M+.- A dos años de los ataques de Hezbolá, este poblado fronterizo con Líbano intenta recuperar su ritmo, con calles en reparación y viviendas aún marcadas por impactos de misiles.
El gobierno israelí avanza en la rehabilitación de 450 de las 650 casas donde habitaban 2 mil 200 personas; estiman que al menos mil regresen cuando concluyan los trabajos.
“Ese es Gustavo, vino como voluntario el 1 de enero, se jubiló y ahora ayuda todos los días”, relató a MILENIO Rami Ravinovich, al señalar a uno de los civiles que participa en la reconstrucción.
Gustavo permanece cinco días en Metula y dos regresa a su comunidad en el sur de Israel. Con maquinaria, reparan el pavimento, que primero fue rellenado por los cráteres que dejaron los ataques.
Las huellas del conflicto siguen visibles: viviendas con impactos directos, parques con vidrios blindados y calles donde el silencio solo se rompe con ecos lejanos de explosiones.
“Esta casa recibió cuatro misiles en una hora”, explicó Ravinovich, mientras señalaba poblados del sur de Líbano que, aseguró, quedaron deshabitados tras los bombardeos.
La vivienda permanece vacía y será demolida para su reconstrucción. Sus propietarios podrían volver; de lo contrario, sería arrendada, como ocurrió con muchas casas tras los ataques registrados en 2024.
En el único parque público, jóvenes se reúnen en zonas protegidas con estructuras reforzadas. Ahí realizan actividades bajo resguardo ante posibles ataques.
“Se normalizó la situación… del otro lado hay francotiradores y cohetes antitanques, pero aquí seguimos”, agregó.
En la zona, reservistas del ejército israelí patrullan sin detenerse ante la prensa, a lo largo de la línea fronteriza marcada por bloques de concreto de gran altura colocados como barrera.
A un costado, destaca un hemiciclo donde ondean banderas de Israel y Líbano, vestigio de una etapa en la que, entre 1970 y 2000, existió un paso controlado que permitió el tránsito de civiles libaneses para trabajo, atención médica y comercio.
En un viñedo cercano, Ariel, gerente y enólogo, explicó que incendios provocados por los misiles destruyeron cerca del 30% de la producción, equivalente a unas 150 hectáreas.
“Cualquier chispa genera incendios, así perdimos parte importante del cultivo”, señaló.
Las bodas y eventos quedaron suspendidos. En su lugar, bloques de concreto refuerzan los espacios abiertos como medida preventiva.
Metula resiste entre la reconstrucción y la amenaza constante, donde el sonido de la guerra aún forma parte de la rutina diaria.
EHR