M+.- El futbol empieza donde puede, en la calle, en una cancha de tierra, en un hueco donde dos piedras alcanzan para fundar una portería. Brian Rodríguez comenzó en esos partidos en los que se jugaba contra amigos, conocidos y vecinos. Había que pensar rápido, inventar espacio, soportar el golpe, volver al día siguiente. La derrota no quedaba registrada en ninguna estadística, pero podía doler igual, quizá porque sólo la recordaban quienes la habían sufrido.
Venir de ese futbol significa traer una gramática distinta en el cuerpo. En América Latina, la pelota suele aparecer antes que la cancha. Primero está el deseo; ya después, si hay suerte, el espacio. En Rodríguez, esas memorias todavía organizan su manera de hablar de futbol —la familia como motor, la calle como escuela, Uruguay como una camiseta cargada de historia—. Hoy representa a una selección que convirtió la desproporción en mitología y cuenta con el respaldo de marcas internacionales.
Su historia comenzó como la de tantos niños en Latinoamérica, donde se juega hasta que cae la noche y todavía no saben que esa insistencia, algún día, puede llamarse destino.
¿Qué recuerdos te vienen a la mente cuando piensas en los partidos de tu infancia?
Mucho barrio, mucha calle y demasiadas ganas de jugar. Me acuerdo de pasar horas jugando con amigos hasta que se hacía de noche y mi mamá tenía que salir a buscarme. Ahí aprendí a competir de verdad, porque nadie quería perder y todos jugábamos con el corazón.
¿Cuál fue el primer Mundial que recuerdas?
El de Sudáfrica 2010. Lo viví con muchísima emoción porque Uruguay hizo un torneo increíble. Ver a jugadores como Forlán, Suárez o Cavani representar al país de esa manera me hacía pensar que algún día yo también quería estar ahí.
¿Qué crees que tiene el futbol latinoamericano que no se encuentra en ningún otro lugar?
La pasión. En Latinoamérica se vive distinto, más intenso, más emocional. No importa dónde juegues, siempre hay picardía, talento y esa hambre de salir adelante que se nota en la cancha.
¿Cómo te formó ese futbol —más crudo— de la calle?
Te hace rápido mentalmente. En la calle no tienes tiempo para pensar demasiado, tienes que resolver. También te da personalidad, creatividad y carácter porque juegas contra gente más grande, más fuerte y aprendes a no achicarte nunca.
¿Tuviste que dejar algo atrás para perseguir tu sueño?
Sí, muchísimas cosas. Sobre todo tiempo con mi familia, mis hermanos. Irme joven de casa y perderme momentos importantes duele bastante, pero entiendes que son sacrificios necesarios para cumplir tus sueños.
¿Qué fue lo que te empujó a seguir?
Las ganas de darle una mejor vida a mi familia, eso te mueve todos los días, y también la confianza en mí mismo. Siempre sentí que podía llegar lejos si trabajaba de verdad.
¿Qué fue lo más duro de adaptarte a otro país?
La soledad al principio. Cuando cambias de país extrañas todo: la comida, la gente, tus amigos, tu rutina; con el tiempo maduras muchísimo y aprendes a valorar todo.
¿Qué papel juegan tu familia y tu comunidad en lo que eres hoy?
Definitivamente soy quien soy gracias a ellos. Mi familia siempre estuvo conmigo incluso en los momentos difíciles y me enseñó valores que todavía llevo conmigo: humildad, trabajo y respeto.
¿Hay un momento reciente que te haya hecho pensar: “Lo logré”?
Cada vez que entro a la cancha con Uruguay o juego partidos importantes con el club lo pienso un poco; también entendí que esto nunca termina, siempre quieres ir por más.
¿Qué significa representar a Uruguay en la cancha?
Es un orgullo gigante. Uruguay es un país pequeño pero con una historia enorme en el futbol. Ponerme esa camiseta me obliga a competir al máximo porque sé todo lo que representa para la gente.
¿Qué sueñas para tu selección en el Mundial?
Sueño con hacer un Mundial histórico; tenemos una generación muy buena y mucha hambre. Obviamente uno sueña con llevar a Uruguay a lo más alto y estoy listo para ello.
¿Qué creías imposible que hoy es parte de tu vida?
Jugar en estadios llenos, enfrentar a grandes jugadores, representar marcas importantes; cuando era niño parecía algo muy lejano y hoy es parte de mi realidad.
¿Qué significa para ti contar con el respaldo de marcas como Nike?
Es muy especial porque son marcas que ví desde niño y siempre relacioné con los mejores atletas del mundo. Que confíen en mí significa que algo estoy haciendo bien y me motiva a seguir creciendo.
Nike ha impulsado iniciativas como Toma el juego, que buscan crear espacios para que los jóvenes se expresen a través del futbol callejero. ¿Cómo puede influir en las nuevas generaciones?
Muchísimo, porque ahí nacen los sueños. A veces un espacio, una oportunidad o sentirte visto puede cambiarle la vida a un niño. El futbol callejero tiene una esencia muy auténtica y creo que nunca se debería perder.
¿Con qué tacos juegas y qué características consideras esenciales en un calzado para rendir al máximo en la cancha?
Juego con Nike Mercurial porque me gusta sentir velocidad y ligereza. Para mí un buen taco tiene que darte comodidad, estabilidad y confianza para jugar libre.
hc