Del Marriott a las aguas del Hudson: el testimonio inédito de la economista mexicana que sobrevivió al 9/11

A un cuarto de siglo del ataque contra las Torres Gemelas en NY, la académica Laura Iturbide Galindo revive para MILENIO la angustiosa evacuación a oscuras desde el hotel donde ella se estaba hospedando.

Laura Iturbide Galindo, mostrando una revista de Nueva York durante la entrevista. | Foto: Ariel Ojeda
Ciudad de México. /
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M+-. Luego de 25 años, el recuerdo sigue inundando sus ojos... El estruendo, la sacudida en la habitación del piso 17 del Hotel Marriott, el miedo, el escape a oscuras, el ardor al respirar, el fuego amenazante, el humo, las heridas, los cuerpos inertes y sobre todo la muerte acechando en cada uno de sus pasos.

Laura Iturbide Galindo no tiene duda, está viva por gracia divina; ella lo llama un milagro.

Para recuperarse del trauma de haber sobrevivido a los atentados de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, tuvo que tomar terapia, pero no cualquiera, una especializada, como la de los soldados que han estado en el frente de batalla.

“Sin duda, soy una sobreviviente de guerra”, dijo a MILENIO.

Laura Iturbide es una economista que dedicó gran parte de su vida a la academia. Nueva York siempre fue una ciudad presente, desde que estudió la universidad en Ítaca, a unas cuatro horas de la Gran Manzana, hasta su carrera profesional. Por alguna u otra razón tenía que volver.

Uno de esos días fue el 11 de septiembre de 2001.

En realidad, la doctora llegó a la ciudad cuatro días antes, el 7 de septiembre. El objetivo era participar en un encuentro de la Asociación Nacional de Economía Empresarial, al cual, confesó, no estaba muy animada para asistir, ya que apenas había regresado a México después de impartir unas conferencias en Taipei.

Pero una compañera de trabajo la convenció mostrándole imágenes del World Trade Center y sobre todo del The Tall Ships Bar & Grill, donde los financieros neoyorquinos solían tomar un trago después de una jornada laboral. Sitio que, sin saberlo, se convertiría en clave para salvar su vida.

“Vivo realmente por un milagro, por una misericordia divina, porque no era mi momento”, agregó.
La economista mexicana Laura Iturbide relata su huida del piso 17 del Hotel Marriott durante los atentados a las Torres Gemelas el 11/9. | Ariel Ojeda

El 11 de septiembre era el último día de actividades de la reunión de economistas que se llevaba a cabo en el complejo de las Torres Gemelas, donde además estaba hospedada. Ella y una compañera dormían en el piso 17 del Hotel Marriott, un edificio incrustado entre ambas estructuras gemelas.

Ese martes, decidieron no asistir al primer evento del congreso, pues se trataba sobre la reorganización de la mesa directiva de la asociación y no estaban interesadas en integrarla. Pero más tarde, querían escuchar la ponencia de Alan Greenspan, titular de la Reserva Federal de EU y participar en el evento estrella, ir al sótano de las Torres Gemelas a ver las reservas de oro y metales preciosos del New York Mercantile Exchange, para lo cual, por cierto, preparó su cámara fotográfica.

Pero ya nada de eso ocurrió.

El impacto y la decisión crucial en la habitación 17

En medio de una discusión con Eunice, la colega con quien compartía habitación para ver quién se bañaba primero, un estruendo la sacudió con la fuerza suficiente para tirarla al piso. El primer pensamiento fue un sismo, pero en Nueva York no tiembla, así que la incertidumbre y el miedo empezaron a invadirles.

La primera reacción fue ver por la ventana y solo parecían papelitos caer, “como cosas de oficina”, pero la señal de alarma fue darse cuenta de que había una especie de boquete en la torre norte. 

Su compañera llamó al lobby y la instrucción fue que permanecieran en la habitación. Pero la curiosidad pudo más. Eunice se acercó a la ventana y ya se sentía calor y percibió que escurría agua. La conclusión fue que había un incendio y tenían que salir de ahí.

Se vistieron, tomaron dinero, la cámara fotográfica que estaba lista para los eventos estrella del día y decidieron abrir la puerta para salir.

“Un chico venía en el corredor gritando, despavorido, que nos fuéramos. Varios de los vecinos abrieron las puertas sorprendidos, pero de pronto un megáfono con una voz muy fuerte nos dijo que nos quedáramos, que guardáramos la calma. Él hizo caso omiso y se fue”, contó.

Ellas cerraron la puerta y en menos de un minuto decidieron que también se irían. Por alguna razón, Eunice conocía bien las escaleras del complejo y para allá se enfilaron.

Tenían la certeza, como buenas chilangas, de que el elevador no era una opción en una situación así.

Ella y una compañera dormían en el piso 17 del Hotel Marriott. | Ariel Ojeda

Escape entre escombros y rescate en el río Hudson

Por delante tenían 17 pisos. Aquí inició la verdadera travesía donde la doctora Iturbide se enfrentó cara a cara con el miedo y la muerte. Y es que, a medida que bajaba, la temperatura de las escaleras iba en aumento y, lo peor, seguían sin saber qué ocurría. No le quedó más que despedirse mentalmente de sus personas amadas y afrontar la situación rezando por la ayuda de su madre fallecida.

Y así fue, lograron llegar a un salón antes del lobby donde encontraron una pareja. La mujer desconocida intentó abrir una puerta, pero no lo logró por completo y por ahí empezó a colarse humo negro y espeso. Buscaron otra salida y llegaron por fin a una recepción donde había un piano y donde además se conectaba a todo el complejo con el Metro y otros servicios.

Ya todo estaba oscuro. Caminando a tientas, subiendo, bajando y reconociendo algunos espacios.

“Ya el calor era insoportable, sofocante. Y el humo, pues, ¿quemanante, no? Respirar ardía”, señaló.

Fue así que por fin llegaron a la entrada del Tall Ships Bar, en el lobby del Marriott, sitio que daba hacia la calle. Por fin vieron luz del día otra vez.

Laura Iturbide Galindo no tiene duda, está viva por gracia divina; ella lo llama un milagro. | Ariel Ojeda.

Fue hasta ese momento que dimensionaron la magnitud del desastre: “Pensé que estaba en plena guerra”.

En todo el relato apenas han pasado 17 minutos y pareció una eternidad. Y por si fuera poco, ya en la calle, vieron el impacto del segundo avión en la otra torre.

“Viene atrás de mí un chico muy alto, probablemente mesero de uno de los restaurantes de la zona, con una charola; nos avienta sobre la puerta y él usa su charola como escudo. Lo cual creo también afortunado, porque imagínese la cantidad de vidrios que saltaron”.

Fue el momento de correr. En un arrebato de insensatez, la doctora tuvo la osadía de parar y tomar una fotografía con la cámara que registraría el oro del sótano de las torres y las charlas con el jefe de la Reserva Federal.

Después de todo el polvo y el material que voló, no les quedó más que escapar para salvar su vida; corrieron hasta que un barandal del río Hudson no les permitió seguir avanzando. Desde ese punto, la doctora y su amiga vieron caer las torres.

“Fue muy traumático porque ya había helicópteros tratando de rescatar a la gente que había huido hacia la azotea. Se los tragó el edificio y se vino para abajo. En ese momento, pues, salió todo lo imaginable y lo no imaginable: varillas, ventanas, puertas, todo se expulsó en una ola negra”.

Un barco de la Marina de EU se acercó, las rescató y las trasladó a Jersey, donde por fin se pusieron a salvo y pudieron comunicarse con su familia. Estaban vivas.

Ahí se dio cuenta de que tenía un ardor muy fuerte en la nuca, se había quemado buena parte del cuero cabelludo y se le estaba cayendo el pelo. Además, una herida a la altura del pecho que afortunadamente no fue grave.

En la revista, se observan retratadas las torres gemelas de Nueva York. | Foto: Ariel Ojeda

Memoria histórica y lecciones de vida

En la sala de su casa, la doctora Iturbide, jubilada desde 2023, recordó su aventura por Nueva York con la emoción a flor de piel.

Explicó que, sin exagerar, desde el primer impacto hasta que estuvo a salvo, su vida estuvo en verdadero peligro por lo menos en seis veces; por eso, a diario agradece a Dios la oportunidad de seguir viviendo.

“Mi esposo lo pone de esta manera y yo lo he adoptado; fueron: Decisiones inteligentes y la misericordia divina”.

Bajo esa fe se mantiene ocupada, viajando, trabajando y escribiendo artículos de opinión sobre la situación del país. Y haciendo una reflexión profunda de lo que vivió, dijo que ahora valora más a su familia, amigos, sobrinos y a la vida misma.

Por eso, muestra con orgullo la foto que alcanzó a tomar de las torres en llamas, en el momento más inoportuno. Fotografía que nunca había mostrado al público. Era como su secreto.

Y presumió también el folleto que contenía el programa del evento de economistas al que asistió, el cual los organizadores titularon “Nueva York en un minuto en medio de la incertidumbre económica”, que ella consideró ahora casi premonitorio:

“Me recuerda que la vida la tenemos prestada y que debemos dar lo mejor de nosotros mismos, siempre”.
La economista muestra con orgullo la foto que alcanzó a tomar de las torres en llamas. | Ariel Ojeda

  • Pedro Domínguez
  • pedro.fajardo@milenio.com
  • Reportero de MILENIO desde 2010. Viajo, leo y siempre quiero fumar menos. Hoy cubro Presidencia, mañana quién sabe.

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