“Soy madre, camaronera y no temo embarcarme”

Entrevista

Desde hace 18 años, María Ofelia Ciridol trabaja en naves pesqueras como cocinera y otras maniobras para sostener a sus cinco hijos, dos de ellos adoptivos.

"La Toya" es la única que aborda estas embarcaciones en Mazatlán, Sinaloa. (Adriana Carlos)
Adriana Carlos
México /

“No me da miedo, porque estoy dispuesta a todo y el trabajo es así”, afirma María Ofelia Ciridol Mérida, mejor conocida como La Toya, única mujer y madre de familia que se embarca en altamar como miles de pescadores en un camaronero de Mazatlán, Sinaloa. Orgullosa, muestra su libreta de mar, la cual la autoriza a embarcarse, expedida por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

Su plaza es de cocinera, pero labora también en cubierta, como cualquiera de los trabajadores de mar que cada temporada se embarcan para sostener a su familia.

“Los pescadores me conocen que ando trabajando, echándole ganas para mis hijos. Ahorita va pa’ mis nietos o para mí también, porque ya viene la vejez”, señala, mientras sube a uno de los cientos de barcos que permanecen atracados en el muelle pesquero Alfredo Bonfil.

Desde los 21 años empezó a embarcarse en un camaronero en Chiapas, después en tiburoneros y regresó a un barco de la empresa Pancho Bomba y desde hace cuatro años vino a Mazatlán.

“Fue porque vendieron los barcos (camaroneros) y allá solo dejaron los atuneros, pero ahí no le dan oportunidad a la mujer”, detalla.

A La Toya el trabajo rudo y ser la única mujer entre una tripulación de seis hombres no le preocupa. Tiene 39 años, nació en el pueblo Barra de San Simón, municipio de Mazatán, Chiapas, un 4 de abril.

Paradójicamente, dice que le daba más miedo ser entrevistada sobre su actividad y por el “qué dirán. La gente se preguntará por qué anda a bordo, por qué soy camaronera, pero les respondo: ‘Por luchona, para sacar adelante a mis hijos y valorarme como mujer’.

“Si no se valora uno de mujer, adónde va. Yo no tengo estudios, pero gracias a Dios que mi padre, que fue motorista; mi tío, cocinero, y otro tío, más que trabaja en esta empresa, fue que me embarqué. Él me dice que le eche ganas para que mañana no diga la gente: Esa anda trepada porque anda dando las nalgas, pero no, ando trabajando como ellos y me conocen”, reitera.

“Estoy todavía joven para seguir adelante en mi vida. Soy soltera y estuve casada, pero el galán me traicionó. Hay que echarle ganas porque somos mujeres, hay que sentir y valorarse por una misma y no por los demás”, asegura la pescadora.

“Mis compañeros me han respetado por lo que soy: La Toya; así me bautizó un señor capitán que se llama Marco, dice que soy una luchona en la vida, conoce mi historia y mi reputación a bordo. Comencé en los chinchorros”.

Aborda el barco camaronero –uno de cientos navíos atracados en el muelle, debido a que es temporada de veda—. Lo muestra, orgullosa, desde la popa hasta la proa y reafirma que con su trabajo en la pesca ha sacado a su familia adelante.

Su vida no fue fácil, es madre de cinco hijos; tres propios y dos adoptados. Desde pequeña iba a pescar en una canoa, en lancha, se casó joven, fue ama de casa y trabajaba. A los 18 años tuvo a su primer hija Griselda Mélida, después nació Anahí y José Antonio.

Nuevamente tuvo una pareja con dos hijas, Juana Iris y Naty, pero terminó esa relación y las adoptó. Ella y su hija mayor son el sostén familiar.

Antes de entrar de embarcarse, Toya era redera, quienes tejen las redes de los excluidores, pero a los 21 años, en Chiapas, decidió embarcarse para ganar más dinero y sostener a sus hijos y madres, la cual en ese entonces aún vivía.

Sus hijos aprendieron a vivir esperándola a su regreso del viaje de uno o hasta dos meses. Le ha tocado tormenta y dice que no le da miedo, porque el trabajo es así.

“Todos los de allá que son de mi pueblo se vienen a pescar acá, sus primos, hermanos en el barco, y dejan solas a sus mujeres allá”, dice. Lo que no es común que una mujer trabaje en lo que hace ella.

La tripulación de un camaronero es de seis pescadores. Toya empezó de aprendiz (pavito), subió a marinera y cocinera. “Si Dios quiere seré capitana, patrona de barco, porque ellos ganan más”, advierte.

“Empiezo como a las 4 de la mañana, hago la comida y la reparto a las 8, a las 13 horas doy la comida y a las 18 la cena, pero también ayudo a descabezar los camarones y en lo que se pueda”, concluye.

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