San Miguel de Allende es una de las ciudades que se descubren caminando, entrando a sus galerías, sentándose a la mesa o prolongando una conversación hasta que cae la noche.
Y es que, en sus calles empedradas, las fachadas coloniales conviven con boutiques de diseño, espacios de arte contemporáneo, restaurantes de autor y terrazas donde la vida transcurre sin demasiada prisa.
Cúmulo de historias por la ciudad
Su personalidad tiene una explicación histórica: fundada en 1542 por el fraile Juan de San Miguel con el nombre de San Miguel el Grande, la población fue un punto estratégico del Camino Real de Tierra Adentro, ruta comercial vinculada con el traslado de plata desde los centros mineros del norte.
Durante el siglo XVIII vivió una época de esplendor que dejó como herencia templos, casonas y construcciones barrocas. También fue escenario de acontecimientos fundamentales para la Independencia de México y tierra natal de Ignacio Allende, cuyo apellido se incorporó al nombre de la ciudad en 1826. En 2008, su valor histórico y arquitectónico, junto con el Santuario de Jesús Nazareno de Atotonilco, recibió el reconocimiento de Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Nuevas expresiones sin perder su identidad
Esa historia es apenas el comienzo de un recorrido por una ciudad que ha sabido incorporar nuevas expresiones sin perder su identidad. Precisamente, para mostrar esa diversidad, GEMA (Gastronomía, Enología, Mixología y Arte) y Hédoné Experience by Lincoln organizaron una experiencia que reunió distintos escenarios de su oferta cultural, hotelera y gastronómica.
GEMA busca mantener viva esta conexión durante todo el año mediante encuentros mensuales o warm ups, además de su festival, cuya próxima edición está programada del 12 al 15 de agosto de 2027.
Por su parte, Hédoné Experience by Lincoln propone descubrir destinos a través de recorridos por carretera en las SUV Lincoln Navigator y Nautilus, donde el trayecto también forma parte de la experiencia.
Una ciudad que se vive en sus calles
El carácter cosmopolita de San Miguel se percibe en su comunidad. Personas de distintas nacionalidades han encontrado aquí un lugar para vivir, crear y desarrollar proyectos. Laura Torres Septién, propietaria del Hotel La Morada, destaca que actualmente hay habitantes de más de 40 países. Para ella, la hospitalidad forma parte de la esencia del destino: «Desde que se fundó San Miguel de Allende, era una ciudad donde la gente llegaba aquí a hospedarse». Ella es autora de tres libros sobre la ciudad; el más reciente: Las calles de San Miguel de Allende, que incluye QRs con videos y canciones.
Esa convivencia también explica su tradición artística. El Centro Cultural de Arte y Diseño La Aurora y galerías como Punto Actual reúne propuestas de artistas consolidados y creadores emergentes. En esta última, el artista Antonio Loza Hetch abre las puertas a la escultura, la pintura, la joyería de diseño y exposiciones colectivas que permiten acercarse a distintas formas de expresión.
La creatividad también sale de las galerías. En el universo de la moda, el trabajo de Mario Galaviz, creador de Golden Lola, recupera prendas de segunda mano para transformarlas mediante bordados y técnicas textiles. Su taller, donde colaboran alrededor de ocho mujeres, demuestra que la sustentabilidad puede encontrar un espacio en el diseño contemporáneo y en la preservación de los oficios.
De la cocina mexicana a la sobremesa cosmopolita
La gastronomía es otro de los grandes motivos para recorrer San Miguel. Aquí conviven recetas tradicionales, ingredientes regionales y propuestas que incorporan influencias de distintas partes del mundo. La experiencia puede comenzar con una cocina mexicana de raíces populares y continuar con creaciones de autor, vinos de la región y coctelería contemporánea.
En Pueblo Bonito Vantage San Miguel de Allende, un hotel boutique de lujo de 5 estrellas es el primer concepto urbano de la cadena, que además del Spa más completo del destino, su restaurante destaca por la alta cocina mexicana del chef Ernesto Alfaro.
A las afueras, Hacienda Los Picachos y su restaurante YO ofrecen otra perspectiva: una cocina que se disfruta entre jardines, terrazas y montañas. De hecho, a partir de este 6 de noviembre inicia el proyecto “Tú y yo sessions” con chefs invitados todos los viernes por la noche. En esta ocasión el invitado es el chef Gerardo Ramírez, de Marchante. Para la noche del 13 de noviembre se espera al chef Edgar Morán, de “Palmar”.
Una noche en su propio lenguaje
En Hacintto, el chef Alex Cortés presenta una carta para compartir, con preparaciones como tacos de pato, camarones zarandeados con chile meco y rabo de toro. La mixóloga Yuranzi del Valle Silva complementa la propuesta con creaciones como el Margaritto, elaborado con tequila, piña, pepino, cilantro y licor de chile y limón.
En TONANA, el rooftop de Casa Hoyos, la mixología retoma referencias ancestrales, plantas e infusiones botánicas para crear bebidas que dialogan con el diseño y la cultura mexicana. En sus alrededores, bares, restaurantes y terrazas mantienen el movimiento hasta entrada la noche.
San Miguel también conserva espacios donde la tradición permanece presente: desde las artesanías y los alfeñiques elaborados por familias que han transmitido sus conocimientos durante generaciones, hasta las celebraciones populares que ocupan sus plazas y calles.
Ejemplo de ello, es el Hotel Hacienda El Santuario, que durante la celebración por el Día de Muertos, organizó varias actividades para huéspedes y visitantes, como la creación de alfeñiques, pues sus suites evocan la riqueza artesanal del país con alebrijes, artesanías mexicanas hechas a mano y esculturas de barro.
Quizá ahí radique su mayor atractivo: en una ciudad donde la historia no permanece encerrada en los edificios, sino que convive con nuevas generaciones de artistas, cocineros, diseñadores y viajeros.
San Miguel de Allende es colonial, pero también contemporánea; mexicana, aunque abierta al mundo. Un destino que invita a caminar, probarlo y, sobre todo, quedarse un poco más.
RRR