos, la familia de la víctima teme que no se haga justicia.
Erasmo Romero Gallardo, padre de Samuel advierte que vivirá para buscar a los prófugos, pues duda de las autoridades responsables de impartir justicia.
“Pedir es por demás, lo tenemos que hacer nosotros, pedir es por demás; ¿ustedes van a buscarlo? Claro que yo voy a buscarlo hasta que lo encuentre, nunca cesaré de buscarlo. Claro que lo voy a buscar, si para eso vivo y para eso viviré nada mas”.
Leticia Reyes de Jesús duda también que les hagan justicia.
Los abuelos del niño agresor y los papás de Samuel son compadres y amigos. Las maquinitas donde jugaban están en la casa de la pareja de adultos mayores, y a un lado del cuarto donde vivía la familia hoy prófuga.
Josefina, abuelita del agresor reprobó que su hijo huyera y no enfrentara lo que su hijo hizo.
“No pues se siente feo, pero como yo le digo también, no tuvo la culpa él, pinche chiquillo por ahí anduvo trasteando. Chiquillo cabrón le digo, anduvo trasteando. Él (papá) no tuvo la culpa, él andaba trabajando”.
Ignacio Flores, el abuelito del menor agresor considera que su hijo Maximino Flores y su nieto deben asumir su responsabilidad.
“La verdad yo no tengo por qué tapar, ya cometió su error, adelante, que arregle sus problemitas y digo donde lo encuentren, búsquenlo y donde lo encuentren…fue un accidente de los chamacos y a lo mejor la culpa la tiene mi hijo por dejar un fierro mal puesto y su hijo lo agarró como jugando y le pegó un tiro”.
Desde la muerte del hijo de sus compadres no puede dormir, no sabe donde se han ido sus dos nietos, su hijo y nuera, quien está embarazada.
“Mi cabeza me trabaja, ya no duermo en la noche, ya no duermo, me salgo y me paseo y digo, piche chamaco y donde andarán, la mujer está embaraza, mi nuera. No sé qué pasa…búsquenlo, localícenlo donde quiera que esté y métanlo a la cárcel, él es que que tiene que pagar, que no se ande escondiendo, que pague más que la verdad, yo no lo tapo”.
Autoridades municipales y estatales enviarán apoyo psicológico para las familias de El Tejocote.
También esperan encuentren y detengan al padre del agresor.
LG