Cuando se le pregunta por el error propio que más le advierte a quien recién empieza, Emiliano Schenfelt no contesta con una operación fallida ni con una posición que salió mal. Se va a un terreno que no tiene nada que ver con el dinero, y lo hace rápido, como quien ya probó que ese camino explica mejor la idea.
Quince años
Entrena hace veinticinco años. Los primeros quince, según él mismo admite, entrenó mal.
Hacía repeticiones y creía que eso era entrenar. Iba, cumplía, volvía al día siguiente y repetía. Lo único que consiguió, dice, fue lastimarse. Los últimos diez años entrenó bien, y el cambio no vino de una rutina nueva ni de más horas adentro del gimnasio. Vino de conseguir a alguien que le corrigiera la técnica.
Y de esa experiencia saca la conclusión que aplica a las inversiones sin necesidad de traducirla demasiado. Repetir sin nadie que te corrija no da experiencia. Da los mismos errores durante más tiempo.
Lo que dice la investigación
La investigación sobre aprendizaje experto viene señalando algo parecido desde hace décadas, aunque con menos épica que la versión que se popularizó. El estudio original de Ericsson, Krampe y Tesch-Römer, publicado en 1993 en Psychological Review, que dio origen a la idea de las diez mil horas, sostenía que lo decisivo no era la acumulación de horas sino la práctica deliberada, es decir la que incluye corrección y objetivos puestos apenas fuera de lo que uno ya sabe hacer. Una replicación posterior del trabajo, encabezada por Brooke Macnamara y publicada en 2019 en Royal Society Open Science, encontró efectos bastante más chicos que los del estudio original, lo cual debilita todavía más la lectura simplificada de que basta con acumular.
La versión de gimnasio de todo eso es la de alguien que se lastimó durante quince años sin darse cuenta. Emiliano Schenfelt no cita ningún estudio cuando lo cuenta, y no le hace falta, porque el episodio tiene la ventaja de que cualquiera puede imaginarlo.
La historia tiene algo desagradable, y probablemente sea el motivo por el que funciona. No cuenta que le faltaba información. Tenía toda la información disponible y la aplicaba todos los días con disciplina. Lo que le faltaba era alguien mirando desde afuera que le dijera que el movimiento estaba mal hecho.
Ese punto es el que Emiliano Schenfelt subraya cuando alguien le dice que está estudiando mucho por su cuenta. Estudiar mucho y estudiar bien no son la misma actividad, y desde adentro se parecen bastante.
La trampa del volumen
El otro error que menciona es el mismo de fondo, dicho de otra manera. Querer que las cosas pasen rápido. Perdió años, cuenta, intentando acelerar procesos que no se aceleran, y ese apuro es exactamente lo que lleva a confundir volumen de práctica con progreso, porque el volumen se puede ver y el progreso no tanto.
Ese ejemplo aparece cuando alguien llega pidiéndole a Emiliano Schenfelt resultados en pocos meses. Es más difícil discutirle a una historia de gimnasio que a una recomendación sobre plazos, y él parece saberlo.
Eso explica también dónde terminó parado. Después de ocho años en el mercado de capitales hoy invierte a largo plazo, y un horizonte así, dice, es la única manera que encontró de que el apuro deje de tener dónde meterse.
No es un maestro para toda la vida
No está vendiendo la idea de que todo el mundo necesita un maestro para siempre. Su planteo es más acotado y más incómodo: en las etapas donde uno está formando el criterio, hacer las cosas solo no acelera nada, y la sensación de estar avanzando puede ser exactamente eso, una sensación.
La lección, además, le llegó bastante tarde. Quince años son muchos años para descubrir que uno venía haciéndolo mal, y él no lo maquilla contándolo como un aprendizaje inevitable ni como parte de un plan.
"Repetir sin nadie que te corrija no te da experiencia, te da los mismos errores durante más tiempo. Eso es lo que le advierto a cualquiera que arranca".