M+.- Una abogada sudafricana con una larga trayectoria en la defensa de los derechos humanos —incluida su labor al frente de una comisión de la ONU que concluyó que Israel había cometido genocidio— ganó ayer el Premio Nobel de la Paz; esta decisión suscitó la condena de Israel y puso de relieve el profundo aislamiento del país en el escenario internacional.
La abogada, Navanethem Pillay —conocida como Navi—, ha trabajado durante décadas en cuestiones de derechos humanos, defendiendo a activistas contra el apartheid, como el expresidente y premio Nobel Nelson Mandela.
A lo largo de los años, ha desempeñado diversos cargos, entre ellos el de alta funcionaria de la ONU y jueza tanto en la Corte Penal Internacional como en el tribunal encargado de investigar el genocidio en Ruanda.
Sin embargo, fue la labor que la abogada realizó el año pasado en una comisión de la ONU sobre Israel lo que convirtió el anuncio del comité del Nobel del viernes en una decisión profundamente política, al situar el galardón en el centro de una de las cuestiones más polémicas del mundo.
Dicha comisión afirmó que Israel estaba cometiendo genocidio contra los palestinos en Gaza, una conclusión que Israel rechazó.
“Si aplauden un poco más, tal vez comparta este premio con Trump”
Al anunciar el galardón, el Comité Nobel no mencionó explícitamente Gaza; en su lugar, destacó la larga trayectoria de Navi Pillay en el ámbito de los derechos humanos y aludió a un giro global hacia la “política de poder” que ha socavado el respeto por el derecho y la justicia.
El presidente del comité, Jorgen Watne Frydnes, calificó el premio como “un mensaje para aquellos que atacan” el derecho internacional.
Pillay, de 85 años, es “una de las juristas internacionales más respetadas de nuestro tiempo”, afirmó el comité, señalando que ha desempeñado un papel fundamental para garantizar que se procesen los crímenes de guerra, los crímenes de lesa humanidad y el genocidio.
La oficina del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, criticó duramente al comité en un comunicado, calificando a sus miembros de estar equivocados y afirmando que la institución había “perdido su brújula moral”. Asimismo, condenó la labor de Pillay, acusándola de albergar prejuicios contra los judíos.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel fue más allá y calificó la decisión del Nobel como una “instrumentalización grotesca de un galardón para legitimar el odio y los prejuicios contra Israel”.
Tras conocer que había sido galardonada, la abogada Pillay —que intervenía en una conferencia de abogados especializados en derechos humanos en Núremberg, Alemania— declaró que, a lo largo de su carrera, siempre había procurado ceñirse exclusivamente a la ley y a los hechos, al margen de la política.
“¿Por qué haría falta valentía para decir la verdad? —se preguntó—. Uno interpreta la ley y examina todos los hechos. Por tanto, se trata de una toma de decisiones imparcial”.
Sin embargo, su labor en relación con Israel y Gaza fue “una parte importante de los motivos por los que recibió el galardón”, declaró a la prensa Jorgen Watne Frydnes, presidente del Comité Nobel.
El presidente Trump, firme defensor de Israel y quien ha aspirado abiertamente a ganar él mismo el Premio Nobel de la Paz, no se pronunció de inmediato sobre el premio otorgado el viernes. No obstante, compartió una publicación en su plataforma de redes sociales en la que calificaba a Navi Pillay de “detractora declarada de Estados Unidos e Israel” y afirmaba que era Trump quien merecía el galardón.
Tras recibir la noticia durante la conferencia en Núremberg, Pillay fue ovacionada por más de un centenar de asistentes, según mostraba un video publicado por la directora de Amnistía Internacional, Agnès Callamard.
“Si aplauden un poco más, tal vez comparta este premio con Trump”, bromeó Navi Pillay, al parecer en referencia a la ganadora del año anterior, María Corina Machado —líder de la oposición venezolana—, quien entregó su medalla al presidente estadunidense en enero.
En una breve rueda de prensa, Pillay reflexionó sobre cómo “quizás estaba destinado” que recibiera la noticia en Núremberg, ciudad cuyos célebres juicios de posguerra contra los líderes nazis sentaron las bases del sistema moderno de justicia internacional.
“Vivimos una época en la que el derecho internacional y los derechos humanos sufren importantes ataques políticos”, afirmó.
Tales intentos, señaló, resultan “especialmente visibles en los ataques contra la Corte Penal Internacional”, institución que la administración de Trump ha prometido desmantelar “ladrillo a ladrillo”.
Por los derechos humanos
Nacida en el seno de una familia de origen tamil indio —hija de un conductor de autobús y una ama de casa—, Navi Pillay fue una de los siete hijos que crecieron en la pobreza en la ciudad de Durban, en la costa oriental de Sudáfrica. Creció en una ciudad segregada y asistió a una escuela para sudafricanos de origen indio.
Según relató, durante su adolescencia vivió las injusticias cotidianas del apartheid y fue testigo de la violenta represión ejercida por las fuerzas policiales y grupos de vigilantes contra los manifestantes negros sudafricanos y quienes los apoyaban.
“El gobierno era opresivo, las leyes eran opresivas y los tribunales colaboraban con dichas leyes —afirmó en un video publicado por la Corte Penal Internacional en 2017 —. No teníamos recursos legales a nuestro alcance y, a mis 15 años, deseaba poder apelar a un sistema jurídico superior, a una institución de mayor rango, para que nosotros, las víctimas, pudiéramos obtener justicia”.
Navanethem Pillay cursó estudios de Derecho y posteriormente defendió a activistas contra el apartheid que habían sido encarcelados —entre ellos Nelson Mandela—; muchos de ellos enfrentaban cargos por terrorismo y estaban bajo vigilancia.
Tras el fin del apartheid, fue nombrada jueza del Tribunal Superior de Sudáfrica, donde abogó por la igualdad y los derechos de las mujeres.
Poco después, comenzó a intervenir en crisis internacionales relacionadas con los derechos humanos. En 1995, Nelson Mandela —entonces presidente de Sudáfrica— la nombró jueza del Tribunal Penal Internacional para Ruanda.
Pillay es la quinta persona sudafricana en recibir el premio de la paz, tras Mandela, el activista Albert Luthuli, el expresidente F.W. de Klerk y Desmond Tutu, el clérigo que contribuyó a acabar con el apartheid.
Una de las contribuciones de Pillay al derecho internacional fue su labor pionera al abordar la gravedad de la violencia sexual durante el conflicto de Ruanda. En un juicio ante el tribunal, impulsó desde el estrado la definición de la violación de mujeres y niños como un arma de guerra.
En 1998, cuando el tribunal declaró culpable de genocidio a un exalcalde ruandés, fue la primera vez que se definió la violación como parte de un genocidio. Desde entonces, la violencia sexual se ha incorporado al derecho internacional como posible crimen de guerra, crimen de lesa humanidad o acto de genocidio.
Dos décadas más tarde, en 2019, Navi Pillay ejerció como jueza ad hoc en la Corte Internacional de Justicia en un caso en el que se acusaba a Myanmar de genocidio contra la minoría musulmana rohinyá. El gobierno de Myanmar ha negado la acusación, calificando la campaña de “operaciones de limpieza”.
Aunque su labor trascendió las fronteras de Sudáfrica, siguió siendo una voz destacada en defensa de los derechos humanos en el país; alzó la voz contra la violencia xenófoba que estalló en Durban en 2015 y criticó al gobierno sudafricano por haber considerado retirarse de la Corte Penal Internacional (CPI) en 2016.
La elección de este año es la más reciente de una serie de decisiones del Comité Nobel noruego que han tenido un peso político significativo.
En 2024, el comité galardonó a Nihon Hidankyo, una organización japonesa que representa a los supervivientes de las bombas atómicas, muchos de los cuales han hecho campaña a favor del desarme nuclear. En 2023, el premio recayó en Narges Mohammadi, la activista de derechos humanos más destacada de Irán.
CQ