• Artistas latinos de Chicago desafían la política migratoria de Trump

  • Ante el endurecimiento de las medidas migratorias, el Instituto Gráfico de Chicago presenta "Tinta Ardiente" en Pilsen.
Diego Salcedo
Estados Unidos /
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Frente a las redadas migratorias y el temor a las deportaciones, un colectivo de artistas latinos ha convertido el arte en una expresión de resistencia cultural: A través de símbolos indígenas y sus propias historias, personas de migrantes, reivindican sus raíces, buscan fortalecer los lazos de la comunidad y desafiar el miedo con un mensaje de esperanza.

Su propósito va más allá de la protesta: defender la identidad, movilizar a la comunidad y demostrar que el arte también puede convertirse en un arma contra el temor, resume a MILENIO un grupo de los integrantes del colectivo del Instituto Gráfico de Chicago, que inauguraron este fin de semana la exhibición “Tinta Ardiente” en el barrio mexicano de Pilsen.

“Esto es la obra acumulada de la comunidad, y el título refleja ese corazón y esa pasión ardiendo a partir de lo que ocurrió con Trump y el ICE”, dice en entrevista Eric Gasca, en medio de cientos de personas que abarrotaron el National Museum of Mexican Art, y tuvieron que hacer filas y turnos para presenciar las obras.
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El colectivo se ha convertido para ellos en ese espacio de resistencia. Algunos de sus integrantes utilizan el grabado, por ser una técnica que permite reproducir y distribuir imágenes, para llevar sus mensajes más allá de las paredes de una galería. Porque, a diferencia de una obra para coleccionista, puede multiplicarse y convertirse en un instrumento de movilización.

Otros reflejan en sus litografías y serigrafías una evolución reciente. Sus obras no son solo expresiones estéticas. Son testimonios de familias separadas por fronteras, de comunidades que se niegan a desaparecer y de una generación de creadores que considera que guardar silencio tiene consecuencias políticas.

Las personas recorren los pasillos donde se exhiben las obras. | Foto: Diego Salcedo

Derretir al ICE

Ricardo Xavier Serment, un artista nacido en Chicago de padres originarios de San Luis Potosí, encontró inspiración en la mitología mexica para crear, junto con un grupo de los miembros del Gráfico de Chicago, uno de los murales en blanco y negro más contundentes de la exposición colectiva, la “Xiuhcóatl de Resistencia”, linóleo sobre papel Kitakata.

Su obra recupera la figura del Xiuhcóatl, la “Serpiente de Fuego” usada como un arma divina por Huitzilopochtli, el dios del sol y la guerra. Pero en su interpretación contemporánea, el fuego de la serpiente tiene otro adversario: el hielo, una referencia deliberada a las siglas de ICE, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.

La obra está dominada por una figura serpenteante de inspiración prehispánica, cuyo cuerpo entrelaza patrones geométricos, rostros, escenas comunitarias y símbolos ancestrales. En su interior aparecen referencias a la lucha por los derechos de los inmigrantes, la separación de familias, las madres migrantes y las protestas contra las deportaciones.

“Tenemos que derretir el ICE”, explica el artista, cuya obra transforma un símbolo ancestral en una metáfora de resistencia frente a las políticas migratorias.

Para Ricardo, la situación política y migratoria de la segunda era Trump ha modificado incluso su lenguaje artístico. Sus imágenes se han vuelto más directas, menos ambiguas y deliberadamente accesibles.

“Mi arte ha evolucionado, estoy siendo más directo con mis figuras, con mis imágenes para que se entienda claramente”, explica. Su intención es que cualquier persona, independientemente de si tiene o no una formación artística, pueda reconocerlo. “No hay que perder las esperanzas, hay que movilizarnos, hay que manifestarnos”.
La exposición reúne obras de artistas latinos que abordan la migración, la identidad y la resistencia cultural en Chicago. | Foto: Diego Salcedo

Alex, la inmigrante que vuela hacia la luz

Para Alex Velázquez Brightbill, quien llegó a Chicago desde Ciudad Nezahualcóyotl cuando tenía apenas diez años, la resistencia tiene otros colores y una dimensión profundamente personal. Formada en pintura y artes plásticas, descubrió el grabado hace 12 años. Desde entonces, esta técnica se convirtió en uno de sus principales medios de expresión.

Una de sus litografías, titulada A Healing City (Una ciudad que sana), representa a las madres inmigrantes y a Chicago como un espacio de protección. La obra refleja su propia experiencia como inmigrante, madre y artista que ha construido su vida en Estados Unidos.

Pero quizás la imagen más reveladora de su visión sea la de una polilla que vuela en la oscuridad buscando la luz. Mientras muchos artistas utilizan la mariposa monarca como símbolo de la migración, Velázquez prefiere la polilla.

“Estamos en la oscuridad, pero a la vez estamos volando hacia la esperanza, que es la luz”, explica en entrevista,

Para ella, la respuesta al endurecimiento migratorio no puede limitarse a la indignación.

“Con amor y con esperanza, escuchar, estar juntos todos en comunidad”, responde cuando se le pregunta cómo se expresa la resistencia en su trabajo.

Las políticas de Trump, reconoce, han reforzado su determinación de contar su propia historia y reivindicar abiertamente su identidad inmigrante. También considera que los artistas tienen una responsabilidad que trasciende la creación de imágenes.

“Tenemos también esa responsabilidad de educar”, sostiene, destacando el poder del grabado para reproducir mensajes y hacerlos circular entre la población.
Eric Gasca observa una pieza de la exposición colectiva Tinta Ardiente, en Chicago. | Foto: Diego Salcedo

Un arte que no se vende: se comparte

La historia de otro integrante del movimiento muestra hasta qué punto la migración y la política pueden marcar la trayectoria de un artista. Nacido en Nicaragua, Carlos Barbeerra tuvo que abandonar su país durante la guerra civil y refugiarse primero en Costa Rica, antes de llegar a Estados Unidos.

Después de casi veinte años viviendo en Chicago, asegura que esa experiencia le ha permitido comprender las distintas dimensiones del desplazamiento humano. En 2021, creó un grabado relacionado con la lucha para cerrar el centro de detención migratoria del condado de McHenry, en Illinois.

La pandemia complicaba entonces las manifestaciones callejeras, por lo que encontró una alternativa: utilizar el arte como herramienta de protesta y educación. Creó el grabado de una niña con rasgos indígenas, con la leyenda en inglés “Abolish ICE” (Hay que abolir al ICE). Su decisión fue distribuir gratuitamente la imagen.

“Cualquiera que tuviera acceso a bajarla, imprimirla, podía distribuirla”, recuerda.

El resultado fue una obra concebida no para venderse, sino para circular por las calles y multiplicar un mensaje de solidaridad.

Carlos considera que las actuales circunstancias están obligando a muchos artistas a replantearse su papel en la sociedad. “Muchos artistas han empezado a darse cuenta de que el arte tiene un gran poder. Puedes educar gente, puedes ayudar a cambiar cosas”, afirma.
También advierte que algunas instituciones culturales tienen miedo de presentar obras de contenido político. Pero su posición es “sin la comunidad, un museo no existe”. Y rechaza la idea del artista como una figura aislada de los conflictos sociales. “Para mí se necesita trabajar con la comunidad, ayudarla y protegerla”.
Abolish ICE | Foto: Diego Sucedo

Las raíces que se niegan a desaparecer

Para Eric Gasca, nacido en Chicago de padres originarios de Guanajuato, México, la resistencia comienza con una pregunta sobre la identidad: ¿qué significa ser estadunidense sin renunciar a las raíces mexicanas?

Gasca creció entre dos lenguas y dos culturas. Durante su infancia, el español no siempre le resultó sencillo, pero con los años comprendió que conservarlo significaba preservar una parte esencial de su historia familiar.

Hoy incorpora referencias al náhuatl y a las tradiciones indígenas mexicanas en sus obras.

Le interesa recuperar elementos culturales que, según explica, durante generaciones estuvieron sometidos a intentos de borrar su presencia. Su trabajo tiene una dimensión íntima, pero también permite lecturas políticas.

“Mis obras tienen un significado personal para mí”, explica, aunque deja abierta la posibilidad de que el público encuentre sus propias experiencias en los colores y las imágenes.

Gasca sostiene que la resistencia cultural no comenzó con Trump ni desaparecerá cuando termine su presidencia. Las injusticias, recuerda, también existieron durante otros gobiernos como los de Joe Biden y Barack Obama.

Sin embargo, considera que las actuales circunstancias han amplificado la voz de los artistas y la necesidad de solidaridad. Su interpretación de la exposición colectiva gira alrededor de una imagen poderosa: un corazón que arde. Para él, ese fuego representa la pasión de una comunidad que se apoya, se protege y se mantiene unida incluso en los momentos más difíciles.

Una Ciudad que Sana, una obra de Alex Velázquez | Foto: Diego Saucedo

De las galerías a las urnas

La movilización artística ocurre a poco más de dos semanas de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, en las que estará en juego el control del Congreso y, con ello, la capacidad de los partidos para impulsar o frenar la agenda presidencial.

Para algunos integrantes del colectivo, la resistencia cultural también debe traducirse en participación ciudadana. Alex Velázquez considera que los artistas pueden ayudar a educar a la población sobre su responsabilidad cívica.

Carlos Barberena reconoce la importancia del voto, pero advierte que participar en una elección no basta para garantizar los cambios que necesita una comunidad.

Para estos artistas, ganar no significa necesariamente derrotar a un partido político o conquistar una elección. Significa conseguir que los inmigrantes sean reconocidos como seres humanos, que sus historias sean escuchadas y que sus comunidades puedan vivir sin miedo.

“Si simplemente votas por votar, no cambias nada, porque tienes que tener ese sentido también de mantener responsables a los políticos que escoges”, sostiene Carlos. “No solamente estamos para resistir, sino que también tenemos el derecho de ganar”.

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