• La última línea de defensa: iglesia de Minnesota protege y alimenta a familias que huyen del ICE

  • Los fieles de este centro de culto son en su mayoría mexicanos, y todos hispanohablantes.
Minneapolis, Minnesota /

La nieve había pintado completamente de blanco el césped alrededor de la iglesia, mientras tanto, filas de autos y decenas de personas, blancas, estadunidenses en su mayoría, suben frenéticamente bolsas y cajas con víveres a las cajuelas de los autos.

El frío es entumecedor, pero la gente en Minneapolis y sus alrededores está acostumbrada. Con guantes, botas, gorros y hasta cuatro capas de ropa, se preparan para conducir por el estado para distribuir víveres a familias que se ocultan en sus hogares para evitar ser arrestados por la Patrulla Fronteriza o el Servicio de Migración y Aduanas (ICE).

La convocatoria la hizo la iglesia evangélica La Viña Burnsville, a las afueras de Minneapolis. Se trata del ala hispana de la iglesia estadunidense Vineyard, con presencia en varios estados de los Estados Unidos. Conformada por una congregación completamente hispanohablante, la mayoría de sus fieles son mexicanos, cerca de un 75 por ciento de acuerdo con la iglesia.

Miguel Avilés, el pastor principal de La viña, un hombre de mediana estatura, sin cabello y carismático, encabeza un proyecto que lleva varios años con el que entregan despensas a personas en necesidad. Hasta antes de la incursión de la migra en Minneapolis, Santi Paul y otras ciudades de Minnesota, ayudaba a unas 360 familias por semana. Ahora, con cientos de familias escondidas en sus hogares, apoya a entre mil 500 y dos mil.

Sentado en su oficina, mientras afuera varios voluntarios, casi todos estadunidenses, se registran para recoger y entregar pedidos humanitarios, Avilés reconoce el estado de terror en el que viven las personas en situación de movilidad:

“Tienen mucho temor, las familias hispanas tienen mucho temor por lo que está pasando, ellos tienen hasta desconfianza de salir a los pasillos de los edificios de departamentos porque migración ha entrado a las salas, a los pasillos, ha entrado a tocar las puertas”, comentó.

El hombre es un migrante él mismo. Con 16 años salió de Michoacán, México, con rumbo a Chicago, Illinois. Estuvo cerca de 14 años antes de sentir un llamado espiritual hacia Minnesota, donde fundó la división hispana de la iglesia Vineyard, La Viña. Ya llevaba algunos años sirviendo a Dios, pero en Burnsville enfrentaría uno de los mayores retos, y que como migrante, le atravesarían: la escalada del presidente Donald Trump contra la migración en ciudades abiertamente demócratas.

Su convocatoria a través de la iglesia ha despegado meteóricamente. Lunes, martes y sábado cientos de personas acuden al llamado para distribuir, en total en los tres días, víveres a mil 500 o hasta 2 mil familias de migrantes. Y es que el agua está llegando al cuello de muchas familias: sin salir a trabajar o a la escuela, no pueden comprar comida o víveres, y también comienzan a vencer rentas atrasadas.

Aunque no ha sido fácil, madres, padres, hijos e hijas, han comenzado a desconfiar de todo mundo. Solo a través de la iglesia han abierto sus puertas para recibir ayuda, que ahora también incluye un apoyo mensual de 800 dólares para que puedan completar el pago de sus rentas.

“Como no tienen confianza con nadie, cuando saben que hay una iglesia hispana latina que ha estado ahí por 13 años, casi 14 años, eso les da un poco de confianza, así sea un americano el que les lleva la comida, pero saben que van de parte de La Viña”, relata.

Carla Ortiz, líder de la división juvenil de la iglesia, también ha experimentado personalmente el terror de su comunidad: “decían tengo mucho miedo de que mi papá salga a trabajar, tengo mucho miedo de ir a la escuela, tengo miedo de ir a la escuela y volver y no ver a mi papá, era mucho temor”, cuenta a MILENIO, “las preocupaciones siempre van a ser, que siempre sea el bienestar de la iglesia, de las personas, del prójimo en general, se congreguen aquí o no se congreguen aquí”.

Así, Carla reconoce que el juego tiene dos nombres: permanecer y resistir.

“Son muchos padres de familia o madres de familia que se quedaron sin el esposo y no tienen el recurso para la comunidad de sus hijos”, cuenta Carla.

El pastor Miguel Avilés, por su parte, un entusiasta de la relación personal entre el hombre y Dios, ha confiado que la persecución de migrantes ha afectado a su congregación: cerca de 10 personas, madres y padres, han sido detenidas para ser sometidas a procesos de deportación.

“Cuando estamos en medio de una distribución tratando de entregar de 1500 a dos mil órdenes a domicilio y recibes una llamada o un texto donde te dicen que alguien de tu comunidad, de tu propia iglesia, alguien que consideras como familia, aunque somos hermanos en cristo, y que avisan que el papá o la mamá fue arrestado, han habido momentos donde te tiemblan las piernas y quieres meterte a un cuarto y quieres cerrar la distribución del día”, cuenta el pastor, conmovido.

Los protocolos poco claros de la Patrulla Fronteriza y de ICE han generado un temor generalizado entre la comunidad latina, no necesariamente migrante o sin documentos legales de estadía. Las agencias migratorias, cuenta, han puesto blancos en las espaldas de las personas por ser morenas. A inicios de enero, cuando comenzaban el proyecto de entrega de víveres, un hombre, residente legal estadunidense, fue arrestado frente a sus dos hijos cuando ayudaba a distribuir comida y despensas a otras personas.

“Los choferes, muchos son americanos, pero uno que otro es hispano, me los van a arrestar también siendo residentes o quizá ciudadanos americanos, ¿Simplemente porque tienen la piel oscura?”, concluye el pastor líder de La Viña Burnsville.

Reportes indican que varios agentes de la Patrulla Fronteriza abandonaron Minneapolis, sin embargo, el zar fronterizo de la Casa Blanca, Tom Homan, llegó en su lugar, por lo que la amenaza contra los migrantes sigue latente. Diario, asegura Avilés, recibe entre 200 y 300 llamadas de ayuda. Por comida, dinero, abogados, para apoyo de movilidad o solo por apoyo espiritual. Y es que el juego sigue siendo el mismo: permanecer y resistir.

SNGZ

  • Ángel Hernández
  • Reportero en Milenio desde hace seis años. Cuento historias sobre crimen organizado, narcotráfico, lavado de dinero, trata de personas y lo que quepa entremedio. Cubrí el juicio a Genaro García Luna y el Menchito; los casos contra El Mayo Zambada, Los Zetas, Rafael Caro Quintero, Naasón Joaquín García, y lo que falta. Estudié periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

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